La estrella de los Baltimore Ravens sigue asombrando en la temporada regular y defraudando en playoffs. Demasiadas veces con múltiples pérdidas en momentos clave.
Lamar Jackson es uno de los mejores jugadores de fútbol americano de la actualidad. Sólo su capacidad de crecimiento precisará si esta afirmación es extensible a la historia de la NFL. Con 28 años ya ha sido capaz de acumular premios y reconocimientos por doquier, lo cual expone a las claras su categoría en el emparrillado. En su cosecha individual sobresalen los dos premios MVP (que pueden ser tres si bate a Josh Allen en la pelea por el galardón de esta temporada), las tres nominaciones en el mejor equipo el año (All Pro), las cuatro llamadas al Pro Bowl (espejo del All Star de la NBA) o el trofeo Heisman, que nombra al mejor jugador universitario del país. Pero no acaba ahí la cosa, pues posee el récord de yardas terrestres recorridas por un quarterback de la historia y en un mismo curso. Y por si fuera poco, ha sido líder de la liga en touchdowns de pase y en el passer rating (el parámetro que mide el rendimiento de los pasadores).
En definitiva, la cabeza visible de los Baltimore Ravens ya se ha ganado la categoría de estrella importante. La dimensión de su figura ha relanzado a una franquicia que quedó huérfana tras el declive de Joe Flacco y las despedidas de los legendarios defensores Ray Lewis y Ed Reed (miembros ambos del Salón de la Fama de la liga). Lamar aterrizó en la competición después de tres años sensacionales en la NCAA y fue drafteado en el puesto 32º por el equipo de Maryland, en 2018. Desde entonces ha rendido en la élite de forma sostenida, llegando a convertirse en el mejor jugador del torneo en su segundo año (2019). Sus números aterrorizan a cualquier defensa: ha sido jugador de la semana de la AFC 13 veces, jugador del mes de dicha Conferencia en otras cinco ocasiones y el primer y único quarterback de siempre en varios apartados. Valgan como ejemplos de una larga lista que posee múltiples cursos de más de 1.000 yardas de carrera; en 2019 sumó más de 3.000 yardas de pase y más de 1.00 terrestres; este año ha sumado más de 4.000 yardas aéreas y otras 800 yardas de carrera; y nadie antes que él había sumado, en un mismo partido, dos anotaciones de pase, otras dos de carrera, 100 yardas terrestres y 100 puntos de passer rating.
Lamar Jackson, el MVP
Esa producción constituye una barbaridad nunca vista en la NFL. Los datos no engañan. Y bajo su conducción los Ravens han tenido cursos con balance ganador (más victorias que derrotas) en seis de los siete años en los que ha jugado. Entonces, ¿por qué recibe tantísima crítica cuando su equipo no consigue llegar a las últimas instancias de la pelea por el anillo? ¿Por qué tanto analistas como aficionados de Baltimore le cuestionan de una tan forma contundente como la que se ha visto en los últimos días? La dura derrota sufrida ante los Buffalo Bills el pasado lunes, en la ronda divisional de los playoffs, ha desatado una oleada de cuestionamientos que apuntan directamente a su liderazgo. Se está insinuando que no posee el aplomo y, en resumen, la calidad global para conducir a sus compañeros a una Super Bowl.
Para comprender esta situación paradójica vale revisar la mencionada derrota. En el Highmark Stadium de Orchard Park, Nueva York, actuando como visitante, Jackson pasó para 254 yardas y dos touchdowns, con una serie de 18 de 25 en los lanzamientos intentados y una puntuación de 114.4 en el passer rating. Asimismo, corrió 39 yardas. Esta tarjeta estadística y en esta altura del campeonato, sin duda puede seducir a todos los general managers de la liga. Sin embargo, hay una letra pequeña que no queda reflejada en esa fotografía de rendimiento. Y es que sus errores generaron un agujero que Allen y los Bills aprovecharon. En el primer cuarto cometió una intercepción absurda -sin presión ni un receptor cerca de su pase- y en el segundo cuarto cometió un fumble (balón suelto perdido) que derivó en una anotación oponente. En ese trance y hasta el descanso el marcador pasó de un 7-7 a un 21-10 que dejó a los visitantes obligados a completar una gesta. Finalmente, Mark Andrews falló de manera tan sorprendente como grave y quedaron eliminados contra pronóstico.
Uno de los mejores ataques de la liga no supo conducirse hasta las Finales de Conferencia. El quarterback que resplandeció en el Wild Card contra los Denver Broncos (175 yardas y dos touchdowns de pase, 16/21 en sus lanzamientos, un passer rating marciano de 132 puntos y otras 81 yardas de carrera) titubeó en el momento de la verdad, contra un rival de entidad y en un entorno desfavorable. Su renacer postrero, en el que condujo un drive ganador estropeado en la conversión extra por el drop de Andrews, no bastó para llevar a la victoria a su colectivo. Ni para maquillar la inestabilidad que le persigue en los playoffs como un fantasma corrosivo capaz de poner una incógnita a su legado. Porque sus datos en la postemporada, tozudos en cuanto a lo desapacible, ya empiezan a preocupar a la ruidosa hinchada del M&T Bank Stadium.
"Estoy cansado de esto"
Al término del encuentro en Búfalo, el doble MVP se sinceró. "En la primera parte tuve dos turnovers (pérdidas de balón) costosas. No fui capaz de vigilar al safety sabiendo cómo era la cobertura y lancé una intercepción idiota (...) Después, el fumble cuando estaba tratando de hacer que ocurriera algo", comenzó en una intervención en la que aseguró lo siguiente: "Toda la temporada he estado diciendo que siempre que estamos en situaciones así (jugando partidos importantes) los turnovers son un factor... Esta noche tuve las pérdidas de balón y por eso perdimos como se puede ver. Estábamos moviendo el balón de maravilla... Esta mierda es molesta. Estoy cansado de esto". Preguntado por qué enseñanza extrae de todo lo ocurrido respondió, seco, "tengo que proteger mejor la pelota".
Así se derrumbó otro viaje anhelado a la final anual del fútbol americano. Con el tigh end estelar, que no había dejado caer ni un pase en todo el curso, fallando y con el quarterback genercional, que sólo había cometido cuatro intercepciones en los 18 partidos precedentes, lanzando un pase al rival en una desconexión incomprensible dada su jerarquía. De aquí en adelante es tiempo para la reflexión en el bloque preparado por el veterano John Harbaugh, el entrenador que ha ganado los dos únicos anillos que iluminan las vitrinas de los Ravens (en 2001 y 2013). Y es buen momento para observar la extraña inercia que está dibujando Lamar en los playoffs si se comparan con la excelencia mostrada en las temporadas regulares. La realidad en lo relativo a ese paragón es cruda. Nadie en toda la historia posee tantos triunfos durante las jornadas del curso y tantas derrotas en las eliminatorias, del mismo modo que nadie ha ganado tanto sin llegar a la Super Bowl. Aquí están los números: 70 triunfos en siete años durante las semanas del calendario y cinco derrotas en los ocho partidos de playoff disputados.
Lamar Jackson es otro en playoffs
Sólo ha llegado una vez a la Final de Conferencia. Ocurrió en el curso pasado, cuando cayó ante los campeones Kansas City Chiefs (17-10). Entonces elevó su producción hasta las 272 yardas y un touchdown de pase, con un 20 de 37 intentos... y cometió una intercepción y un fumble decisivos. Otra vez. La inconsistencia cuando la presión toca techo ha sido su cruz desde que llegó al profesionalismo. Y lo sabe. De los ocho partidos disputados en las eliminatorias, en cuatro de ellos, el 50%, ha cometido múltiples pérdidas. Y, claro, perdió todos esos encuentros porque la penalización es terrible en ese nivel. En 2018, año de su debut, le sucedió ante Los Angeles Chargers (23-17, en primera ronda); en 2019, año de su primer MVP, le pasó contra los Tennesee Titans (28-12, primera ronda); en 2023, curso de su segundo MVP, aconteció lo mencionado frente a los Chiefs; y hace días le volvió a ocurrir lo mismo cuando se medía a los Bills. Y en la campaña regular sólo ha padecido varias pérdidas de balón en 14 de los 94 encuentros jugados, lo que representa un pírrico 15%.
Hay más material de estudio. En los ocho partidos de postemporada completados registra 10 touchdowns de pase y tres terrestres, pero ha cometido siete intercepciones y cuatro fumbles. Y cada vez que gana un partido en los playoffs se le atraviesa el siguiente. En sus primeros partidos su balance es de tres victorias y dos derrotas, con siete anotaciones, cuatro intercepciones y un promedio de 22.2 puntos por partido y de 102.8 yardas terrestres. Pero en sus segundos partidos no ha ganado todavía (tres derrotas). En esos eventos sus números se despeñan hasta los tres touchdowns, tres intercepciones y promedios de 12.7 puntos por partidos y de sólo 42.8 yardas por tierra. "Tengo que superar esto y proteger el balón porque soy el líder", se resignó ante los micrófonos en el frío Búfalo el pasado fin de semana. La temporada baja se abrirá para él con más trabajo que nunca. Y quién sabe si con su tercer MVP. Toda una paradoja.