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DESDE ULTRAMAR

De Maduro a Kamala, pasando por Chapultepec

Marcos Marín Amezcua
jueves 08 de agosto de 2024, 18:11h
Actualizado el: 08/09/2024 15:58h

Ante la vorágine del mundo, preferiría mejor mirar hacia París, mientras se acaban los Juegos de la XXXIII Olimpiada. Sin embargo, la vida sigue, no obstante que en el plano deportivo las tarrascadas entre las potencias afectan a países que no lo son, porque el agandalle, la torcedura de criterios y las eliminaciones descaradas también campean y estos Juegos no han sido la excepción, pero aun así los JJ.OO. ni pierden su estresante regusto por la adrenalina –la de participantes y espectadores– ni tienen la culpa, como concepto, de ser lo que a veces también son. Una vez que concluyan, regresaré para un balance necesario.

En tanto, Venezuela al centro, no nos deja indiferentes. En esta columna se ha sostenido y se refrenda que Maduro ha sido un impresentable, no es Chávez –para bien y para mal– y está forzando las cosas, tal y como lo indica la reprobación y los llamados a la mesura desde los propios líderes de izquierda de la región sudamericana, principalmente. El quid del asunto es si ha ganado o no las elecciones de su país. Garantizando continuidad o cambio. Él dice que sí las ganó, la oposición sostiene que no. ¿Fácil, verdad? Pues no tanto. Las pruebas están dudosas para ambas partes. Que se grite haber ganado o no, no es la prueba fidedigna y todos quieren obviarlo. No me cabe la menor duda de que el asunto ha sido y es cosa de los venezolanos desde el primer día, en exclusiva. Que saquen las manos del problema tal, todos los que no sean venezolanos. De la Unión Europea a los yanquis, incluyendo mandatarios regionales en actitud injerencista o la abuelita de Batman, si no es venezolana, claro. Dejarse de monsergas: que nada legitima que desde Pompeo hasta Blinken y sus esbirros, chasqueen los dedos a Maduro diciendo que ya no es presidente de Venezuela. ¿Con cuál derecho los yanquis deciden quién es presidente y quién no de otro país, yendo de metomentodo? que nadie se equivoque, concediéndoselos. Y el resto, de manera irresponsable y atrabancada, reconociendo a Edmundo González, que apenas si asoma las orejas sin saberse a estas alturas si ganó y si sería un simple títere de Corina Machado como interpósita persona y ella, a su vez, respondiendo a cuáles intereses reales. Las Fuerzas Armadas han refrendado su apoyo a Maduro. La tienen cruda los venezolanos, pero no deja de ser un tema exclusivo de venezolanos. No hay razón para meter a medio planeta.

Por eso, y es oportuno reafirmarlo recordándolo, que aunque los opositores mexicanos al actual gobierno saliente vociferen que se pronuncie sobre el particular y desconozca a Maduro, se olvidan de que México no extiende reconocimientos ni los anda pidiendo para sí o a terceros. No mendiga reconocimientos. Ni espera de terceros, reconocimiento alguno a las decisiones de los mexicanos. Esta columna no tiene ningún inconveniente en recordar pues, que México no extiende reconocimiento a terceros. Es tan sencillo de entender que lo fácil es lo difícil de entender qué a alguien no le sea tan fácil de comprenderlo. Y se hagan los desentendidos. Alguna vez, Hugo Chávez dijo no reconocer al mexicano Felipe Calderón. Se merecía un simple ¿quién te preguntó? Lo mismo al presidente Boric de Chile que ahora dice no reconocer a Maduro. Se merecería esa misma respuesta. El tema es de los venezolanos y que sean los venezolanos quienes lo resuelvan. Y no es dejarlos solos, aunque… más vale solos que mal acompañados. Y toda ayuda mediadora puede ser bienvenida, siempre y cuando respete la voluntad venezolana en el sentido en que se exprese de forma fidedigna y no como a terceros les plazca. No hay opción a lo contrario.

Mientras tanto, los estadounidenses se medio ponen de acuerdo y apartan al necio Biden de la contienda presidencial. Tipo más necio que el Comité Olímpico y el organizador de París 2024 conque los atletas se bañasen en el insalubre Sena. De proseguir Biden, mostraría la decrepitud de la clase política estadounidense. Ahora bien, Kamala Harris tampoco vende piñas. No nos equivoquemos. Dicen que su marido está ligado a la industria armamentista. Empero, qué bien que una mujer se apunte a gobernar EE.UU., una democracia atrasada para los estándares actuales. Sin segundas vueltas o mujeres habiéndolos gobernado, sin diversidad partidista real y alternancia multipartidista, con su vetusto colegio electoral lucen atrasados respecto a Iberoamérica. ¿Ganará la Harris? Falta verlo. Al menos, de suceder será un paso adelante. Ya que eso garantice beneficios a su país y tranquilidad al mundo, es otro cantar. Por mí, mejor que gane ella y no el antimexicano Trump, no obstante que a veces en temas álgidos de la relación bilateral con México, no sé si prefiero la franqueza cerril y atropellada de Trump que los gestos y acciones mustias que definen a su contrincante. Y con los yanquis nuestra Historia nos enseña que jamás hay que fiarse ni confiarse.

La noticia de que tras de 13 meses, julio fue un mes menos cálido rompiendo la tendencia del aumento de temperatura, pues venía imparable el fenómeno climatológico que tanto nos agobia; y como ya han regresado los aguaceros veraniegos al centro de México, tras de una primavera que nos alertó de presas cuasi vacías y escasez de agua en términos alarmantes si aquellos seguían retrasándose, se anunció la restauración y ampliación del bosque de Chapultepec ampliado a sus 4 secciones. El pulmón de la Ciudad de México por excelencia, pese a contar con otras áreas verdes, constará de 866 hectáreas, convirtiéndose no solo en el parque urbano más grande del mundo, sino que en esa misma categoría, será el espacio ambiental y cultural más grande del planeta, partiendo de los museos, espacios deportivos renovados, zonas protegidas, con la recuperación de áreas verdes y el transformar la antigua residencia presidencial en un concurrido centro cultural cosmopolita y sumamente versátil. La cuarta sección que ahora se añade, incluirá una sucursal al aire libre de la Cineteca Nacional de México y un cablebús que la conectará a las otras tres secciones. Es una magna obra de restauración, restitución y conservación. A simple vista, caminando la parte más urbanizada, resalta la reforestación con la diversidad de árboles que no sean la choteada jacaranda y la manía de solo plantar a tal, con su adosamiento, y la urgente reordenación de puestos de venta, acciones que abonan al proyecto en su conjunto. Enhorabuena y cuando usted se pase por la capital mexicana no deje de adentrarse en Chapultepec, cantado hace cien años en este foxtrot.

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