El Piccolo di PicoloTeatro di Milano
Mientras Jean-Marie Serreau me hablaba su perrito Picnic correteaba saltarín como un convulsivo fruto de la inestabilidad. No era un perro andaluz, desde luego.
Aunque fue el primer director escénico de Pique-nique no pudo (¡ni no pude!) imaginar que esta obra escrita al comienzo de mi adolescencia hoy, medio siglo después de su sentida ocultación [que Pan le tenga también en la gloria], iba a convertirse en la obra de teatro más representada en el mundo.
Desde el primer momento le vi como , para mí, un entrañable campechano hombrón dócil a la fatalidad de la inocencia. Vino a saber de mí en el Sanatorio de Bouffémont como Jean Mercure y tantos otros grandes-directores-de-la-época, alertados por el premio que yo había obtenido « La ayuda a la primera obra » y que « helas » ya no existe para mis jóvenes colegas.
Yo era, entonces, un nuevo-dramaturgo-desconocido que según lo poco que se sabía de él (de mí) había llegado a París con una beca de tres meses y lamentaba que la tuberculosis le impidiera retornar a su-querida-España.
Con otro gran-director-de-la-época firmé, ¡encantado! un contrato por el que le daba los derechos para el mundo entero de toda mi obra habida y por haber. « Serreau » ganó el proceso aliado a la SACD la sociedad de autores francesa y pudo representarme el primero aquí.
Viajábamos desde entonces, (cuando él salía de París para sus compromisos teatrales) durmiendo siempre en la misma habitación, para poder seguir charlando hasta-las-tantas, en camas contiguas. Cuando todas las noches en un vasito con agua depositaba su protexe. Y así llegamos a Milán donde, para nuestro amigo Giorgo Strehler, crear (¿fundar?) en ¿el mayor teatro de Italia?: el ¡Piccolo di Picolo Teatro di Milano!
Le recuerdo aún perfectamente como en la primera escena de « Amédée ou Comment s'en débarrasser» de Ionesco, « Serreau » cogiendo del suelo un champiñón, oliéndolo casi extasiado, y diciendo ¿portentosamente? « un champiñón, otro champiñón ... y evidentemente venenoso ». Obra en la que Antoine Bourseiller empujaba, desde bastidores y sin ser visto, la gigantesca pierna derecha y yo la izquierda.
[Una noche «Antoine » nos dijo tranquilamente como una constatación: « No tengo el físico necesario para hacer carrera en el teatro, como quisiera ». Meses después leímos en casi todos los periódicos parisienses que el nuevo novio de Brigitte Bardot era precisamente «Antoine » con la que había coincidido en « Masculin-feminin » de « Jean-Luc » (Godard).
Luego «Antoine » fue el director de la Ópera de Nancy donde yo dirigí « La vida breve » de Falla y « Goyescas » de Enrique Granados; se casó con Agnès Varda y por fin con Chantal Darget, con la que tuvo la célebre hija « rejoneadora »: Marie Sara...]

Dibujo a mano alzada de Arrabal (29 cm x 21 cm a tinta china)
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«...al pasar bajo el gigante secoya-General-Sherman. todo humano se vuelve fantasma?»
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