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TRIBUNA

El declive del ateísmo

José María Méndez
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axiologiatelefonicanet/9/9/20
martes 28 de mayo de 2024, 19:59h

Con este título ha publicado Ignacio Sánchez Cámara un importante artículo en El Debate con fecha 19 mayo 2014. La entradilla resume bien la opinión del autor. Tal vez sea algo precipitado afirmar, sin más, que la ciencia ha demostrado la existencia de Dios, pero sí se pueden extraer de ella algunas consecuencias favorables al teísmo y al espiritualismo”.

Es un hecho que se ha alcanzado un consenso casi unánime entre los científicos respecto al Big Bang. Nuestro mundo tuvo un principio y con él empezó nuestro tiempo. Incluso algunos han postulado el llamado principio antrópico. Antes de existir el ser humano ocurrió la aparición de la vida. La precisión del Big Bang fue tan exacta, que la más mínima desviación hubiera hecho imposible que la vida surgiese en el planeta Tierra. O dicho en positivo. Todo estuvo calculado con asombrosa precisión para que en un momento dado pudieran darse en nuestro planeta las 10 elevado a 40.000 circunstancias necesarias para que se diese la vida (Robert Shapiro. “Orígenes”. Salvat Ed. 1994, pag. 119). Presuponer que se haya producido de la nada, por puro azar, es casi imposible, dice cautamente Sánchez Cámara.

Llama poderosamente la atención que el artículo no mencione siquiera el hecho formidable de la formalización de la lógica por Frege y Peano, que ha permitido construir nuestros ordenadores y la revolución informática que estamos viviendo, y los más mayores sufriendo. Sin embargo, la lógica formalizada permite pisar mucho más fuerte que lo hace Sánchez Cámara en su artículo

En primer lugar, hay que observar que la ciencia de físicos y cosmólogos, por muy impresionantes que sean sus avances, no puede demostrar que Dios existe, y menos aún que no existe. La ciencia tiene sus limitaciones. No explica todo. Cuando tropieza con lo que no puede explicar, apela a palabras sin correlato real como azar o indeterminación. Pero el principio de Heisenberg es definitivamente negativo. Señala una frontera que la ciencia jamás traspasará. Azar, suerte, chiripa o casualidad no denotan algo existente. Sólo designan el vacío de nuestra irremediable ignorancia. Nunca agradeceremos suficientemente a Popper que insistiera tanto en que las teorías científicas son siempre falsables, y si no son falsables, tampoco son científicas.

La reciente lógica formalizada establece que todo lo que existe tiene su correlato lógico. Otra cosa es que tal correlato lógico esté o no al alcance del entendimiento humano. No hay más que tres géneros supremos del ser: necesario, posible e imposible. Y no hay más que tres tipos de fórmulas lógicas: valideces, consistencias y contradicciones. Y surge así la fundamental correspondencia entre los tres conceptos del Esse y los tres del Logos. No queda resquicio alguno para lo fortuito o lo aleatorio. Explicar algo por el azar no es casi imposible, como tímidamente se atreve a decir Sánchez Cámara. Es literalmente imposible.

La lógica formalizada nos permite pisar más fuerte que Sánchez Cámara, y en general los intelectuales creyentes. ¿Que había antes del Big Bang? La palabra antes

no hay que entenderla aquí en sentido temporal. Hablamos de la precedencia lógica que observamos en la frase si el coche no tiene gasolina, no anda. La condición sine qua non de tener gasolina precede en lógica a que el coche arranque al girar la llave de contacto. Respecto al tiempo, estos dos hechos son más bien simultáneos que sucesivos. Pero en lógica lo condicionante precede obviamente a lo condicionado. Y éste el sentido que damos aquí a la palabra antes.

La respuesta a la anterior pregunta es fácil. Antes del Big Bang existía la posibilidad lógica de que nuestro mundo existiese. De de no darse tal posibilidad, no estaríamos nosotros ahora aquí. De acuerdo con la triple correspondencia entre Esse y Logos, tiene que existir una inmensa fórmula consistente, que sea el correlato lógico de nuestro mundo. Llamémosla consistenciaCOSMOS. Por supuesto desborda las capacidades de la inteligencia humana. Nuestros cálculos matemáticos por potentes que sean, apenas arañan su corteza.

Pero no nos vayamos por las ramas. Lo importante ahora es que, si existe lo posible, también existen lo necesario y lo imposible. Y entre estos tres conceptos del Esse se aprecian las seis igualdades lógicas que siguen.

Si ponemos un negador delante de imposible o de posible, obtenemos la primera igualdad: -no posible hacerlo = imposible hacerlo-. Y también la segunda: -no imposible hacerlo = posible hacerlo-.

Si ponemos un negador detrás de imposible o de necesario, obtenemos la tercera: -imposible no hacerlo = necesario hacerlo- y también la cuarta: -necesario no hacerlo = imposible hacerlo-.

Las dos igualdades que faltan vienen de poner el negador delante y detrás de posible y de necesario. Quinta igualdad: -no posible no hacerlo = necesario hacerlo. Y sexta: -no necesario no hacerlo = posible hacerlo-.

El lector es invitado a cerciorarse por sí mismo de que tiene que agachar la cabeza ante estas seis verdades, tanto si cree que Dios existe como si está convencido de que no existe. Y debe admitir igualmente que dos y dos son cuatro es una verdad secundaria y de mucha menos categoría. Empezó a tener sentido sólo a partir del Big Bang, cuando al menos hubo cuatro entes individuales y numerables.

Las mencionadas seis verdades absolutas anteriores no son mencionadas siquiera por Sánchez Cámara. Ignoro si las desconoce, o simplemente no ha caído en la cuenta de la trascendencia que tienen. Pero si alguien las negase, estaría afirmando que antes del Big Bang no existía la consistenciaCOSMOS arriba citada, dentro de la cual va incluido su propio cuerpo viviente, y posiblemente sano como le deseo.

Si el lector es intelectualmente honrado, tendrá que preguntarse en qué puede consistir lo necesario, que es inseparable en lógica de lo posible y lo imposible. He empleado la palabra hacerlo, para facilitar la comprensión. Pero la palabra exacta es existe. Y la expresión necesariamente existe nos suena más familiar que necesario existe, aunque se exprese lo mismo.

En todo caso, lo decisivo es esto: el moderno cálculo lógico ha ha convertido en prueba definitiva el viejo y famoso argumento a priori de San Anselmo. Sobran las cinco vías de Santo Tomás, el argumento moral de Kant y las explicaciones que pudiera dar la ciencia. No podríamos siquiera pensar o hablar, si no respetásemos las leyes lógicas, incluidas las seis igualdades antes citadas. Si el pensamiento se trasmite

con fidelidad de una mente a otra, eso basta para estar absolutamente seguros de que Dios existe. Dios es lo necesario como nosotros somos lo posible, y lo imposible no puede siquiera existir.

La formalización de la lógica ha generado la tremenda revolución digital que estamos viviendo. Pero no sólo en el aspecto práctico, el cálculo lógico ha alterado radicalmente nuestras costumbres. También en el aspecto teórico asistimos a un cambio copernicano de nuestras ideas más básicas. Se terminó el complejo de superioridad de la ciencia, que creía tener la última palabra sobre la existencia o no de Dios. Y debiera acabarse también el completo de inferioridad de los intelectuales creyentes, que se aprecia bien en el artículo de Sánchez Cámara.

Como emblema de la arrogancia o chulería de la ciencia, puede servir el libro de Jacques Monod, El azar y la necesidad, que tanto revuelo causó en su tiempo. Ni el azar existe, ni la selección natural a la que se refiere Monod es necesaria. Pudo ser de otra manera, como la constante gravitatoria de nuestro mundo pudo ser mayor o menor de lo que es. Dos sendas falacias en el pretencioso y breve título.

Como el morboso conflicto Milei-Sánchez es de máxima actualidad, no me resisto a la tentación de usarlo para expresar de otra manera lo anterior. Aunque en otro terreno, Sánchez se parece a Monod en chulería y arrogancia. Por eso le ha venido tan bien la bofetada propinada por Milei. Detesto toda arrogancia, tanto en políticos como en intelectuales. Con todo, la bofetada de Milei me ha parecido tan valiente, oportuna y saludable como pudo ser la expulsión del Templo de los mercaderes por Jesús. En sí mismas, la chulería y la violencia son antivaliosas. Pero eso es compatible con que en unas determinadas circunstancias muy concretas su ejecución o realización pueda estar justificada.

El cálculo lógico de Frege y Peano puede ser visto como una oportuna y saludable bofetada, tanto a los ateos que desconocen las limitaciones de la ciencia como a los acomplejados creyentes que no atreven a sacar las obvias consecuencias de la formalización de la lógica. Mata dos pájaros de un tiro. Con un mismo golpe destruye tanto el ridículo complejo de superioridad de la ciencia atea como el lamentable complejo de inferioridad de los intelectuales creyentes.

En resumen, el modesto pienso, luego yo existo de Descartes ha ascendido a la muy superior categoría de pienso, luego Dios existe.

José María Méndez

Presidente de la Asociación Estudios de Axiología

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