Esta columna por 15 años ha secundado, arropado, apoyado abiertamente que se efectúen las Cumbres Iberoamericanas. Y seguirá preconizándolo. Son idóneas, necesarias y reclamantes de nuestra atención y de nuestra participación en pos de un espacio de diálogo franco y directo de nuestra región, un foro que no se anda con paños calientes, que no se ande con chiquitas. Han sido una gran idea.
Se ha opuesto esta columna a que sean encuentros bianuales. Dan la idea no de plantearse proyectos de más hondo calado, sino que sugiere eso de espaciarlas, más una suerte de cansancio, de un hartazgo por vernos y afrontarnos los iberoamericanos que a otra cosa. Después de 500 años de no encontrarnos, parece que se agotara ya el espíritu de acercamiento, de entendimiento y se hubiesen extinguido las ansias por reencontrarnos y por discutir franca y abiertamente, nuestras diferencias, que no pueden ser ni deben de ser, jamás, superiores a nuestras coincidencias. La tremenda ausencia de dirigentes en Cuenca, describe, pinta y hace inocultable el fracaso de ese foro y no es aceptable que lo sea o deba serlo, abriendo la puerta a desdeñarlo en el futuro.
Varios jefes de Estado o de gobierno acusan emergencias nacionales para ausentarse. Si el Foro fuera un espacio dinámico y de gran envergadura como merece serlo, asistirían. No es así y es entendible anteponer los bomberazos internos a acudir a Cuenca, justo porque la Cumbre Iberoamericana como idea no ha cuajado lo suficiente para ser caja de resonancia de gran alcance. Deplorable.
La Cumbre Iberoamericana merece ser una herramienta utilísima para el entendimiento entre los iberoamericanos. No puede ser de otra manera ni ser menos y no está siendo eficaz como encuentro, desafortunadamente.
Y sí, al final Juan te llamas y pesa sobre nosotros no sé si la Historia, pero si los intereses disímbolos, encontrados, confrontados los más y los menos, los extraterritoriales y los puntuales con visos de acritud y constante confrontación y desencuentro que la región no merece. Se anteponen egos y diatribas a los intereses compartidos. Lamentable, todo por debilitar la idea de iberoamericanidad, si se permite el sonoro y contundente vocablo, que nos advierte que no podemos permanecer estacionados en este desencuentro total y por siempre, que ha polarizado a Iberoamérica frente a los desafíos que plantea un mundo agreste y hostil. Que si gobiernos de izquierda o de derecha…. Déjense de zarandajas como esa. No. Son los intereses más contrapuestos y dispares aquellos que nos separan, no las etiquetas de gobiernos que mueven a análisis facilones.
Sigo convencido de que son las trapacerías, las burradas, aquellas acciones descomunalmente idiotas y las torpezas de ida y vuelta, de ida y vuelta, repito, las que han colocado a la Cumbre Iberoamericana de Cuenca no como punto de llegada –ni mucho menos podrá ser de parida– como una Cumbre fracasada en manos del actual gobierno ecuatoriano invasor de la embajada mexicana que condujo a la ruptura de relaciones diplomáticas con México, sino que es la muestra de constantes tirones y empujones en todas direcciones. Diferendos, vociferantes y majaderías innecesarias entre mandatarios crápulas o evasores de responsabilidades actuales o históricas, o protagónicos o uno que otro disoluto, frente a las necesidades apremiantes, reales, puntuales de la región.
La Cumbre Iberoamericana de Cuenca no puede ni debe de ser un ejemplo de agotamiento diplomático regional ni replicarse o ser rehén de las torpezas diplomáticas del presidente ecuatoriano Noboa o de otras circunstancias coyunturales. Sí está perdiendo la gigantesca oportunidad de alzarse como un muro definido, claro, de frente al regreso de Donald Trump. Respuesta a Trump planteado como lo que es: como un desafío por su política agresiva que no va a distinguir aliados y adversarios, que no distinguirá absolutamente a países para imponer los intereses mezquinos que lo soportan y a postureos cicateros y ruines. Inadmisible, siempre, sin lugar dudas. Aunque Milei se le puso de tapete a Trump, esperanzado en recibir trato preferencial. Patético. Le dará un plato de lentejas por respuesta, si bien le va. No hemos aprendido nada de los yanquis.
Total, que la sola presencia de 6 mandatarios de 22 es un desastre. Andorra incluida –mis simpatías al principado que no tiene para dónde más correr, aunque yo desde México a los andorranos los veo bastantes ajenos a mí y dudo de su iberoamericanidad– y es una excelente muestra de que los iberoamericanos no lo están haciendo bien y puede mejorarse mucho sus relaciones bilaterales y multilaterales, hogaño tan estropeadas entre tantos de sus exponentes. Que a nosotros mismos no nos conviene estar desunidos, entiéndase. Que a nosotros mismos nos fortalece echar mano de todo cuánto puede favorecer nuestra unidad, que es verdadera fuerza esencial e indiscutible.
Sí, me habría gustado una Cumbre chispeante, retadora, sí, convulsa si cabía, pero por ser el foro adecuado para cantarse las cuarenta si fuera necesario. De Ciudad de México a Buenos Aires, de Madrid a Managua o Caracas. Frente a frente, sin tapujos y con la franqueza que nos caracteriza y no evade responsabilidades cuando quiere no evadirlas sin dobleces. Y teniendo de frente al adversario. Habría sido estupendo y en Cuenca no podrá ser, verlos a sus mandatarios sin máscaras ni edulcorantes. Haber visto frente a frente a Sheinbaum, a Felipe VI, a Sánchez, a Milei, a Petro, a Bukele, a Ortega, a Díaz-Canel, a Maduro, a Boluarte, a Arce, a Noboa, a Boric, a Xiomara Castro, a Arévalo, a Abinader. Quien más quien menos, tiene diferendos con el otro. ¡Caray! menudo repertorio y no estarán todos. Nos lo perderemos. Y en español y sin necesidad de mayores esfuerzos traductores. Su ríspido tono sería perfectamente preferible a evasivas o calentones de boca o digitales a la distancia fácilmente emitidas.
Y si se llaman políticos, que sean congruentes y sepan que se requiere que acudan estadistas. Y que entiendan que la ausencia mancilla los intereses de un país. No hay como acudir a esas reuniones. Siempre son torales, se diga lo que se diga.
Ojalá qué dentro de dos años, la Cumbre a celebrarse en España tenga mejores noticias. Y los mandatarios iberoamericanos tengan los arrojos para acudir y recibir sin remilgos, sin asegunes, sin reparar en temas menores o, al menos, que comprendan que todo eso no debe de estar por encima del ánimo, del encomiable espíritu de Guadalajara 1991. Ojalá.