Álvaro García Ortiz pasará a la historia por ser el primer fiscal general del Estado que ha sido imputado por el Tribunal Supremo. Y, a pesar de que los partidos de la Oposición y hasta las Asociaciones de Fiscales han exigido su dimisión ha decidido enrocarse en el cargo, animado con entusiasmo por Pedro Sánchez.
Este martes ha sido vapuleado sin piedad por los senadores del PP y Vox en su comparecencia en la Comisión de Justicia de la Cámara Alta. Le han acusado de actuar “al más vulgar estilo de un delincuente y de estar al servicio de Pedro Sánchez” y han exigido su dimisión. Como toda respuesta, Álvaro García Ortiz se ha reído no se sabe si por nervios o por cinismo. Y se ha justificado declarando que “aunque dimitir sería más cómodo desde el punto de vista personal, estaría haciendo una concesión a los delincuentes" y colocaría a la institución en una “situación de debilidad”. Se ha mostrado, pues, como el garante de la independencia y el rigor de la Institución que preside.
Es habitual que los socialistas, en especial Pedro Sánchez y María Jesús Montero, se pasen el día riéndose. Además, se aplauden con entusiasmo a sí mismos cuando comparecen en un mitin o en el Congreso de los Diputados. Pero resulta insultante que García Ortiz se ría en la cara de los senadores al comparecer en la Comisión de Justicia. El Tribunal Supremo sentenciará si es o no culpable de haber cometido el delito de revelación de secretos. Pero, de momento, está acorralado e investigado. Su situación es demasiado grave e insostenible como para tomárselo a broma. Pero él se ríe. Probablemente porque se siente impune. Probablemente, porque está convencido de que Pedro Sánchez le rescatará con un indulto si fuera condenado. O amnistiado. Pues, como ha demostrado con Junqueras o Puigdemont, sus socios de legislatura o investidura son intocables. Y el fiscal general no puede ser menos. Es su más dócil y activo lacayo. También, el más torpe. Quizás por eso, Álvaro García Ortiz se ríe del PP al defender que borrara los mensajes de su móvil y se atreve a amenazar con una frase para enmarcar:” Imagínense que yo tuviese datos de ustedes y se filtrasen”. Olvida que, precisamente por eso, está imputado por el Tribunal Supremo. Por filtrar, siempre presuntamente, los correos del novio de Ayuso para perjudicar a la presidenta madrileña.