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DESDE ULTRAMAR

De la peli Cónclave al Jubileo de los Comunicadores

Marcos Marín Amezcua
jueves 30 de enero de 2025, 20:02h
Transcurre el Año Santo y se ha verificado ya el Jubileo de los Comunicadores. En coincidencia con el estreno en México de la película Cónclave. Reflexionemos.

Comienzo por el filme Cónclave (RU/EU, 2024). Cuidó los detalles. Caben tres precisiones. En primer lugar: es una cinta bien documentada en los entresijos de tan singular institución eclesiástica. Palabras, gestos, ambientes, su proceso están perfectamente ilustrados. Les han prestado grandes escenarios y han recreado otros con absoluto apego. En segundo lugar, loable el protagonismo de ciertos personajes, el jaloneo de sotanas, los protocolos, los intereses al tenor de la lucha siempre sabida al interior de la Iglesia en derredor a la sucesión pontificia, que cobra su propia dinámica desde el Concilio Vaticano II. Aperturistas frente (debemos admitir, ¿contra?) tradicionalistas. Yo me sitúo en los primeros, desde luego, y, ergo, apunto severos cuestionamientos, verbigracia, a determinadas entretelas de la Iglesia como a Escrivá, que son variaciones del mismo tema.

En tercer lugar, dicho lo anterior, el film en comento refleja somera, pero fielmente, esa disputa y advierte que el tironeo de sotanas es tan fuerte, tan vivo. La pregunta que me formulo es si de verdad está aludiendo al papa Francisco –tan vapuleado por tantos, tan receptor de nuestro apoyo desde tantos más– y si por el contrario, no está narrando el celuloide al cónclave en que se eligió a Benedicto XVI, porque el finado antecesor en la peli pinta más por físico, secretos y conocimientos sobre determinadas realidades, a Juan Pablo II, amén de que tanta revelación de los vericuetos de un cónclave nos haga merecedores de la excomunión. Ya se sabe, a quienes revelen los detalles de tal. Y es que alude más a la elección de BXVI que a la de Francisco. El cardenal Tedesco (tedesco en italiano significa alemán) es tan retro, tan reclamante de una ortodoxia que puede derivar en cerrazón y, atinó, describe mejor que nada al finado sucesor de Pedro. Clama terminar el diálogo con los musulmanes y eso hizo BXVI. El cardenal canadiense acusado de escándalos sexuales puede ser en realidad, el cardenal australiano que tanto dolor de cabeza dio al polaco y al alemán. Y así.

Ahora bien, un papable mexicano que pueda ascender al solio pontificio…con determinadas características corpóreas conduce, para no adelantar más detalles, a preguntarnos con absoluta seriedad si la segunda congregación católica del mundo, como lo es la mexicana por su tamaño, tiene verdadero poder en Roma y en el Sacro Colegio Cardenalicio –donde posee una presencia tan inmerecidamente ínfima y desproporcionada tirando a menos a su interior en relación con el número de fieles mexicanos– como para colocar a uno de los suyos en la cátedra de San Pedro. La verdad es que no tiene posibilidades. Aunque las viejitas piadosas, las más piadosas entre las viejecitas, rezaran con gran y encomiable fervor, la Iglesia mexicana está absorta, concentrada en obtener las ingentes riquezas que deja el Tepeyac y no, en cambio, va desinteresada en buscar ya no en colocar un papa mexicano ni a trazar la senda de la Iglesia, careciendo de dicasterios, congregaciones de peso mundial, de teólogos –ni uno– y exégetas y demás estudiosos renombrados y de peso en la fe, referenciales a todo el mundo católico, que no los hay. A mí, esa actitud tan ensimismada y gris en términos de no trascender fuera de México sí me descoloca, me descentra, pues es una actitud, un talante que no me agrada por carecer de ambición, pero es lo que hay. Me gustaría una Iglesia mexicana renovada, ambiciosa por aspirar a dirigir al catolicismo, influyente en determinar los grandes dogmas, posicionamientos y discusiones existentes al interior de la Iglesia como los hay y me quedaré con las ganas. Mis paisanos se conforman con cantar Las Mañanitas a la Virgen. Nada mal, pero nada más. En términos de conducir a la Iglesia puede afirmarse que desde el capítulo mexicano hay indiferencia, mediocridad y desinterés para elevar un pontífice mexicano, desaprovechando la fuerza potencial que pudiera explotarse, desperdiciando así el volumen de esa feligresía secuestrada para centrarse solo en el Tepeyac, cosa promovida, exaltada e inducida en esos términos y resultados obtenidos.

Amén de todo lo expresado, no se pierda la oportunidad de ver este largometraje que es altamente recomendable y si está usted familiarizado con instituciones tales como el cónclave, lo disfrutará al doble.

Y ocurre el éxito de la multicitada proyección cercano al Jubileo de los Comunicadores, denominado Jubileo del Mundo de la Comunicación, calendarizado en el marco del Año Jubilar entre el 24 al 26 de enero de 2025 en Roma, en donde para este tiempo de gracia, ex profeso puntualizó un video del episcopado mexicano incluir en tal rango a comunicadores per se, periodistas, conductores, analistas, creadores de contenido digital y profesionales de la comunicación llamándolos “a ser auténticos constructores de esperanza desde la verdad […] que sirva a la verdad con objetividad y profesionalismo, que construya puentes de diálogo para que se pueda escuchar la voz diversa, que promueva la paz y la reconciliación, que dé voz a quienes no la tienen”.

“Comunicar es salir un poco de sí mismos, para dar un poco de mí a los demás […] es el encuentro con el otro. Saber comunicar es una gran sabiduría” ha expresado en su oportunidad el romano pontífice. En el acto del 25 de enero ha participado como una de las oradoras, la muy destacada filipina Maria Ressa, premio nobel de la Paz, defensora de la libertad de expresión, muy dedicada a estudios sobre Internet y la IA, advirtiendo en el aula Pablo VI: “Este jubileo llega en un momento en que el mundo está al revés, cuando lo que está bien, está mal y lo que está mal, está bien […] Las redes sociales (conectaron) al Diablo con el sistema nervioso. Las grandes tecnologías transformaron las redes sociales de una herramienta de conexión a un arma de ingeniería conductual masiva. Estas plataformas no son neutrales, son sistemas tecnológicos sofisticados, diseñados para explotar nuestras vulnerabilidades psicológicas más profundas, monetizan nuestra indignación y odio, amplifican nuestras divisiones y erosionan sistemáticamente nuestra capacidad de pensamiento matizado y empatía […].

Las mentiras se propagan 6 veces más rápido en las redes sociales […] si hacemos creer a la gente que las mentiras son hechos, entonces podemos controlarlas. Los modelos de negocios de las grandes tecnologías empujan todo esto […] sin hechos no podemos tener la verdad y sin la verdad no podemos tener confianza. Sin estos tres elementos no tenemos una realidad compartida y mucho menos, podemos resolver problemas existenciales como el cambio climático; no podemos tener el periodismo, no podemos tener la comunicación y no podemos tener la Democracia. Los modelos de negocio del capitalismo se basan en una traición fundamental de la dignidad humana, en la que la privacidad de los datos se ha convertido en un mito y la IA, los algoritmos, nos han clonado y manipulado. Tres puntos (consideremos): crear cámaras que exacerban los egos existentes, priorizar el conflicto sobre la comprensión y monetizar la atención humana a expensas de la cohesión social. Esto no es un accidente. Es un diseño deliberado, una arquitectura con fines de lucro que aporta cientos de miles de millones de dólares al año a estas empresas.

Los hechos en las redes sociales no se quedan en las redes sociales. Tenemos a dos seres, uno que vive en el mundo virtual y otro que vive en el mundo real. Las grandes tecnologías hackearon nuestra biología, cambiaron la forma en la que sentimos, en la que vemos el mundo, lo que cambio nuestra manera de actuar […] La tecnologías es el fósforo que enciende la leña seca del mundo […] las grandes tecnologías rompen la democracia.

La violencia en línea es violencia en el mundo real […] los dos elementos se alimentan mutuamente. (Frente a los conflictos armados actuales) estas guerras no solo se libran con misiles y tanques, sino también con algoritmos, desinformación y la destrucción sistemática de la verdad y de la confianza. La guerra de información, el juego del poder geopolítico. Están explotando el diseño de estas plataformas, recordemos que el objetivo no es hacer creer una sola cosa. El objetivo es hacer dudar de todo, para que las personas se queden paralizadas a nivel global […] tenemos dos lineas principales de fractura de la sociedad: género y raza. La tecnología recompensa las mentiras […] los hombres que controlan esta tecnología transformadora ejerce un poder divino, pero no son dios. Son solo hombres cuya arrogancia, falta de sabiduría y de humildad está llevado al mundo por un camino oscuro”.

Para no quitar el dedo del renglón al reflexionarlo. Estas palabras son relevantes ¿no lo cree?
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