El pasado 4 de julio se publicó el informe final del Grupo de Expertos sobre la República Democrática del Congo, que se presentó al Comité correspondiente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. El documento es contundente en su denuncia de la participación ruandesa en la guerra civil que se vive en las provincias orientales del país (Kivu del Norte, Ituri y Kivu del Sur).
El ejército de la República Democrática del Congo combate contra dos grandes grupos armados que, a su vez, cuentan con apoyos desde el exterior. En la provincia de Kivu del Norte, operan las llamadas Fuerzas Democráticas Aliadas (que de democráticas no tienen nada). En ese mismo territorio, y también en Kivu del Sur, actúa el M23, que ha venido avanzando desde hace meses gracias al apoyo que recibe del extranjero; en particular, de Ruanda.
El grupo de expertos constata en numerosos pasajes la participación de la Fuerza de Defensa de Ruanda (FDR) en las operaciones del M23 contra el ejército de la República Democrática del Congo. El grupo terrorista ha incrementado sus efectivos, señalan los expertos, mediante el reclutamiento de niños soldados en Kivu del Norte, Uganda y Ruanda. Los expertos no dejan lugar a dudas respecto de la participación de la FDR no sólo en los aspectos logísticos, sino en los propios combates. Por ejemplo, el informe señala que «la FDR se posicionó en las líneas de vanguardia, operó armamento de alta tecnología y participó directamente en operaciones de combate». Continúa el informe señalando que «en enero de 2024, al menos 1.000 efectivos de la FDR entraron en la República Democrática del Congo por varios cruces fronterizos al este de Kibumba, territorio de Rutshuru, y se desplegaron en posiciones militares clave. Tras este refuerzo, el 3 de febrero, la FDR y el M23 tomaron el control de Shasha, una aldea con acceso estratégico al lago Kivu». «Los combatientes del M23 y dos oficiales de la FDR explicaron que la capacidad del M23 para operar simultáneamente en varios ejes y campos de batalla dependía del apoyo militar y estratégico de la FDR». Son sólo algunos ejemplos.
En realidad, Ruanda ya ha recibido apercibimientos y advertencias por parte de las Naciones Unidas. Varios gobiernos extranjeros y la Unión Europea han exigido a Ruanda que cese en el apoyo al M23. También lo ha hecho el propio Consejo de Seguridad. Hasta ahora, esos requerimientos han sido inútiles. El ilícito internacional es claro: «El Grupo señala que el apoyo y la presencia sistemáticos de la FDR en la conquista territorial del grupo designado M23 es un acto sancionable. Además, el despliegue de la FDR, las fuerzas armadas nacionales de Ruanda, en territorio de la República Democrática del Congo viola la soberanía y la integridad territorial de la República Democrática del Congo. El control y la dirección de facto de las operaciones del M23 por parte de la FDR también hacen a Ruanda responsable de las acciones del M23».
En el trasfondo de estos intentos de desestabilizar a la República Democrática del Congo están los vastísimos recursos naturales de las regiones orientales del país; en particular, los diamantes, el oro y ciertos metales como el tántalo. El oro del Congo pasa de contrabando al territorio de Ruanda. Dice el informe, «las fuentes entrevistadas por el Grupo en Ruanda reconocieron que el oro de la República Democrática del Congo transitaba, como mínimo, por Ruanda». La embajada de los Estados Unidos en Kinshasa ha expresado su preocupación por el contrabando de minerales a través de Ruanda y Uganda y el beneficio que reporta a los «grupos armados» así como por las violaciones de derechos humanos que provocan su extracción, transporte y exportación.
El diagnóstico de lo que está sucediendo en la República Democrática del Congo es bastante preciso. El país está sufriendo una ofensiva apoyada desde el extranjero que tiende a desestabilizar el país para poder explotar sus recursos naturales. No deja de ser sorprendente, a la vista de las circunstancias, que la Unión Europea continúe armando a las fuerzas armadas ruandesas. Por ejemplo, cabe recordar el anuncio que hizo el Consejo de la Unión Europea el pasado mes de abril en que se comprometía a prestar ayuda por importe de 20 millones de euros a las fuerzas ruandesas desplegadas en Mozambique. Se dirá que Ruanda es un aliado de la Unión en la lucha contra el terrorismo, pero esto no debería impedir a la Unión Europea exigir con mayor firmeza que deje de apoyar al M23. Antes bien, el cese de esa ayuda debería ser un requisito para que esas relaciones entre Ruanda y la Unión prosperasen.