www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

La Axiología como fundamentación de la Filosofía

José María Méndez
x
axiologiatelefonicanet/9/9/20
sábado 21 de diciembre de 2024, 19:12h

Con este título publicó José María Quintana Cabanas un importante libro en UNED Ediciones en el año 2000. Quintana Cabanas (fallecido en 2013) fue un distinguido pedagogo, Catedrático en la UNED de Madrid, y conocido sobre todo por sus traducción al español de las difíciles obras de Pestalozzi, escritas en un dialecto del alemán hablado en Suiza.

Como se dice en la solapa de la portada, “propugnó una Pedagogía Humanista comprometida con los principios ideales de la cultura y superadora del actual relativismo cultural”.

El resumen de su libro se encuentra en la página 132. ¿Cómo echar a andar en Filosofía? ¿Cómo partir de una verdad firme y aceptable? La solución será la siguiente: si esto no se logra por la vía cognitiva-teórica, habrá que intentarlo y conseguirlo por la vía cognitiva-dinámica. Esto último significa que la primera verdad será no tanto “vista” (con evidencia cognitiva), cuanto “afirmada” (con una racionalidad aseverativa, volitiva).

El último capítulo del libro, tiene este titulo, que lo dice todo: La filosofía comienza con una posición de valores (Pág. 113). La Metafísica, tradicionalmente considerada como la disciplina reina de la Filosofía, cede su trono a la Axiología.

Quintana Cabanas llega a esta conclusión como consecuencia de la valoración que previamente hace de los distintos conocimientos humanos. La mente humana no alcanza esa verdad primera, en la cual el ser humano pudiera encontrar su razón de existir en este mundo, y mucho menos la de su destino en el más allá. Tras constatar las obvias deficiencias y limitaciones de la mente humana, nuestro autor concluye que hay que confiar más en nuestro corazón que en nuestra inteligencia. Los valores son objetivos, porque los pone la razón humana” (Pág. 120). Por supuesto, el libro aporta multitud de oportunas citas de Aristóteles, Pascal, Descartes, Bergson, Hartmann, Piaget y otros muchos pensadores que sugieren, de un modo u otro, que la solución final está en los valores objetivos que la Axiología nos permite alcanzar.

Curiosamente, comparto la idea de Quintana Cabanas de que la Axiología se ha instalado como reina en el trono de la Filosofía, el más serio y trascendente de los razonamientos humanos. Pero lo hago por motivos distintos, y aun opuestos, a los que expone este autor.

Ante todo, en el libro no aparece referencia alguna la formalización de Lógica por Frege y Peano. Sin duda Quintana Cabanas conocía la Lógica moderna. Pero no se dio cuenta de la inmensa revolución cultural que supone el cálculo lógico. Lo mismo le ocurre a la gran mayoría de nuestros intelectuales, y más en concreto a los profesionales de las diversas ramas de la Filosofía. Y sin embargo hasta el más profano puede darse cuenta de que se trata por fuerza de una enorme catarsis en la Historia intelectual de la humanidad. Basta observar lo que está pasando con todo lo que ahora se califica con el curioso adjetivo “digital”: ordenadores, móviles, inteligencia artificial, etc. Basta recordar cómo teníamos que corregir las erratas en las obsoletas máquinas de escribir.

Por eso mismo, todo intelectual está obligado en nuestra época a darse cuenta de que el reciente cálculo lógico es mucho más radical y trascendente de lo que fue el cálculo diferencial e integral descubierto por Newton y Leibniz. Este ha permitido construir máquinas y artificios que cambiaron la vida de la humanidad. Se pasó del carro con mulas al automóvil con gasolina. Se pasó de quemar el carbón en braseros domésticos al aire acondicionado. Pero la revolución digital, por así llamarla, va a suponer mucho más. No ha hecho más que empezar.

El intelectual, y mucho más el que intenta pensar hasta el fondo de los problemas, tiene que reconocer que la base lógica del lenguaje que usa para trasmitir a los demás sus pensamientos ha sido formalizada. Está obligado a conocer con un mínimo de rigor el cálculo lógico. Y a cotejar lo que escribe en lenguaje ordinario con las reglas formalizadas de la lógica.

Esto es lo que se echa de menos en el libro de Quintana Cabanas. Ni se menciona la lógica formalizada, y mucho menos aparece una fórmula lógica en el texto. Y lo mismo puede decirse de la inmensa mayoría la actual generación de intelectuales y pensadores: incapacidad para darse cuenta de la importancia de la lógica formalizada. Antes de poseer el cálculo lógico, o después si se prescinde de él, cabe entender que un pensador tan concienzudo, ecuánime y bien informado como era Quintana Cabanas, concluya que por la vía cognitiva-teórica no se llega a la verdad primera, que tanta falta nos hace. Pero ahora la vía cognitiva-teórica está respaldada por la lógica formalizada. Frege y Peano nos han abierto el camino para alcanzar con total seguridad y certeza la ansiada verdad primera.

Dividamos la cuestión en dos apartados. Primero, el mundo de la naturaleza causal, al que pertenece nuestro cuerpo y hasta nuestra psique. Y segundo, el mundo de la libertad y los valores.

El conocimiento humano sobre la naturaleza causal se ha denotado siempre con el prestigiado nombre de La Ciencia. Tanto que la mayoría de la gente sencilla la estima como una conquista absoluta. Lo dice la ciencia, se escucha con frecuencia. No hay más que hablar. La ciencia pronuncia la última palabra en cualquier tema, incluso si se trata de cuestiones religiosas o morales.

Pero la Ciencia no da más de sí de lo que dan de sí los cálculos matemáticos que usa. Sin duda éstos son espectacularmente poderosos. Enviamos con toda precisión cohetes a la Luna o a Marte. Y nuestros microscopios han facilitado descubrir en breve tiempo la vacuna para el fatídico Covid. Todo eso no se discute. Pero el problema teórico es, si la ciencia puede llegar a conocer la esencia de la naturaleza. Por supuesto, los científicos nunca piensan en límites insuperables. No hay misterio que no pueda ser esclarecido por la ciencia. Como mucho, es cuestión de tiempo.

Creo que baste señalar un detalle que la ciencia no superará nunca. En las dos dimensiones de un plano no hay paridad. Dos reflexiones especulares se cancelan entre sí. La imagen en el segundo espejo es igual que el objeto visto directamente. Por eso es posible construir una espiral que vaya contando todos los puntos del plano sin saltarse ninguno. Por pequeño que sea el cuadriculado empleado, la espiral siempre cumple su cometido.

Pero eso mismo pasa con cuatro dimensiones. También cuatro reflexiones especulares se cancelan dos a dos. Sabemos, por ende, que en cuatro dimensiones existe una super-espiral que recorre todos los puntos de ese espacio sin saltarse ninguno. Lo que no sabremos nunca es cómo es o qué aspecto tiene esa super-espiral. No tenemos acceso empírico a cuatro dimensiones. Conocemos la existencia de esa curva, pero no su esencia. Más aún, ni siquiera podemos conocerla. Claro que no faltarán optimistas que prometan que llegará el tiempo en que La Ciencia nos permita ver en cuatro dimensiones. Frente a tal promesa, sólo cabe rogar al amable lector que compruebe por sí mismo, si de momento sigue siendo incapaz de percibir cuatro dimensiones.

Nunca los científicos agradecerán suficientemente a Karl Popper que defendiera con tanta tenacidad que toda teoría científica es falsable, y si no es falsable no es científica. Precisamente porque la ciencia es falsable, y por ello provisional, no hay peligro de que los próximos Premios Nobel de Física, Química y Medicina, queden desiertos, porque en todo el año no ha habido avance alguno en esas tres disciplinas. La Ciencia nunca agotará lo que llamo consistenciaCOSMOS, o sea, la inmensa fórmula lógica que corresponde a todo lo que existe de hecho en nuestro mundo, incluidos el cuerpo y la psique de los humanos. Los más poderosos cálculos matemáticos sólo arañan su corteza, por así decir. En resumen, La Ciencia nos permite manipular la naturaleza en nuestro beneficio, pero su secreto misterio nunca será desvelado por ella.

Con todo, más importante para nuestro tema es el mundo de la libertad y los valores. Al contrario de las frustradas pretensiones de la Ciencia, es aquí donde encontraremos la anhelada y no falsable verdad primera.

Para empezar, Frege y Peano han resucitado el viejo argumento ontológico. Puede exponerse con más rigor con adecuadas fórmulas. Sin embargo, y para que lo entienda todo el mundo, baste este breve razonamiento. Hoy día la ciencia ha admitido el Big Bang. Pero, so pena de que nosotros no estuviésemos ahora aquí, antes del Big Bang tenía que existir su posibilidad lógica, es decir, la consistenciaCOSMOS antes aludida. Pero, si existe la posibilidad lógica de nuestro cosmos antes del Big Bang, existe también el Ser necesario o Dios. Lo impone la dualidad lógica entre posible y necesario. Posible es lo mismo que no necesario no. Y necesario es lo mismo que no posible no.

El paso siguiente es el desarrollo de una Axiología que conciba los valores como las perfecciones mismas de Dios, accesibles a nosotros mediante la intuición directa de los valores en la conducta humana. Lo he intentado en mi “Curso Completo sobre Valores Humanos” (Ed. Innovaética en papel; Amazon en e-book).

Dije antes que comparto con Quintana Cabanas la idea de que la Axiología ha desplazado a la Metafísica de su trono. La razón de ello está en que también son duales entre sí los conceptos de poder-ser y deber-ser. Si en los entes contingentes o creados el poder-existir precede al existir, lo mismo sucede con el deber-existir respecto a Dios. La expresión Dios existe se queda corta. Lo correcto es Dios debe existir. O sea, Dios existe -el Ipsum Esse de la Metafísica-, porque previamente debe existir o necesariamente es -el Valor Valorum de la Axiología-.

José María Méndez

Presidente de la Asociación Estudios de Axiología

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (3)    No(1)

+
0 comentarios