Todo parece indicar que la interminable espera ha terminado. Por fin la casa de Vicente Aleixandre será despojada de las malas hierbas que la asolaron. Por fin serán reparadas sus grietas, restauradas sus paredes resquebrajadas. Por fin Velintonia, 3 dejará de ser una cáscara vacía, desposeída del alma que un día albergó. Por fin dejará la sombra este paraíso, lugar en la tierra donde nuestro Premio Nobel eligió vivir y recibir a sus iguales, antes y después de la “garra” de nuestra guerra “incivil”, que dirían Gloria Fuertes y Miguel de Unamuno. Aleixandre tan sólo la abandonó durante la contienda —viéndose obligado por la cercanía del frente—, fijando su residencia temporal en la casa de sus tíos, sita en la calle Españoleto. Volvería meses más tarde, gracias a un salvoconducto que le facilitó su amigo Miguel Hernández. Con él llegó hasta la vivienda, arruinada por el fuego fratricida. Su propietario lloró amargamente y apenas pudo salvar algunos bienes simbólicos antes de proceder a su reconstrucción, como el libro que le dedicó Federico García Lorca.
Por fin el espíritu del poeta sevillano recuperará su lugar de reposo y perdurabilidad. También quedan otros lugares de residencia, como la casa de veraneo que adquirió su padre en Miraflores, y cuyo actual propietario en un acto de filantropía adquirió, manteniendo intacto el aire de su torreón. Así me lo hizo saber mi querido Daniel Huerta, que conoce muy bien esta historia. Tras ires y venires de promesas que se llevó el viento —pero que quedaron en la hemeroteca, retratando a quienes las enarbolaron— por parte de políticos de uno y otro signo a lo largo de estas ya largas décadas, por fin la Comunidad de Madrid ha declarado Bien de Interés Cultural Velintonia. El consejero de Cultura, Turismo y Deporte, ha anunciado la intención de adquirir el edificio para hacer de él “un centro de referencia artístico de nuestro país”.
Hace sólo dos años, el Gobierno Regional había declarado al inmueble Bien de Interés Patrimonial (BIP) y Bien de Interés Cultural (BIC) el archivo del poeta. Pasos en ese momento insuficientes, que precedieron al redoble final. Ahora, parte de ese contenido seguramente podrá volver al lugar del que nunca debió salir.
Un final feliz que ha sido sólo posible gracias al empeño y a la labor desinteresada, durante casi treinta años, de la Asociación de Amigos de Vicente Aleixandre. Dicha iniciativa se iniciaría en 1995, cuando se llevó a cabo una primera campaña de protesta contra el estado de abandono de la casa del poeta. Liderada por José Luis Cano, actualmente es Alejandro Sanz su cabeza visible, quien ha buscado con la filantrópica colaboración de un cada vez más nutrido y consolidado apoyo de amigos, intelectuales, instituciones culturales, fundaciones, asociaciones y personas anónimas —de dentro y de fuera de España—, salvar Velintonia y convertirla en una fundación que lleve el nombre del poeta, dándole una nueva vida como centro de documentación y estudio de la poesía del siglo XX. Desde luego velarán porque así sea.
Quienes hemos apostado por la defensa del proyecto no podemos sentirnos más satisfechos de los frutos sembrados. En el caso de quien esto escribe, fue esta reivindicación protagonista de algún poema y del segundo artículo que publiqué como colaborador de este medio. Ahora, ochenta y nueve textos después —entre columnas de opinión, reseñas y entrevistas—, cierro el círculo publicando el que aquí presento, feliz de haberlo podido escribir.