www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

DESDE ULTRAMAR

Volteretas en la geopolítica

Marcos Marín Amezcua
jueves 12 de diciembre de 2024, 19:58h
Tal parece que al agitado año 2024, que ha sido tenso, denso e intenso, no ha de faltarle gurupera y marcharse sin sobresaltos y jaloneos entre las potencias, que, a las consabidas tarrascadas y en su incesante lucha por la supremacía mundial a costa del resto –y en esa inagotable búsqueda de poderío, sea alcanzarlo o conservarlo– bien pueden llevarse al mundo entero entre los pies.
Muchos frentes y se precipitaron los acontecimientos, complicándolos en apenas unas cuantas semanas. Si la caída de Al Assad en Siria –el impresentable sujeto al que su padre heredó el país cual si fuera un cortijo– supone una derrota para Putin –que pierde en definitiva poner un pie permanente en el siempre ansiado Mediterráneo, tal y como lo ha ansiado Rusia por siglos y de diversas formas (de Azov y la guerra de Crimea, hasta Alepo)– y el caos para la castigada y jalonada Siria solo anticipa una segunda Libia, no un resultante oasis de libertades. ¿Qué ganan los turcos apoyando a la guerrilla? no serán los únicos. Nada más caer, Israel se ha enseñoreado a la mala y con el abuso que lo distingue, de los Altos del Golán y ataca posiciones del ejército sirio. A río revuelto, como siempre. No hay que callarse las que hace Israel en los análisis geopolíticos en la zona. Sí, sí, que destruye unidades pro iraníes y tal. Ya, tan buenos, ellos. Ahí está Gaza.
¿Qué Putin pierde? Desde luego que no se avizora que sea haya negociado Siria por Ucrania, que son dos asuntos distintos, concatenados, sí, con el expansionismo ruso al que le venía muy bien asegurar Crimea por tierra y tener un pie en Siria, sin que por perderlo provoque que Crimea carezca ya de importancia, teniéndola en grado superlativo. Perder un pie en Siria reteniendo Crimea implica, como en el siglo XIX, jugarse una presencia rusa donde geográficamente no la hay (el Mediterráneo) como base naval y salida a tal y pareciera que la cuestión siria nunca murió. Llámese guerra civil, sus variables de Estado Islámico y tal, pero las potencias siguieron forcejeando por sacar a Rusia de esa jugada y ella por quedarse. Ha sido sorprendente el reavivamiento guerrillero de un conflicto puesto en segundo término en apariencia, dada la convulsa actualidad mundial, y que en unas cuántas semanas derribó a Al Assad, el inamovible, el inderribable.
Y es buen momento para recordar que en ese desasosiego, los verdaderamente grandes perdedores son la población civil, en general, y el pueblo kurdo, el gran perdedor del Oriente Medio de toda la vida, cuya patria le han robado quienes se repartieron el Imperio otomano. Por si alguien quiere hablar de perdedores.
Lo de Ucrania se complica. Se alarga esta guerra. Cuando parece que hay cierto agotamiento, Rusia puede recomponer su doctrina nuclear, da muestra de poderío, nos recuerda que hace porque puede y mientras, busca extender su sombra de influencia política sobre los vecinos cercanos. Todopoderosos los rusos, todo apunta y todo a un mismo tiempo. No se ven exhaustos. Zelenski ha sido muy irresponsable usando armas que no eran para ataque directo a Rusia y en ello los EE.UU. van como el perro que se comió el jabón, cosa que no les han dejado pasar los rusos, que lo han advertido: como lleguen armas yanquis a su territorio sí se armará la gorda y que lo entienda quién pueda, que a estas alturas ya no es quién quiera. ¿Qué Trump no ayudará a Zelenski? Todo es especular.
Estados Unidos sabe que al frente europeo lo necesita y desde la primera presidencia de Trump y ahora ya de regreso –éramos muchos y parió la abuela– promete problemas y ya entonces, le había dicho a Europa Occidental que pusiera más recursos a la OTAN. Ya se habla de amenazar con consumar su salida y seguimos esperando a saber cuánto dinero más destinará Europa Occidental a su defensa. Europa reluce mucha ayuda social, mucho bienestar, pero la defensa real ha corrido por cuenta de los yanquis y lo sabemos todos, hasta los que estamos muy lejos de Europa. Aunque haya un neerlandés liderando la OTAN, en tanto el oso ruso merodea, ruge y da zarpazos. Lo escribimos hace mucho en esta columna: que el Parlamento Europeo deje de opinar tanto de México y mejor se preocupe más en otros menesteres, que tiene la bota rusa a dos horas de camino.
Restan dos notas para no minimizarse: el renovado jaloneo comercial sino-estadounidense, variación a nuevo ritmo de la ya prolongada rivalidad binacional encubriendo la enferma economía yanqui que, con Trump, amenaza desatar guerras comerciales para jugar sucio, no rudo, y ganar su mejoría con prácticas anticapitalistas violando leyes del capitalismo ineludibles, como lo es la libre competencia. Amaga con aranceles a México y Canadá, a China y la UE. Cada cual responderá atendiendo agendas y márgenes de maniobra, pero Trump quiere ganarlas todas, aunque no las merece todas, advertido de que su economía no puede abrir tantos frentes de guerras comerciales (ni de las otras). A ver si el neoyorquino estrena las entendederas de una vez por todas. Ucrania, las drogas, los migrantes encubren causas reales para el majadero proteccionismo yanqui por una economía enferma que trastabilla y está en la cuerda floja de la decadencia.
Es más llamativa la rivalidad económica de EE.UU. con China que con Rusia, cuya economía no marca el ritmo del mundo y la china, sí. Trump salió mal librado y no doblegó a China en la anterior guerra comercial. Ahora, quiere sacarla de México o de América Latina, olvidando las palabras de un viceministro chino que le respondió al pandillero secre de Estado Rex Tillerson, siéndolo en tiempos de Trump, al puntualizarle que mientras EE.UU. levantaba muros, China construía puentes. ¡Qué sí! China no vende piñas, no es menos imperialista que los otros. Escale o no a otra instancia su rivalidad, se traen en la mira y andan a las tarrascadas en todos, absolutamente todos los demás frentes, incluido el militar.
Termino. Gran Bretaña y Alemania ¿aliados? que reviva Churchill y lo vea. Y qué palo para Macron, que cuando la Gran Bretaña abandonó la UE se jactó de que era la única potencia nuclear en la UE. Pues, qué fracaso supone una no alianza París-Berlín, buscada o no, ya que el eje parece ser Londres-Berlín en un anunciado pacto de defensa y no demos por muerta a Gran Bretaña. A ver qué resulta de eso con este ambiente de tensión que prevalece. Colaborarán en materia militar. Y hasta dónde más se permitirá rearmarse a Alemania. ¿Un déjà vu?
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (1)    No(1)

+
0 comentarios