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DESDE ULTRAMAR

Trump, el peor escenario

Marcos Marín Amezcua
jueves 07 de noviembre de 2024, 20:10h

Y se cristalizó el peor de los escenarios. Ha ganado el sujeto de 78 años que viene en plan revanchista, pendenciero y sin preocupaciones mayores, pues con los republicanos dominando el Congreso y el Senado, todo apunta, va sin importarle demasiado si es nuevamente un burro en cristalería que a nadie conviene, ni siquiera a su país. Algún comentarista mexicano dijo: ha llegado un delincuente a la Casa Blanca, aludiendo a los procesos judiciales que aún tiene en curso. De momento, yo lo dejaría en ser un impresentable elegido presidente.

Trump ha ganado las elecciones presidenciales y, si bien, mantiene una suerte de perfil bajo –sí, suena paradójico– y no deja de ser una caja de sorpresas y, hasta cierto punto, una incógnita mayúscula, sí es un sujeto de temer. ¿Le servirá su experiencia de 4 años en la Casa Blanca, para verse sereno? Ojalá. Ojalá que sea así. Mesiánico, ya nos dijo que entiende que Dios lo puso en este camino para salvar a su país. Sonó faceto, como McKinley dudando de apoderarse de Filipinas ya derrotada España y diciendo que soñó que Dios le dijo “toma Filipinas”. Para emprender una acción civilizadora, claro, no por ambición pecadora (como lo fue). ¿A este también le habla Dios? Ha de pagar más impuestos para tal privilegio.

Trump está de regreso. Es una pésima noticia para el mundo. Amigos residentes en aquel país, situados de costa a costa, me advirtieron que la gente estaba enfadada por la mala conducción económica de Biden y por permitir el ingreso indiscriminado de migrantes. Eso anticipaba que en ese país la gente votaría por Trump y así sucedió. Ellos no lo harían, pero amplios sectores, sí.

Lo diré sin ambages: para el caso mexicano, la presidenta Sheinbaum va a necesitar un efectivo amansalocos que lo ponga quieto. No, no se ve por dónde o cómo lo conseguirá por ser un hueso duro de roer el neoyorquino, pero a la mandataria mexicana no le espantan los misóginos. Así que, acaso, no necesite usar una carta de feminismo combatiente, pero si requerirá de una gigantesca capacidad de persuasión para apaciguar a un sujeto que, teme el mundo y teme bien, regresa a su segundo mandato con promesas de proteger la economía decadente de su país –cada vez menos competitiva frente a China y otros bloques– al tiempo que culpa de tal decadencia imparable, sostenida, a los migrantes y a las drogas. Ese imperio prematuramente avejentado que ya denunciaban hace tiempo, caricaturistas mexicanos como Rius y con gran acierto.

En México nos preocupa mucho Trump, porque puede reventar la economía mexicana incrementando los aranceles, tal y como ha amenazado – no entiende que reventar la economía mexicana es afectar severamente la suya y ante tanta necedad, qué hacer con ese cerril– so pretexto de que México no detenga el envío de drogas a su país y las olas de migrantes. Trump no entendió o no quiso que las drogas existen porque su sociedad las consume ávidamente. Ambos reclamos a México no se acompañan de políticas internas que desincentiven su actuar, es decir, que usa la de siempre: culpar a otros y buscar enemigos que justifican pendencias y venta de armas. Antes lo fueron los indios, los negros, los migrantes no wasp, los alemanes, los comunistas y ahora, aunque es persistente la política antimexicana desde hace dos centurias, se ceba con los mexicanos y sus variables hispanas, vistas así con un ojo racista que ni oculta ni niega una parte de su sociedad que actúa y se siente tan cómoda con las gracejadas y timorateces de Trump. Que lo entienda Trump: tenemos una relación de interdependencia.

El mundo entero espera lo peor de Trump, salvo Milei, que ya se sabe, es mucho Milei, porque sus arrebatos y su agresividad basado en que su país vaya por delante, no distinguen caminos y fórmulas, pues Trump va a rajatabla exigiendo, imponiendo condiciones. Trump regresa al cargo y se topará con algunos que se mofaron de y habían respirado con su ausencia. ¡Qué fastidio les será tenerlo de regreso!

La cosa se complica con tres escenarios puntuales. El primero: retomará que la OTAN sea financiada por los europeos, cosa a la que se resisten sistemáticamente y eso se explica porque destinan ingentes recursos a otros menesteres, porque los yanquis les ponen el paraguas de protección militar.

Otro escenario consiste en que intentará forzar los pactos y violar acuerdos para imponer que el mundo regrese a consumir bienes yanquis, implicando igual, confrontar económicamente a China, que no se rinde ni lo hará en su ascenso mundial, pues no quiere ser segunda y trabaja en no serlo más. Trump y su camarilla lo saben y no lo toleran. Es el único tema que acerca a republicanos y demócratas. Ahora, tiene la oportunidad de cerrar su economía aplicando un proteccionismo a ultranza en vez de la libre competencia que preconiza el capitalismo que dice representar y quiere sellar sus fronteras, apelando a un aislacionismo impropio de su calidad de primera potencia, violando todas las reglas del libre mercado en sintonía con el más rancio y decadente capitalismo yanqui y todos los Derechos Humanos. Esa política dual solo refleja las trampas yanquis que toda la vida ha ejercitado. No los crea ni tan rectos ni tan honestos, pues no lo son. Y la corrupción también habla inglés.

El otro escenario es que promete no iniciar guerras. Cierto, Trump no las hizo en el anterior periodo, cuando creíamos que lo haría. Dice que sabe terminarlas. Eso es mala noticia para Zelenski, pero no necesariamente para Netanyahu. De todas formas, al primero de los referidos, Putin –¿aliado de Trump? no hay pruebas fehacientes– ha trazado ya antes el camino de la paz si Ucrania le cede el corredor que una Crimea a Rusia y lo de Netanyahu está más complicado por su actuar asesino (ONU dixit) y actuó cómo lo hizo arropado o no impedido por el decrépito e inútil de Biden.

Regreso al punto. Para México hay preocupación al alza. No es para menos. Las presiones económicas que amenaza con desencadenar y buscar un muro más efectivo, inquietan, mientras consigue declarar a los narcotraficantes mexicanos como terroristas, lo cual facilitaría poderlos bombardear en México y no son temas menores. Sobre todo, porque bombardearlos en México no es garantía de que acabe así el tráfico de drogas con un mercado necesitado de ellas ni mucho menos, acompaña su vendetta con políticas internas para paliarlas. Sigue en su necedad de insistir en que “nos vienen a envenenar” en vez de decir: “nos encanta la droga y la seguiremos consumiendo, mientras va viento en popa la venta de armas (cual golosinas) que robustece a esos cárteles que lloriqueamos que nos hacen daño”. Así no se puede. Por lo pronto, compromete, hipoteca al actual gobierno mexicano, cuyo sexenio se puede ver complicado los primeros cuatro años si las prioridades yanquis se imponen. El vendepatrias priista Peña Nieto y López Obrador supieron capotear astutamente al yanqui. Cada cual se chutó dos años del primer mandato de Trump. Sheinbaum lo deberá afrontar 4 años enteros. Un calvario, sin duda.

Sheinbaum debe tener a mano el amansalocos eficaz que lo apacigüe, porque falta mucho todavía para que ambos inauguren el Mundial 2026. Menuda ceremonia será esa si se juntaran Trump y Sheinbaum. A saber por Canadá quién viniera. Justin Trudeau se tambaleaba meses atrás. Al felicitar a Trump se ha pronunciado con la extrañísima expresión de que el mundo “envidia la amistad de ambos países”. Lo que tiene uno qué oír en mensajes de felicitación al neoyorquino. Quién sabe dónde vio o quién le contó eso al premier canadiense. México sabe que, de todas formas, no cuenta con Canadá para los necesarios contrapesos en América del Norte, por ser tan díscola y tener agendas muy distintas ambos vecinos del vecino, como burlonamente aluden ambos países, eso sí, a su vecindad con los yanquis. Ni modo.

Algo es verdad: Kamala Harris no nos pudo decir porqué era mejor que Trump. Se parece a la mexicana perdedora Xóchitl Gálvez, que no nos supo decir porqué era mejor que Claudia Sheinbaum. Ya son bola pasada a estas alturas y hay cosas más apremiantes como son que Trump nuevamente será presidente. Y sí, México dio un paso adelante eligiendo a una mujer presidente. EE.UU. se atoró de nuevo en el intento y como me adelantó un residente de allá, es un país muy machista. Ser mujer y negra, no le ayudaron y se confirmó. Es lo que hay.

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