Afganistán o la incoherencia como estrategia
miércoles 12 de noviembre de 2008, 22:29h
La ministra de Defensa, Carme Chacón, nos ha sorprendido a todos al afirmar en acto público que la presencia de tropas españolas en aquel remoto país de Asia Central se debe a que "quienes han arrancado la vida de nuestros compañeros no sólo amenazan al pueblo afgano, amenazan la libertad y amenazan la seguridad de todos, también de nuestras familias, también de las familias españolas". Como ayer recordaba José Antonio Sentís, no por ser verdad lo dicho deja de ser novedad, por entrar en contradicción con el discurso oficial del gobierno Zapatero desde hace ya casi cinco años.
Se nos ha repetido hasta la saciedad que el contingente español destinado en Afganistán realizaba una misión humanitaria en el marco de una operación de Naciones Unidas. Muchos hemos insistido, también hasta la saciedad, que no era verdad. Que la misión no era de Naciones Unidas, sino de la OTAN. Que fuera o no humanitaria, el teatro de operaciones era el propio de una guerra de baja intensidad, con continuos ataques y emboscadas. Al final la ministra ha reconocido lo obvio, pero no sabemos porqué.
¿Estamos ante un cambio de estrategia de comunicación o es que Carme Chacón, en un momento de tensión, ha dicho lo que sabía y sentía pero no lo que debía? Es posible que Zapatero, ante la llegada de Obama, haya considerado modificar el discurso. No es lo mismo decir no al malvado Bush que al beatífico Obama. Después de elevarlo a los altares de la progresía, no es fácil negar el núcleo de su posición. Pero Obama no está diciendo nada que no adelantara Bush. De hecho, quien está fijando la estrategia en Afganistán es quien antes lo hizo en Iraq: el general Petraeus. Bien está que, aunque sea por oportunismo político, el Gobierno reconozca lo obvio: que en Afganistán se está librando una guerra en la que están en juego tanto nuestras libertades como nuestra seguridad.
Si el Gobierno hace suyas las declaraciones de la ministra Chacón no sólo entra en contradicción con la posición hasta ahora defendida. Sobre todo entra en contradicción con los objetivos de la misión. Si los talibán son nuestro enemigo ¿Por qué no les perseguimos? Si es una zona en conflicto ¿Por qué hemos enviado a nuestros hombres con un equipamiento inapropiado? En fin ¿Por qué siendo la realidad la que finalmente reconocen que es nos han estado engañando con la monserga de la misión humanitaria?
No le va a resultar fácil a Zapatero dar la vuelta a las declaraciones de Chacón ni sortear las presiones de Obama o de la propia OTAN. La misión española no está garantizando la seguridad de las poblaciones de su área geográfica porque las instrucciones que reciben desde Madrid son incoherentes. Los talibán están avanzando en nuestra zona de influencia porque el Gobierno quiere evitar situaciones de riesgo. Pero, precisamente por eso, se están haciendo fuertes y sus acciones más frecuentes y letales. La seguridad de nuestros hombres y de las poblaciones bajo nuestra protección depende de que se busque y elimine los núcleos talibán. Esto es una obviedad, pero también un serio problema político para Zapatero.
El PSOE postsocialista y progre de nuestros días ha apostado por el pacifismo más elemental. Para ellos el uso de la fuerza es condenable por principio. Los ejércitos sólo tienen sentido si son reconvertidos en ONGs, como reconoció Bono. Si ahora Zapatero tratara de revisar estas posiciones para mejorar su posición internacional pondría en peligro unas bolsas de voto radical que hasta la fecha le han sido vitales.
Según pasa el tiempo el Gobierno se va ahogando en sus propias contradicciones, resultado de una política que no está asentada en la defensa de los intereses nacionales sino en tácticas electorales y en prejuicios ideológicos.
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Profesor
FLORENTINO PORTERO es analista del Grupo de Estudios Estratégicos, responsable del Área de Política Exterior y de Seguridad española
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