En mi último viaje a la Malvarrosa de Valencia me llevaron a la casa donde viví en 1949, 1950 y 1951. Era una pensión dirigida por Doña María o Tía María mujer bonita, viuda y con una pata de palo. Vivía con su hija adoptiva: para los huéspedes un verdadero monstruo, vocinglera y tan desabrida como su madre adoptiva era acogedora . A ambas los vecinos las recuerdan con cariño: la niña se convirtió en una guapísima y muy amable mujer y Doña María acababa de morir centenaria.
La pensión se ha convertido el día de mi visita en una ruina.
El zócalo del patio, destrozado, la fuente central que en su día presidía un pescador chino, rota y sus azulejos descuartizados.
La habitación en la que tuve la suerte (casi increíble) de tener una aparición de la Virgen y la contigua han sido transformadas en garage a cielo abierto . Las paredes salvo las del muro exterior han sido abatidas.
Viví la tremenda riada de aquel año (1949) con tanta emoción como misterio.

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« Como las golondrinas que ni planean ni esperan escribe ¿como si volara? ».
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