Los terroristas de Hamás han felicitado efusivamente a Pedro Sánchez por su anuncio de reconocer al Estado palestino. Los asesinos y violadores de niños y mujeres, los autores de la mayor matanza judía desde el Holocausto han encontrado un aliado en el presidente del Gobierno español. La operación política no servirá de nada y será un fracaso diplomático, pues sólo Irlanda y Noruega han seguido los pasos del líder del PSOE. También, porque las principales democracias occidentales, con Estados Unidos a la cabeza, rechazan esta precipitada y unilateral decisión. Pues se trata, además, de una gestión que debería producirse en la ONU, no en el ridículo “tour” internacional que ha organizado el presidente español en beneficio propio, para lucirse como un defensor de los derechos humanos. Pero tanto los terroristas de Hamás como el mandatario español aprovecharán la noticia para su propia propaganda.
El pasado 15 de octubre, El Imparcial ya defendió en esta sección que “Israel tiene derecho a existir. Palestina, también. No se puede confundir al pueblo palestino con los terroristas de Hamás, como hacen los radicales de izquierdas. Su sempiterno odio a los judíos distorsiona la realidad. Y la realidad es que unos asesinos organizados y entrenados por Irán han entrado a sangre y fuego en Israel, han degollado a bebés, han asesinado a familias enteras, han secuestrado y matado a civiles y han destrozado edificios”.
Para reconocer el Estado palestino, pues, era imprescindible que antes se produjera la liberación de los rehenes y el alto el fuego en la franja de Gaza. Hacerlo ahora, en plena guerra, supone una torpeza. Más aún, cuando Hamás mantiene secuestrados a incontables israelíes a los que tortura y asesina sistemáticamente. Ahora, además, cuando el antisemitismo está extendiéndose en medio mundo con múltiples manifestaciones y atizado por la izquierda más radical.
Pero en su huída hacia delante, Pedro Sánchez no es consciente de su nuevo error diplomático. Pues supone insultar a Israel, el único país democrático de la zona, aliado de los Estados Unidos y de todas las potencias occidentales. Las consecuencias de esta maniobra pueden ser nefastas para España.
Se trata, en fin, de una nueva operación propagandística de Pedro Sánchez, que sólo busca tapar sus escándalos con estas triquiñuelas. Como acaba de hacer con Javier Milei al convertir una bronca personal en un asunto de Estado para intentar tapar las acusaciones de tráfico de influencias de su mujer. Y, de paso, el presidente del Gobierno encara así las elecciones europeas. Como defensor de los derechos humanos en el mundo ante “el genocidio de Israel” y como baluarte de la democracia al enfrentarse al "ultraderechista" Javier Milei.