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lunes 26 de agosto de 2024, 08:42h
Actualizado el: 29/08/2024 08:54h

Conversación final con IONESCO ...

en marzo de 1994.

[Ionesco se ocultaría el penúltimo día del mes.]

IONESCO - Acabo de terminar «Le mystère de la foi» de Jean Guitton.

ARRABAL - ¿Un agnóstico como tú ya sólo lee libros religiosos?

RODICA (La mujer de Ionesco, aunque aparentemente ausente, interviene en contadas ocasiones, pero siempre con dulzura) - No tan agnóstico.

IONESCO - ¿Cuántas veces he... pensado... sentido... la presencia de Dios?

ARRABAL - ¿Has tenido apariciones?

IONESCO - En Tailandia, entré en un templo con la esposa del agregado cultural de la embajada francesa. Uno de los budas -había unos cien- se inclinó hacia mí y me sonrió. Más tarde, la esposa del agregado cultural me aseguró que ella también había visto el fenómeno...

Una vez en Bucarest, me levanté durante la noche. Le grité a Rodica: «Hay un terremoto, ¿no lo notas?». Al día siguiente, un terremoto destruyó parte de la ciudad y causó muchas muertes.

Mucho tiempo después, paseaba con un amigo por un parque de Bucarest cuando un árbol cayó muy cerca de mí. Sus hojas llegaron a rozarme el brazo derecho. Me di cuenta de que podía haber muerto aplastado.

Unos meses más tarde, mientras paseaba por el mismo parque, cayó otro árbol. Esta vez, a mis pies.

En Portugal, una vez le di cinco francos a un niño que pedía limosna... Una hora más tarde, encontré una moneda francesa en el suelo: un franco.

A veces tengo una relación humorística con Dios: el Señor prometió devolverme un favor multiplicado por cien. Pero me dio 1 por 5.

Cuando era muy joven, en Rumanía, un día, hacia las 10 de la mañana, vi que todo estaba bañado de luz, que las sábanas que se estaban secando brillaban intensamente, radiantes. ¡Era Dios!

En otra ocasión, en una pequeña ciudad de Rumanía donde Rodica iba a dar clases, nos alojamos en un hostal bastante cutre. Nos asomamos al balcón para admirar las vistas. Justo cuando estábamos a punto de irnos, el balcón se derrumbó con un estruendo.

Después de la guerra, yo vivía en París con Rodica y estábamos angustiados porque mi hija estaba enferma. No podíamos pagar las facturas médicas. Salí a la calle con una cesta de la compra. De repente vi 3.000 francos en el suelo. Me pareció ver la mano de Dios. Cuando llegué a casa, me di cuenta de que había perdido los 3.000 francos. Podría haber dicho como Job: «Dios me lo dio, Dios me lo quitó, bendito sea su santo nombre».

Por si fuera poco, al día siguiente un amigo me dio 100 francos cuando no los esperaba. En una farmacia compré unos medicamentos que costaban 94 francos, pero la vendedora, pensando que le había dado mil francos, me devolvió 906 francos.

***

«la ventaja del arrabalesco con relación a una-gran-idea- es que ¿no se puede hacer con él una serie de tele

***

 «Montaje fotográfico de 2014 de Cristelle Jacob y y mío en homenaje a «Au rendez-vous des amis» cuadro al óleo de 130 cm x 195 cm, pintado en 1922 por Max Ernst (Museo Ludwig, Colonia)».

Fernando Arrabal

Escritor, artista y cineasta

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