Predicando afasias desde el concurso de superdotados hasta hoy - sí, sí hasta hoy- nadie me habló nunca de ello. Concurso que yo escondía como podía cada vez que se presentaba la ocasión sin corbata de domingo. Ocasión que pronto dejó de ser. Aquel certamen al que concurrimos mil niños de todo el país ¿se consideró un vergonzoso homenaje al Übermensch de Nietzsche y de paso al Eje?
Con una sola excepción, descargando capítulos, en 1960.
En aquel tiempo se puso de moda el Pop Art que André Breton me aseguró, casi apenado, que a pesar de que esta moda no le gustada en absoluto, debía reconocer que nosotros surrealistas no podíamos oponerles nada tan espectacular.
Decidí pedir y pagar a los pocos pintores realistas que aún quedaban, para realizar una serie de cuadros « totalmente realistas » a partir de mis bocetos enjugados de chascos. 26 en total, muchos de un tamaño excepcional para este este trance y lance.
El grave problema es que no había ninguno. Felizmente a FELEZ que era un magnífico abstracto de éxito en París, logré convencerle para que pintara los cuadros que pedía. Tendencia que cogió con tanto gusto que ya no hay ningún cuadro abstracto en su excelente y posterior obra. Le siguió el genial (musicólogo) LUIS ARNAIZ amigo del Ateneo y el trino.
El tercer pintor, igualmente magnífico como los otros dos, fue un desconocido para mí : RAFAEL GARCIA CRESPO. Aunque era muy taciturno un día me confesó:
- Desde el internado tengo problemas en público. Se amotinan las risas sin pregones. Me turbo tanto que inmediatamente me ruborizo de vergüenza. Para no ponerme colorado en presencia de cualquiera que me aborde, decidí tomar baños de sol de rostro (para que nadie se diera cuenta de mi dolorosa rareza) en el balcón de mi empresa. Lo cual originó una serie de problemas incluso policiacos. Es que la gene es muy cutre cuando mi propio abandono evito.
Otro día en el Ateneo, durante unas vacaciones mías:
- En el internado todos nos volvimos chalados. Querían hacer de nosotros no se qué, y el caso es que lograron que ninguno pudiera vivir como los demás, de primavera.
En uno de mis escasos diálogos con él me dijo que había obtenido el concurso de superdotados y que fue enviado forzosamente a ese colegio especial para los demás superdotados con un suelo derretido de candelas.
Comprendí que mi verdadera madre con sus divertidos ultimatum consiguió que yo solo fuera a los colegios que ella elegía. Supongo que frente a la idea que tuvieron los que controlaban el concurso a la sombra de sus bocados. Por eso en cada uno de los centros por donde pasé fue a ver al Director. Incluso en Francia vino a Bouffemont entre janeros y gorriones. Y visitó al Doctor que dirigía el Hospital Universitario (donde yo intentaba curar la tuberculosis) cabalgando ella hermosamente en el espinazo de su eterna insistencia.

Cuadro al óleo de RAFAEL GARCÍA CRESPO, boceto de Arrabal (diámetro de 195 cm).