La vicepresidenta primera del Gobierno, María Jesús Montero, se ha mostrado siempre como la más ferviente hooligan de Pedro Sánchez. Bailotea a su alrededor, brinca, ríe y aplaude al presidente del Gobierno venga o no a cuento, cuando interviene en el Congreso de los Diputados o durante sus mítines. Pero, de pronto, ha desaparecido del escenario político; justo después de que ERC y el PSC firmaran el acuerdo para investir a Salvador Illa.
Probablemente permanece muda porque días antes de que se cerrase el pacto para la independencia fiscal de Cataluña, la ministra de Hacienda había negado rotundamente “que el PSOE fuera capaz de aprobar tal agravio autonómico” y que su partido no mantenía “negociaciones bilaterales sobre la financiación singular de Cataluña”. Y es que, como ministra de Hacienda es la responsable de que se cumpla el sistema de financiación autonómico. Y, por eso, el PP ha pedido a la vicepresidenta primera del Gobierno que explique el preacuerdo entre PSC y ERC para establecer un concierto fiscal en Cataluña y que convoque un Consejo de Política Fiscal y Financiera (CPFF) monográfico sobre esta cuestión. Pero María Jesús Montero, calla, se esconde y no se da por aludida. La ministra más locuaz y agresiva se ha quedado muda. Sin duda, desconocía la maniobra de Pedro Sánchez para investir a Salvador Illa y, de paso, para amarrar los escaños de ERC en el Congreso de los Diputados. Más aún, ahora que parece haber perdido los de Puigdemont.
Aunque, le guste o no, como ministra de Hacienda tendrá que ofrecer en el Congreso de los Diputados una explicación detallada del contenido del acuerdo y sus efectos y defender desde la tribuna de oradores la modificación de la normativa actual sobre la financiación autonómica. Una modificación que deberá ser aprobada en la Cámara Baja antes de poder aplicarse la llamada “financiación singular” y que en estos momentos no cuenta con apoyos suficientes. Aun así, Montero deberá enumerar las supuestas bondades de la maniobra de su gran líder e intentar que la nueva ley salga adelante.
Pero, de momento, como decíamos, María Jesús Montero está desaparecida y, seguramente, desolada. Porque como ministra de Hacienda sabe que la independencia fiscal de Cataluña desmorona el entero sistema de financiación autonómica, además, de suponer un atentado a la Constitución por aniquilar los principios de solidaridad e igualdad entre todos los españoles. Aún así, la gran admiradora de Pedro Sánchez cambiará de opinión como suele hacer su jefe y defenderá con su ímpetu habitual aquello que consideraba “un agravio”.