Alianza Editorial ha querido contribuir a la conmemoración del aniversario de la muerte de Margarita Landi (Madrid, 1918), ocurrido en el año 2004, con la edición de una biografía auspiciada por sus nietos y la composición y escritura de dos periodistas de largo recorrido en distintos medios, especialmente radiofónicos. Y el resultado es una original recreación de la vida de la que fuera testigo y protagonista del relato de los episodios más lúgubres y tétricos de muchos años de nuestra historia, como narradora y hasta investigadora de los crímenes más sórdidos y truculentos de aquella España, que con tenacidad trataba de alejarse de la imagen de oscuridad ambiental.
Su nombre está unido indefectiblemente al de la revista “El Caso” fundado por aquel muy notable periodista, y empresario editorial que fue Eugenio Suárez, a quien se deben muy relevantes iniciativas editoriales como, además de “El Caso”, fue la revista “Sábado Gráfico”, que en varios años del postrer franquismo acogió a muy distinguidos periodistas y escritores que escribían con un envidiable espíritu crítico, lo que le costó disgustos y quebrantos ante la también postrera censura de lo que ya ocurría en España.
Los autores han elegido un método narrativo ciertamente curioso, pues han ideado que en un ficticio viaje a Burgos en 1970, en su coche con su reportero gráfico, para cubrir informativamente el juicio a un muy elevado número de miembros de la organización terrorista ETA, Margarita Landi vaya relatando a su acompañante su propia vida profesional y revelando aspectos desconocidos de su vida privada, si bien muchos de ellos quedan aún ocultos, como las razones de su larga estancia en Panamá entre los años 1958 y 1962.
De su estrecha relación con el crimen y el asesinato nos deja un fino instinto para en ocasiones ir más allá de las indagaciones y pesquisas de la propia Policía y Guardia Civil, cuerpos que llegaron a bautizarla en confianza como “el subinspector Pedrito”. Landi, cuyo verdadero nombre era Margarita Isabel Verdugo Díaz, narra en este recreado viaje a la capital castellana las terribles vicisitudes de su familia durante la Guerra Civil, que de nuevo deberían ser de dominio público de quienes solo quieren preservar una memoria parcial y sectaria de aquel tiempo, a cuyo término quedó viuda con un hijo, debiendo abrirse paso como reportera, en la revista “El Caso” desde 1953 y simultáneamente en la revista “La moda en España”, auspiciada por la distinguida Marichu de la Mora.
Los autores han optado por simultanear episodios de la vida profesional de Margarita Landi como su corresponsalía en Cataluña a principios de los años sesenta y hasta 1964, con un pormenorizado relato de los crímenes más crudos y violentos de aquellos años, entre los que quiero destacar el de Vicente Valero, cobrador de banco en Elche, en 1954, cometido por Julio López Guixot con la complicidad de José Segarra, que fue descubierto a las pocas horas por la Policía y siendo ambos condenados a muerte, y el primero ejecutado a garrote vil en 1958 e indultado el otro.
Otro caso de sus primeros años de reportera fue el de la estudiante de Valencia que apareció muerta en el hueco de un ascensor y cuya autoría no fue descubierta, inaugurando con este crimen el relato a lo largo de las más de cuatrocientas páginas del libro de aquellos crímenes que quedaron impunes por distintas razones, como son la falta de medios de investigación que hoy son decisivos como la prueba de ADN o, y aquí el libro entra en otra dimensión al relatar Margarita las circunstancia de tres asesinatos que ella sitúa en el misterio de las razones políticas que pudo haber en su comisión, como fueron, el cadáver descubierto en la frontera portuguesa en 1965 -narrado en las páginas 256 a 259- y que resultó ser el del opositor portugués Humberto Delgado; el cometido en enero de 1967 en la calle San Francisco de Sales nº 26 de Madrid, cuya víctima fue el líder argelino Mohamed Jidder asesinado cuando iba a subir a su coche, un distinguido Citroën DS blanco, matricula suiza.
Y, por último, el del misterioso personaje que fue el ciudadano húngaro Esteban Szekeres en junio de 1967, asesinado en su piso de la calle Víctor Pradera de Madrid. Los tres quedaron impunes. Y sin el matiz político de los que he relatado, es también muy relevante la narración en las páginas 359 a 368 del extraño crimen de la finca “Los Galindos” ocurrido en el mes de julio de 1975 y en el que resultaron asesinados cinco trabajadores de la misma hacienda. De su etapa en Cataluña, los autores ofrecen detalles del caso de la asesinada Mercedes Noel Gratacós (páginas 226-231), y sobre todo interesantes reflexiones de la estafa multimillonaria de la inmobiliaria SAICA, creada por un inmoral José Crespo Ruiz (paginas 248-252).
Javier Velasco Oliaga y Maudy Ventosa aprecian el giro que la revista “El Caso” experimentó en los años setenta y que, por indicación de su fundador, Eugenio Suárez, decidió incluir noticias de otra índole menos truculenta como ecos de lo que hoy se denomina “del corazón” y con motivo de la rutilante aparición de la revista “Interviú”, llegó a cambiar el título de cabecera, de “Semanario de sucesos” a “Semanario popular”.
En 1980 Margarita Landi acompañada de su pipa, de su inconfundible coche Karmann Ghia, dejó “El Caso”, ingresando en la ya citada “Interviú” que con el señuelo de sus chicas semidesnudas y la revelación de escándalos más o menos relacionados con la política y la economía arrasaba en los quioscos de la estrenada libertad. También colaboró en algunos programas de televisión en los primeros años noventa, hasta que aquejada de un progresivo deterioro de su salud mental fue ingresada por su querido hijo Ángel en una residencia donde falleció el 6 de febrero de 2004.
Con fundamento, el relato de La rubia del velo y la pistola es especialmente duro en la narración de la que fue una triste niña huérfana que vivió la pobreza y fue capaz de superar con su lucha las circunstancias de la vida, convirtiéndose en una mujer dura, libre y que se especializó en un género periodístico por entonces exclusivo de periodistas masculinos. Con este libro, los autores y la editorial han querido subrayar y destacar la personalidad de una mujer que sin duda contribuyó de forma notable a ser un ejemplo para otras mujeres y otros profesionales del periodismo.