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AL PASO

Orden y concierto

Juan José Solozábal
martes 21 de enero de 2025, 18:52h

Releer este Cuaderno es parecido a ordenar la biblioteca. Cuando repasas los libros que tienes te encuentras con las situaciones y las personas, las circunstancias, en suma, en las que te hiciste con ellos: revives un pasado, que recuperas hasta cierto punto, aunque la operación puede deja un poso algo agobiante de melancolía, ante lo que conviene prevenirte. Esto explica que alguna vez en tal tesitura hayas desistido y abandones una casa, por ejemplo la de tus padres, o la habitación donde residías antes de pasar a un Colegio Mayor, por ejemplo, sin más, sin despedirte de los libros de la biblioteca, aunque estos se encontraran agarrados a determinados episodios de tu biografía.

Ahora me pregunto donde estará el album que mi padre tenía con la bandera republicana, y que al comienzo de su desempeño como secretario de Ayuntamiento recibiría de la administración local central, con las fotos de todos los prohombres del nuevo régimen. También perdí los libros estupendamente editados de Ciencias Naturales que mamá conservaba de sus estudios en la Normal de Zamora. Eran un testimonio de la atención que a la formación de los maestros, a la renovación pedagógica, se prestaba en los aledaños de la Institución Libre de Enseñanza, en que debía situarse el centro referido. En algún traslado desapareció sin duda el rastro del posiblemente primer intento serio de historiar el presente del régimen franquista, preludiado de un examen de la guerra, aunque ciertamente hecho desde premisas conservadoras, que había preparado para el Instituto Gallach, Carlos Seco Serrano, y que yo recibí al terminar el bachillerato. Sí que conservo en cambio, un libro importante adquirido al finalizar Preu, que me ha acompañado siempre y que todavía repaso: la Teoría de la Expresión Poética de Carlos Bousoño. Bousoño dedica el libro a referir técnicas y métodos de interpretación poética desde la Filología; sin duda pienso que el principal cometido del constitucionalista es también interpretar, es decir, explicar creativamente, en este caso textos normativos, para lo que el ejemplo del eximio poeta y profesor español es de gran ayuda.

Como insinuaba al principio, simultaneo la ordenación de la biblioteca con la relectura de este Cuaderno. Con lo primero que me encuentro es con los recuadros que pueden servir para afrontar el desánimo o el tedio que no es raro embargue, como me sucede ahora, a quien examine la situación político constitucional presente. Lo mismo la causa de tu estado espiritual debe atribuirse no a razones objetivas sino a tu predisposición personal. Recuerdas entonces a Galdós cuando en los Episodios relata el discurso de Tito Liviano en el Durango carlistón. El fingido cronista “pobre peregrino que ha venido de la región del pecado (o sea el Madrid liberal) a esta comarca de la inocencia y las virtudes”, les propone a sus oyentes para redimir a la mísera España, “que sería la nación preferida de Dios, si se organizase a la usanza vuestra”, instaurar una República Hispano-Pontificia, delegación del Papa, bajo gobierno de todas las órdenes religiosas y restaurando la Inquisición. Tito Liviano, temiendo que el choteo a los maravillados durangueses fuese descubierto, desapareció de inmediato de la ciudad vasca. En otra ocasión Galdós se burla de la endeblez ideológica del liberalismo español, al referir el caso de aquel alto funcionario progresista manchego que al llegar sus oponentes conservadores al poder atiende las razones de su mujer, no dejar sin dote a su hija, y, en un alarde de panzismo, repara en que la distancia entre el Progreso y la Reacción, bien mirada, no es tanta, por lo que decide aceptar el ofrecimiento de continuidad en el cargo y dejar de lado los escrúpulos políticos que le amargaban.

Hay recuadros que advierten de lo reparadora que es la poesía.Juan Ramón nos ofrece un ejemplo de felicidad innegable. Del Marqués de Palomares nos dice que siempre parecía, aunque fuese en Septiembre, venir “de pasar la primavera en Sevilla”. Joan Margarit es un poeta aficionado, tardío y bilingüe. No es un poeta profesional ni tampoco académico: escribe porque le ayuda a vivir o soportar la vida, sobre todo para sobrellevar la desgracia. Hay, dice divertidamente en la Residencia de Estudiantes, donde presenta un poemario, calcula él, unos siete mil amantes de la poesía en Cataluña y en toda España unos cincuenta mil. Entendiendo por lectores de poesía los que tienen en la mesilla de noche un libro de poemas.

Me gusta recuperar quizás especialmente el “al paso” que contrapone a Berlin y a Arendt. Son dos clásicos de la teoría política y aparecen asimismo como defensores de la democracia frente al totalitarismo o la dictadura, aun a costa de sacrificios y riesgos personales. Coetáneos, , pues Arendt nació en Alemania en 1906 y Berlin en la entonces Rusia en 1909. Ambos fueron exilados; experimentaron la brutalidad de la revolución, aunque de diferente signo respectivamente; se implicaron como judíos en la causa del sionismo; trataron, en fin, lúcidamente de entender su circunstancia partiendo de las experiencias vividas.Y sin embargo sus diferencias eran enormes. Personalmente se odiaban: Arendt consideraba a Berlin un frívolo y Berlin creía que Arendt era altiva y oscura, aunque pretendiese ser profunda. Sus presupuestos metodológicos o filosóficos eran contrarios. La tradición empirista y pragmática inglesa de Berlin frente al existencialismo alemán de Arendt. Heidegger y Jaspers inspiraban a Arendt; mientras aburrían a Berlin. Sus temperamentos diferían claramente: ella era valiente, carismática, despierta, asertiva e impulsiva; y aducía sus argumentos francamente. El en cambio era escéptico e irónico; simpático, al tiempo que encantador y susceptible.

Pero el recuadro que prefiero es el dedicado a Azorin, al que llego ahora con el libro de mi biblioteca, Los valores literarios, 2013, en la mano. Lo que seduce sobremanera del escritor es su capacidad para captar un momento singular que no ha de repetirse y que quedará indeleble en nuestra memoria. Se trata de instantes que dejan una estela de melancolía que es ajena a los clamorosos sucesos. Puede tratarse de unos días junto al mar o una montaña o una visita rápida a la vieja ciudad; o el conocimiento inesperado y grato de alguien al que no hemos de volver a ver. “Delante de nosotros se abre el camino de la vida; Nos detenemos un instante y luego proseguimos, inexorablemente, la marcha”…

Juan José Solozábal

Catedrático

Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.

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