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TRIBUNA

Grosería

Juan José Vijuesca
miércoles 05 de junio de 2024, 20:03h

La deriva hacia la grosería se ha acentuado por parte de ciertos personajes políticos. A destacar, por el grosor del léxico empleado, a la vicepresidenta doña Yolanda Díaz, quien ha deseado mierda para todos a micrófono abierto en el Congreso. Tal encargo se lo ha dedicado a los ‘desiguales’ en ideología, o sea, a más de once millones de españoles entre bancadas de sus opositores. No queda otra que declinar tal invitación no asistiendo al reparto de estos dones tan generosos. No lo digo por la ‘excelencia’ del destino, que ya de por sí pone a prueba la clase alta de la gobernanza de este país, sino por aquello de los deseos tan poco aseados que se gastan nuestros representantes.

Por raro que pueda parecer, en el ambiente teatral se suele decir «mucha mierda», que es la forma que tienen los actores para desearse suerte antes de salir a escena o en vísperas del estreno de una obra. No es la expresión más refinada del mundo, pero es común dentro del orbe de la farándula. Al parecer la cosa se remonta a los siglos XVI y XVII, cuando las clases más adineradas acudían al teatro en coches de caballos. Cuanto mayor era la presencia de equinos, más grande era el número de espectadores y también el de excrementos, algo que auguraba una gran recaudación. O sea, a mayor cantidad de bostas, ingresos más generosos para el elenco escénico. Pero me temo que en el caso que nos ocupa la bienhechora vicepresidenta con su “iros a la mierda” trae causa de mal fario.

La cosa escatológica no es un tema menor y no por ello debemos reunirnos en voz baja cuando la lógica sale a relucir con el clásico “Caca, culo, pedo, pis” de toda la vida. Niños y niñas de corta edad, antes o después, pasan por esta tradicional dicción que atesora la parte más atávica de nuestro cuerpo humano. Sabido es de lo recóndito e incluso tenebroso que puede ser el capítulo en cuestión, más no por ello debemos dar por sentado que todo se aprende por simple grosería o fealdad del trato verbal y mucho menos cuando el ejemplo procede nada menos que de una Excelentísima señora del Gobierno.

Me preguntaba si en realidad las cosas cuando suceden son porque guardan un orden cronológico o si por el contrario somos nosotros mismos los encargados de presentar en sociedad tanto desmadre. De un tiempo a esta parte gozamos de una vulgaridad institucional que no se guarda en reparaciones, sino más bien en el chapoteo de la ordinariez. Nada de extraño con tanto fango, tanto lodo y tanto hedor en clave política de altura. No quisiera achacarlo a la falta de glándulas sudoríparas porque eso ya sería de una gravedad extrema, pues no cabe imaginar que ciertos elementos o elementas se revuelquen en fermentos para con ello regular su temperatura corporal.

No es por alimentar el ego de quienes se frotan las manos con tanta miseria verbal, es que denoto cierta crispación en Moncloa y que de ser cierto traería cuenta el famoso refrán: «De aquellos polvos vienen estos lodos». Tanto afán por enfangar y enlodar a quienes no forman parte de los siete votos capitales suelen generar ciénaga. Y es que de ahora no es tal novedad, pues la cosa viene de quienes se complacen en rebajar el lenguaje y apalear el buen estilo en sintonía con su propia naturaleza, de tal manera que lo chocarrero se convierte en la mecánica del entendimiento popular. Peligrosa credencial para mostrarnos al mundo exterior nuestros sucios métodos para erradicar la desigualdad y el progresismo.

La cosa viene a colación por cuantas vicisitudes nos acogotan en ejemplos de heterogénea vulgaridad. Siendo generoso no voy a entrar en la onomástica de Santa Amnistía, que según parece guarda turno en el BOE para no coincidir con otros pasos dolientes que en los telares de la justicia se trabaja por presuntos malos quehaceres en lo que a honradez y transparencia se refiere. Pero esto es fango de alcurnia que no está al alcance de cualquiera. Más no todo ha de quedar en extrañezas y demás maniobras lingüísticas, pues los juegos de palabras, si bien pueden dirimir contiendas, lo de mandar a la mierda puede ser lugar de encuentros y encomienda. Y es que la vida da muchas vueltas, augusta vicepresidenta.

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