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Memorias

Javier Lambán: Una emoción política

domingo 02 de junio de 2024, 23:27h
Actualizado el: 03 de junio de 2024, 11:48h
Javier Lambán: Una emoción política

La Esfera de los Libros. Madrid, 2024. 464 páginas. 24,90 €. Libro electrónico: 10,99 €.

Por Carmen R. Santos

El pasado 14 de mayo Javier Lambán (Ejea de los Caballeros, Zaragoza, 1957) podría haberse buscado una excusa -tiene numerosos graves problemas de salud y está recibiendo sesiones de quimioterapia- para no acudir al Senado y no verse obligado a votar la Ley de Amnistía. Pero el expresidente de Aragón prefirió ser valiente y honesto y certificar de esta manera su absoluto y contundente desacuerdo, expresado en varias ocasiones, con una medida orquestada por Pedro Sánchez con el único propósito de no desairar a sus socios independentistas de Junts, condenados por el procés, y que estos no le retiren su apoyo para mantenerse en el poder. Por siete votos, el presidente del Gobierno ha enterrado a Montesquieu y ha “olvidado” todas sus declaraciones en las que proclamaba taxativamente que la amnistía resulta anticonstitucional y que su Gobierno jamás la aceptaría.

Javier Lambán pertenece a un núcleo del PSOE para quienes su fiel militancia en el partido y su credo socialista no implica plegarse a la deriva de la formación, que se ha puesto al servicio no del PSOE ni de España, sino del sanchismo. Muchos destacados representantes de ese núcleo, que en su día tuvieron altas responsabilidades, acompañaron a Lambán en la presentación de sus memorias, tituladas Una emoción política. La postura de Lambán y la de significativas figuras como Felipe González, Alfonso Guerra, y Emiliano García-Page, entre otras, pone de relieve que, a pesar de la histeria desatada en el PSOE tras el esperpéntico episodio de la “reflexión” de Sánchez, hay grietas en el partido y no dejan de correr aguas turbulentas, aunque no todos tienen el coraje de Javier Lambán para llamar al pan, pan y al vino, vino.

En Una emoción política, su autor hace un repaso por su vida personal, profesional y política: su infancia y adolescencia; familia -con no poco de homenaje a sus padres-; estudios (de Bachillerato y universitarios, licenciándose y doctorándose en Historia); aficiones (fútbol, cine teatro, música, lectura…); juventud, con la marcha del domicilio familiar; la reactivación de su vocación política, hacia la que tuvo propensión desde la adolescencia y que concibe como un servicio a Aragón y a España; el desempeño de cargos de responsabilidad, como la presidencia de Aragón, su enfermedad… Una trayectoria en la que, como señala, hay una “conjunción de esfuerzo y suerte, de trabajo duro y azar”.

Junto a sus apreciaciones, incluidas, entre otras, las que vierte sobre asuntos candentes como el nacionalismo: “Es sencillo desmontar historiográficamente las atroces falsedades sobre las que los nacionalistas vascos y catalanes han construido su relato independentista, alegando singularidades nacionales que nunca han existido”, al que se refiere en varios momentos de la obra y en especial en el capítulo “El problema catalán hoy: Ortega (y no Azaña) tenía razón”. O polémicos como las leyes de Memoria Histórica y Democrática. Sin dejar de reconocer su legitimidad -en especial la exhumación y entierro digno de las víctimas del franquismo, “que sea técnicamente factible localizar en las cunetas”-, le preocupa mucho el uso que se hace de ellas para reabrir heridas, en detrimento de la Transición, que reivindica sin ambages: “Es un empeño patriótico restaurar el espíritu de la Transición: poner en valor la convivencia como bien político superior, recuperar el respeto y el reconocimiento mutuo entre la izquierda y la derecha y apostar por el consenso como único camino para afrontar las grandes cuestiones que tiene ante sí el país”.

Al igual que no cierra los ojos a la realidad, recordando los resultados de las elecciones de julio de 2023, y rechazando algunas interpretaciones de sus correligionarios que “nos estaban conduciendo a espejismos peligrosos”.

Asimismo, entre muchas otras cuestiones, llama la atención sobre el alarmante desafecto ciudadano hacia los políticos, rechaza el blanqueamiento de Bildu, y sin borrar su republicanismo azañista- el título de su libro está tomado de Azaña-, afirma: “Tengo una relación cordial y la mejor opinión de los Reyes de España […] Con Don Felipe, la jefatura del Estado está en muy buenas manos […] Por el bien de la España constitucional, espero y deseo que la monarquía perdure”.

El libro de Javier Lambán no es un desabrido ajuste de cuentas. Es una voz libre que defiende su derecho a opinar, mal que le pese a algunos. Proclama: “Milito en la socialdemocracia, por supuesto, pero milito ante todo en la Constitución, entre otras cosas porque, fuera del contexto de la democracia liberal sana y pujante que la Constitución preconiza, la socialdemocracia no tiene oxígeno para vivir”. Esperemos que Lambán no clame en el desierto, y que su testimonio y reflexiones les sirvan a los socialistas de bien de aviso para navegantes.

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