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TRIBUNA

Verano

Juan José Vijuesca
miércoles 26 de junio de 2024, 20:01h

El verano es un fenómeno que suele causar irritación entre semejantes. Es la etapa del morbo en donde los cuerpos se desinhiben y afloran los progresos habidos en gimnasios y demás ortopedias físicas. Los cuerpos se comprometen con exagerados enseñes y eso puede ser causa de delirios y ensoñaciones diversas. No es que sea algo obsesivo-compulsivo, pero un estudio de la prestigiosa Official Cuckold School ha establecido la influencia que tiene en el ser humano la física corporal comparativa. Es la relación causa-efecto la culpable de este fenómeno tan arraigado en el homo sapiens. ¿Tiene contraindicaciones?, Sí. ¿Puede tener efectos adversos? También.

No vean en mí otro motivo que la amortización de mi físico, cosa lógica por el devenir de los años, ahora bien, notorio es reconocer que debería haber ciertos miramientos para los que ya andamos fuera de concurso. Entre publicidad puñetera, además de engañosa, se nos conduce al límite de lo imposible. Por eso reitero que transitar entre esos cuerpos cincelados por el mismísimo Miguel Ángel Buonarroti no trae más que pura desigualdad. Curiosa distinción máxime cuando Pedro Sánchez, principal valedor de la paridad de género, trae a raya los principios que fija la Constitución, con la excepción de Puigdemont, que para eso la Carta Magna es de doble capa y suave textura.

Les hablaba de los posibles efectos adversos que esta desabrida situación puede causar entre miembros de la especie humana. Los cuernos. Así, tal cual. Cabe señalar que salvo por una cuestión de primera necesidad, el asunto de los cuernos es algo muy personal. La cornamenta en cualquiera de sus versiones, bien sea por llevarla puesta, tenerla en remojo o a buen recaudo, no deja de ser motivo de ornato para el afectado o afectada cuando medien casos de anemia libidinosa o amores lánguidos.

Un viejo conocido, noble en intenciones, cuya identidad preservo, se vio sorprendido con una protuberancia en su testa. Su fiel jardinero, experto en podas de bajura, le brindó sus servicios a la vista del crecimiento de aquella ramificación. –Señor, a menos que se acicale la cornamenta, dicho con todo respeto, es posible que se forme una enredadera de lo más trepadora- Y el señor de la casa optó por una poda de aliño.

Los cuernos, llevados sin arrogancia y en buena compostura, viene a ser algo parecido a los sombreros de Ascot y Epsom tan lucidos por las damas en las famosas carreras de caballos, y aunque hoy en día se mezclen elegancia y zafiedad aún conservan parte de su estilística tradición. Es simple cuestión de refinamiento en medio de esta sociedad cada vez más entregada a lo irreverente. Por eso, el ser cornudo, sin llegar a ser apaleado, puede resultar de lo más cómodo si se sabe manejar bien el adulterio. Da igual lo que murmure la gente por la vislumbre que crece en la frente, el secreto está en la gallardía del omnipresente cuando la cornamenta luzca visible y rumbosa, que bastante castigado ha estado este “oficio” en otros tiempos al no gozar de indulgencia por culpa de pesadumbres y decires entre propios y ajenos.

Los enastados legalmente perjudicados deberían estar protegidos por el Estado y recibir algún tipo de subvenciones a modo de incapacidad transitoria o permanente o una de esas pensiones no contributivas. Y es que mucha igualdad para algunas cosas, pero en cosa de cuernos, si te he visto no me acuerdo.

Como podrán comprobar en el verano no todo son destellos de cuerpos sacados de contexto y por ello requieree leerse las contraindicaciones y los posibles efectos adversos, pues la envidia puede traer causa de adulterios, divorcios y hasta de cuernos más o menos serios. El físico importa hasta cierto punto y además no siempre es duradero, eso sí, conviene tenerlo aseado para la ocasión, que más vale lo que se tiene que lo que se desea.

En fin, para los que calzamos metabolismos de otro jaez siempre nos quedará el Meyba de toda la vida. Que bien atado en cintura reduce rebordes y apacigua pliegues sin necesidad de caer en la heroica de esa otra belleza mitad mito y mitad inalcanzable. A cada cual, lo suyo.

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