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DESDE ULTRAMAR

Víspera de Reyes. Las mil y una noches

Marcos Marín Amezcua
jueves 02 de enero de 2025, 20:08h
Aprovechando que la cercana Noche de Reyes es sinónimo inmemorial de ilusión, fantasía y ensueño, este año acerquémos a Las mil y una noches por regodeo.

En la Navidad del 84 mi madre me obsequió la célebre a petición del suscrito y me tardé justo 40 años en concluir la lectura del robusto volumen. Se logró. Lo he tenido siempre por la versión más completa, una excerpta más que ser antología o florilegio, no desconociendo que hay otros compendios derivados de su interesantísima y azarosa confección a lo largo de los siglos y del viacrucis de su traducción, más los avatares que alteran el argumento secuencial definitivo de la afamada obra de origen incierto, al grado de que se ha señalado a Simbad el Marino o a Aladino como una especie de intrusos impostados por no pertenecer a la secuencia original, que unos datan del siglo VIII y otros aluden a su perfeccionamiento en los siglos XIII y XIV. Sí, existen muchas composiciones del libro y alguna hasta refiriendo un traductor al árabe moderno llamado Abu Abd-Allah Muhammad. Otras ediciones nos llegan sumergidas en el anonimato total, ya que Scherezada es la cuentista, pero no es la autora directa, todo apunta.

Recuerdo perfectamente bien por qué pedí ese presente de Navidad y me fue felizmente concedido. Partiendo de que mi madre siempre leía de todo, me movió la intriga por saber cuáles eran todos los afamados cuentos que componían el sugerente título, transportándonos a sitios misteriosos, míticos, remotos, fantásticos. Lo exoré para abandonar clichés y los consabidos relatos de siempre referidos de cajón, como me agrada hacerlo con tantos otros temas, es decir, por saber cuáles más, cuántos son en total y abandonar la generalidad. Y Las mil y una noches es una magnífica oportunidad de búsqueda de sus totales, si es que eso fuese posible obtenerlo. Me sucedió igual con la suite de El Cascanueces conseguida al completo por mi padre en el veranillo de ese mismo año 84. Felices recuerdos. Hay que bandear reduccionismos y cualquier epítome le restaría valor a estas intrigantes narraciones cuajadas de asombro no exento de perplejidad.

Sin lugar a dudas, que leer un texto a lo largo de 40 años permite verlo con ojos distintos. No es lo mismo a los 13 que a los 53. El ejemplar no deja de ser atrayente, pese a todo. Vgr. no es igual pasar de ciertos vocablos que resultasen incomprensibles a coger el diccionario tiro por viaje, para enriquecer el léxico ante expresiones que hoy pudieran parecernos desusadas aun siendo valiosas, pese a que el tocho en comento en mis manos, huroneo, fue impreso en 1981. Hoy cuento con una colección de versiones que enriquecen mi opinión sobre tal.

Se ha señalado que la expresión “las mil y una noches” no obstante sonar evocadora y provocativa, amén de extraordinaria por su aparente inquebrantable asiduidad, no es ni rotunda ni literal. Que el epígrafe asignado al acopio de cuentos ancestrales en plan recensión se asemeja más a un “sin contar” o un “contar y no acabar” y no a la suma puntual de quedas. Sin embargo, en alguna compilación final se menciona la noche mil y una. Y hubo a quien, contándolas, no le da la cifra a juzgar por las pausas registradas en su exposición. La mixtura de fábulas de postín, relatos, leyendas, apólogos y cuentos originales ofrecen narrativas enalbardadas, cuyo curso y desenlace advierten requiebres, ritmos y maneras diversas, no uniformes. Un baturrillo. En más de una ocasión poseen entresijos inesperados, sublimes, insospechados, seductores y con arrebatos intempestivos y finales impredecibles bien hilvanados en sus conclusiones (alguno demerita), empero topándonos con menos genios de los supuestos y alude más a jardines en una zona desértica descritos de manera apologética que a alfombras voladoras; y hay más similitudes expresivas entre narraciones sinuosas de las que sospecharíamos, repitiéndose palacios arrobados, fastos salidos de la nada, personajes que viven el amor y el desamor, la traición y la codicia, las clases sociales con sus reglas y límites de interacción, andurriales lejanos, distantes, fabulosos o se detalla las venganzas, los redobles en la dirección supuesta en cada relación o centelleantes escenas en sitios legendarios de inimaginable verificación que aportan expectación, curiosidad, sorpresa e invocaciones permanentes a usanzas de la religión islámica. Hay comedia. La mujer suele ser vilipendiada o se dispone de ella con una largueza que refleja idiosincrasia y, sin embargo, haberlas háylas empoderadas y solventes, poderosas, con roles definidos e inocultables, empero casi siempre su destino lo deciden otros con mucha manga ancha. ¿Crímenes son del tiempo…? Quizás.

Podemos distinguir dos narrativas. La una, compuesta con seres mágicos y situaciones sobrehumanas. La otra, una cuantía enlistando los sentimientos universales, quintaesencia de nuestra vulnerable condición humana. Con sus altezas y bajezas, sus reculos y sus dobleces, sus más profundos deseos y sus más deleznables ruindades. Derroche, riqueza, explayando dones y solazándose en medio de un afán de lucimiento, despliegue, enaltecimiento, poderío, todo convertido en una constante, casi una manía, una suerte de obligada consecución, así descuellan. Se anhelan, persiguen o prodigan las inagotables riquezas profusas descritas cual tesoros –uno más formidable que el anterior, pero referido de forma somera– usadas mas en plan avasallador y de sometimiento, siempre infinitas e increíbles, desatando nuestra imaginación y retando nuestras lógica, reciedumbre y templanza ante el exceso desbordado, exhibido e inacabable.

La monumental al completo no es un grimorio ni fantasmagoría, pero pareciera, añadiendo copiosas exoticidades, con sus magos y hechiceros, encantamientos, sortilegios, la superchería aflorando, los momentos deslumbrantes o describiendo ocasiones espeluznantes; por la zalamería del trato, la prodigalidad del agua de rosas, de joyas munificentes y pedruscos de codiciada condición; o por las rebuscadas y gratas palabras que al traducirlas se han quedado arrumbadas y debemos rescatarlas, como lo son sombraje, circunstante, fimbraria, cuévano, alborozo, banasta, como igual encuentranse denostaciones abiertas a los nazarenos –cristianos, mencionados poco y los mejor librados– o a los judíos y hasta alcanzan a los “descreídos romanos” o hay alusiones a los francos. Los impíos (al Islam) son reprochados por serlo de manera recurrente, aludidos como infieles. Y aparecen por doquier y se dispone de los esclavos, que pululan, como si fueran zapatos…o babuchas. Asoma el canibalismo, vampirismo, el poder del comercio denotando opulencia y suntuosidad y las remisiones infinitas al Corán. Ser culto es una rareza que se aprecia y destaca y la oportunidad y la duda están.

Resultan elocuentes los convites y comilonas, festines a manera de gaudeamus de vértigo ejecutados en escenarios nada embozados con notabilísimos revestimientos, exotismos de órdago, excentricidades ribeteadas de todo género de avituallamientos coruscantes, resplandecientes, más o menos pormenorizados, en tanto que de cada episodio pueden desprenderse varios lances, convirtiendo su continuidad en algo un poquito laberíntico y farragoso. Engolosina que se tenga noticia dibujando un arco que corre de la genérica África y Egipto o Abisinia hasta la China y entre el Cáucaso y el Índico no así nombrado. Con Samarcanda se abarca un radio amplísimo. No pasa inadvertido, si bien el tándem transcurre más entre El Cairo y Bagdad. Es una lástima que los mares e islas que suelen incluirse carezcan de una identificación más moderna que permita reconocerles de manera tangible, mas advierten los conocimientos geográficos disponibles. Hay alusiones llamativas a Alepo, por ejemplo, pergeñada como ciudad culta y a la idílica Damasco. Y a Mosul…qué pena hoy destruida como Irán. La India es referencial de esplendor y abundancia y como Egipto, es civilizatoria.

También esta reunión de historias es un interesantísimo listado de objetos, enseres, productos y piezas ya reconocidas, desde frutos a metales, pasando por utensilios, incluyendo telas, ungüentos, ingredientes y postres. El orientalismo abreva de sus letras y el imaginario se robustece con sus aromas y sabores.

Al final, queda el convencimiento de que la narradora al ser cultísima solo así engarza temas disímbolos con arte y maestría encomiables. La ensoñación suelda lo fantasioso de los vericuetos y abona al ánimo de permitirle continuar su confidencia que en un santiamén transita de la demasía y la suerte más atronantes y al despligue de poder más inusitado y portentoso a la miseria. El sultán cornudo que no busca quién se la hizo, sino quién se la paga, se limita a escuchar, se compra todas, pero el oyente de paso le hace dos hijos, que la nocturnidad y la nitofilia son luengas, en tanto cautivan a los lectores ávidos y en vilo, quienes también quieren saber qué prosiguió después de que el alba inoportuna barruntara el horizonte aflorando el rosicler, interrumpiendo la narración a reanudarse la noche siguiente. El rótulo de este repertorio es estimulante. No lo entretengo más, acuda presuroso a leer su contenido. 244 historias, dicen…

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