Al igual que al concluir el sexenio de Felipe Calderón como presidente de México y el del vendepatrias priista de Peña Nieto, toca ya el turno de un breve balance del correspondiente a Andrés Manuel López Obrador, finalizando el 30 de septiembre, 2 meses antes de lo habitual por la reforma política de 2014.
Pues bien, López Obrador, culto a la personalidad al tiempo que pudo mantener a raya a sus adversarios, gobierno de izquierda, concluye con dos cifras: una, la que refiere a su persona, rondando del 70 al 80 % de aprobación. La otra a su gobierno, 62 %, disociando ambos conceptos. Pocos políticos lo consiguen. Pocas sorpresas al final del camino. La oligarquía al margen obtuvo ganancias, no se resolvió la violencia del narco, pocos viajes al extranjero, sí hubo trasvase de recursos a otros sectores, apoyando a otros y no a los de siempre, gobernador otros –no la dupla PRI-PAN–. ¿López Obrador es ladino? sí, ¿astuto? sin duda. Bocón, desde luego y ¿capaz de haber impedido que las oposiciones hicieran de las suyas, como estaban acostumbradas? por supuesto. Boicoteadoras, lo fueron y así les fue de mal en las urnas. No se renuevan, entonces no son opción para amplios sectores de votantes. No hay secreto en su derrota.
El sello del sexenio es que no ganaron los de siempre, no se apoyó a los de siempre, no se acaparó las ganancias a los de siempre y ni siquiera entre los “intelectuales” orgánicos – vgr. Aguilar Camín– usados antes de aplaudidores del priismo y receptores de ingentes cantidades por abrir la boca, zalameros en sexenios pasados y que hasta provocó su queja meses atrás, denunciando que, en efecto, él ya no recibió mimos este sexenio. Sello del sexenio, las cifras que aportan instituciones tan capitalistas como el Fondo Monetario Internacional que, a inicios del año calificó a México como la duodécima economía mundial –o sea, panistas mintieron vilmente, pues nunca fuimos y no estábamos cerca de ser Cuba o Venezuela, como nos lo aseguraron ¡farsantes! – y el reciente reconocimiento del Banco Mundial acerca de que este sexenio sacó de la pobreza a casi diez millones de mexicanos. ¿Será cierta la consigna de “primero los pobres”, para que al resto de la sociedad le vaya mejor? Es posible que sea verdad. A los priistas les fastidia, porque no son ellos quienes gobiernan. No fueran ellos, porque entonces sí, todo sería estupendo. Lo normal en esos tíos.
Desde luego, que el sexenio deja pendientes. No indagó a los militares acerca de si están o no involucrados en las muertes del crimen de Ayotzinapa de hace diez años, pero tampoco se atendió la violencia, que es, con la inseguridad, asignaturas pendientes. No ha sido impedimento para que México sea un país con 43 millones de visitantes en 2023, como igualmente saber que la alta cifra de muertos no son a manos del Estado mexicano ni su autor; el sexenio López Obrador no puede ser señalado como el perpetrador de las muertes acaecidas en este país. No es el PRI del 68, del 71 o del 95. No es el PRI represor de Atenco y Ayotzinapa (este 26 de septiembre se cumplen 10 años) o de los opositores perredistas o de aquellos que no estaban con la reforma energética vendepatrias del PRI y del PAN. No. La violencia proviene de otros actores. Lo que el Estado no puede postergar es ponerle fin. Y que tome nota Sheinbaum.
Sello del sexenio que termina, la pausa a las relaciones con España y otros. El desaguisado con España partió de la carta al rey pidiéndole una disculpa por la Conquista. No hubo respuesta de la Casa Real y el silencio hoy ha pasado factura no invitándolo a la toma de posesión de Sheinbaum. Mucho que lo lamento. México es el primer socio de España es Iberoamérica todavía en junio pasado y el pasado común merece contarse en conjunto, no evadirse. La pausa establecida por México aludió a empresas españolas que no han aceptado reglas y tratos más equitativos para ambas partes. Ojalá que todo cambie para bien.
Deja proyectos casi terminados como el Tren Maya y concluidos como el Interoceánico en el istmo de Tehuantepec que une a dos océanos. Es el sexenio de la pandemia, que se enfrentó con lo que se sabía, no con lo que suponían o mintieron los opositores a este gobierno. Se nos queda la política migratoria como país de paso, más que de expulsión de connacionales y a esperar quién gane las presidenciales yanquis. Ni Kamala vende piñas ni Trump es pertinente a nuestros intereses. Con ambos, Dios nos guarde.
Mención especial merecen los medios opositores mexicanos, un sexenio contando mentiras, medias verdades, análisis absurdos apegados a promover la infodemia, a coger cualquier voz para disfrazarla de experta con tal de no conceder un ápice al presidente que no les gustó como opositor ni como mandatario. No les gustó. Punto. Ni a él, aquellos. Les dejó sin dádivas y pagos de publicidad gubernamental con las que el priismo les callaba la boca a personas y como medios y hay listados. Gritaron lo que quisieron haciendo de México el segundo país en infodemia promovida por ellos. Vergonzoso su papel. La conferencia presidencial de prensa mañanera fue un antídoto. ¿Consecuencias? El gran público los abandonó. Rating y publicidad por los suelos han sacado del aire a muchos comentólogos facinerosos y cancerberos apoyados en mentir o las medias verdades con un público al que cuadra lo que oye, que se tragó todas, propalándolas. Se fueron seis años y no cambian ni un milímetro su pobredumbre comunicacional alimentando el odio a López. Ese público que demostró una brutal incapacidad para distinguir realidad de mentira, bulos de verdades, indolente para verificar lo que esos medios afines a ellos publicaban a diario. Tanta mezquindad fracasó en generar el voto mayoritario adverso a Morena. Morena triunfó en 2024 y con más votos que en 2018. Ya le digo, fracasaron en su vergonzante intentona.
El 1 de diciembre de 2018 después de ser un férreo opositor al vendepatrias priista Peña Nieto, comuniqué en mis redes sociales que me iba “de vacaciones”. No tenía ni he tenido la mínima intención de ser esquirol de López Obrador. Quería ver qué hacía en el gobierno. Eso sí, me apego a contar lo que es, no lo que les acomoda a sus enemigos y adversarios. Eso les fastidia más y ese es su problema, no mío. En estos seis años, conocidos, que no amigos, dada su rijosa, majadera y burda actitud y su conducta arrebatada y pueril, retiraron el habla o, de plano, fueron insultantes. Que con su pan de lo coman. Han comprobado lo nada que me ha importando, no moviendo un ápice mi libertad de expresión y de pensamiento para agradarles, faltaba más. Si no les agradaba López, habérselo dicho a él, que hasta twitter tenía. Carecían del derecho a meterse con cualquiera por no simpatizar políticamente. Se marcha, ellos se quedan. Les esperan otros 6 años de Morena. Merecido por pacatos. Provechito. Me divertí 6 años poniendo los puntos sobre las íes sobre dichos de comentócratas, no perdiendo mi tiempo con gente así que ni oye ni entiende ni le interesa hacerlo. Y al que insulta, se lo manda al Diablo y punto. Al que le pique, rascarse. Ellos saben quiénes son. Son lectores asiduos, pese a todo.
De cualquier forma, se acabó el sexenio López Obrador y no tengo un veredicto final de quiénes de los dos opositores, priistas o panistas, fueron más mezquinos y sandios, tirando a lerdos. Los priistas, por acomplejados. Los panistas, por farsantes, se llevan el podio en empate. Que con su pan se lo coman.
¡Ahhh! Y otra cosita. A ustedes muy apreciados lectores en ambas orillas del Atlántico…y del Pacífico, ofrecí y refrendo avisarles si algún día se instaurara la dictadura comunista en México. Aún no les he avisado, por no suceder, salvo en la mente de algunos obnubilados. Folclorismo y extravío puro en ellos. Para mofarse, queda la anécdota del panista que asegurando que seríamos Cuba de gobernar Morena, y no sucedía, se lo cuestioné y orondo y retobón me espetó un “no somos Cuba, pero estamos en vías de serlo”. Sonreí y miré para otro lado. Usted me entiende. Es cuánto.