El destino de Checoslovaquia durante la II Guerra Mundial fue durísimo. Primero, al joven Estado el Reich le arrebató los Sudetes ante la pasividad del Reino Unido y de Francia, que no se atrevieron a plantar cara a Hitler en la conferencia que condujo a los Acuerdos de Múnich de 1938. Después, los nazis la ocuparon y la partieron. En Bohemia y Moravia impusieron un protectorado. En Eslovaquia, se creó un Estado colaboracionista al que llamaron República Eslovaca. El nombre es engañoso porque daría a entender que, de algún modo, fue antecesora de la actual Eslovaquia. No lo fue. Se trató de un Estado colaboracionista e instrumental al servicio del Reich. El pueblo eslovaco no pudo decidir nada sobre su propio destino en un Estado cuyas principales políticas se fijaban o se convalidaban en Berlín.
Aquel Estado, dirigido por el Partido Popular Eslovaco de Hlinka -a sus miembros se los llamaba «ludaks»- a cuyo frente estaba un sacerdote católico -Jozef Tiso (1887-1947)- se encontró pronto desgarrado por divisiones internas y por la injerencia constante de Alemania. La autoridad de Tiso, nacionalista y autoritario, resultaba desafiada por Vojtech Tuka (1880-1946), que directamente era filonazi, antisemita y aspiraba a una Eslovaquia nacionalsocialista. A Tuka lo apoyaba la Guardia de Hlinka, un grupo paramilitar fascista que en 1941 intentó dar un golpe de Estado que acabó fracasando. En realidad, los nazis jugaban con aquel Estado satélite, parte de cuyo territorio se había entregado a la Hungría de Horthy.
El régimen del Partido Popular Eslovaco de Hlinka resultó debilitado por las luchas internas entre Tiso y Tuka así como por la influencia alemana y el propio devenir de la guerra. El gobierno de Tiso colaboró económica y militarmente con el Reich e impuso políticas antisemitas que condujeron a la deportación de unos 100 000 judíos eslovacos a campos de concentración y de exterminio. En 1941, efectivos eslovacos participaron en la invasión de la Unión Soviética. Si en los primeros años la situación económica del Estado eslovaco era mejor que la de los países ocupados por los nazis, a partir de 1942 el descontento fue aumentando a medida que crecían la represión política y el deterioro económico. Las derrotas de Stalingrado y de Kursk revelaron que el Reich podía perder la guerra. A la altura de 1944, la situación era ya explosiva. Desde abril había movimientos en el ejército eslovaco para alzarse en armas. El 27 de agosto partisanos y militares eslovacos detuvieron un tren alemán en la localidad de Martin. Al día siguiente, el ejército alemán invadió Eslovaquia el 29 de agosto de 1944 so pretexto de acabar con la resistencia partisana.
La invasión alemana fue la gota que colmó el vaso. Ese mismo 29 de agosto, en Banská Bystrica -en Eslovaquia central- distintas fuerzas políticas decidieron aunar esfuerzos para derribar el régimen colaboracionista y liberar Eslovaquia de la influencia alemana. Así, el partido comunista, los nacionalistas eslovacos y un grupo de oficiales del ejército se unieron para alzarse contra el gobierno filonazi que estaba llevando a Eslovaquia a una derrota junto al Reich. Al comunicado radiofónico del gobierno ordenando colaborar con las tropas alemanas siguió otro de los sublevados con la consigna de resistir la invasión. Así comenzó el Levantamiento Nacional Eslovaco.
Entonces entra el pueblo eslovaco en nuestra historia.
El alzamiento tuvo eco en una población harta de la guerra y de la injerencia alemana. Comunistas y nacionalistas eslovacos combatieron codo con codo contra los alemanes. Cuenta la Enciclopedia del Holocausto (2000, Nativ Ediciones, Jerusalén) en la voz correspondiente que se les unieron unos 2 000 judíos que formaban parte de distintos grupos de resistencia dentro y fuera de los campos de concentración. Con un ejército de 50 000 hombres desplegado en Eslovaquia, Berlín esperaba acabar con la insurgencia rápido. Se equivocaron: el Reich tuvo un primer avance victorioso sobre Eslovaquia. Cayeron en su poder más de 20 000 prisioneros eslovacos y buena parte de su armamento, pero la resistencia no se quebrantó. Algunos prisioneros lograron escapar de los campos de internamiento y unirse a los partisanos. Los combates continuaron durante varios meses mientras el Ejército Rojo avanzaba. Los alemanes iban aplastando el levantamiento, pero lentamente. A comienzos de octubre los eslovacos seguían resistiendo y aún contaban con más de 30 000 hombres. Sin embargo, las pérdidas de material y las bajas habían hecho mella en las tropas sublevadas. El territorio bajo su control se iba reduciendo. Se quedaban sin piezas de artillería. Les faltaban municiones. El 18 de octubre los alemanes lanzaron la ofensiva final sobre Eslovaquia. El 27 cayó Banská Bystrica, el epicentro del Levantamiento Nacional Eslovaco.
La historia parecía acabada.
No lo estaba. El Levantamiento Nacional Eslovaco marcó el inicio de un proceso de liberación en clave nacional que los soviéticos aprovecharían semanas después en su avance. El pueblo había sufrido la brutalidad del ejército alemán y el gobierno colaboracionista había perdido toda credibilidad. El Levantamiento había revelado las profundas divisiones que existían en Eslovaquia en torno a la colaboración, así como al modelo de Estado y de sociedad que los distintos sectores querían. Al colaboracionismo, se oponían los comunistas, los patriotas eslovacos y los defensores de Checoslovaquia. No es exagerado, pues, considerarlo un verdadero movimiento nacional cuyo elemento aglutinador era el rechazo de la injerencia alemana y de la colaboración.
Uno podría pensar que el Levantamiento Nacional Eslovaco, a fin de cuentas, fracasó y que a la Checoslovaquia fracturada por los nazis la sucedió la Checoslovaquia comunista. Pensar así sería una injusticia. Existía una división entre los nacionalistas eslovacos y los defensores de Checoslovaquia, así como entre los nacionalistas de ambos signos y los comunistas. Sin embargo, todos ellos lograron erigir un frente común frente al Reich y la colaboración. Se dirá que Alemania tenía la guerra casi perdida, pero sería impreciso: el Reich aún combatía y tenía posibilidades de detener el avance aliado en el frente occidental y concentrar, después, sus fuerzas en la Europa Central para contener a los soviéticos. Batallas terribles como la de Budapest aún no se habían librado. El contraataque de las Ardenas empezaría semanas más tarde. No. El Reich no estaba vencido. Restar valor al Levantamiento Nacional Eslovaco invocando la debilidad de Alemania sería una injusticia.
En las celebraciones de este año en Banská Bystrica, la Brigada Paracaidista española ha desfilado durante las celebraciones del 80º aniversario de este episodio de heroísmo y grandeza. Ha sido la primera vez que tropas españolas marchaban por las calles de una ciudad que se ha ganado por derecho propio un lugar de honor en la historia de Europa.
Esta columna celebra hoy, pues, el 80º aniversario del Levantamiento Nacional Eslovaco.