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TRIBUNA

La democracia alemana

José Luis Martínez López-Muñiz
lunes 24 de febrero de 2025, 19:47h

Los resultados de las elecciones del pasado domingo día 23 en Alemania se prestan a los más variados análisis, pero una cosa es clara: el pueblo alemán se ha sentido fuertemente interpelado por esta convocatoria y ha ido masivamente a votar. Si en las elecciones de 2021 votó un 76,5 % del electorado, ahora lo ha hecho un 6 % más, hasta cerca del 83 %, que es un porcentaje inusual en cualquier país democrático. Nadie podrá decir que la sociedad alemana no confía en su sistema democrático.

Si se comparan los resultados de estas elecciones con los del pasado 9 de junio de 2024 al Parlamento Europeo, en las que el nivel de participación –como es frecuente que ocurra- fue sensiblemente más bajo (solo un 64,74 %), es de notar un ligero descenso de los demócratas cristianos de la CDU y CSU, que habían llegado a recoger el 30 % del voto entonces –una importante victoria ya- y ahora ha obtenido un 28,52 %, un muy considerable ascenso de Alternativa por Alemania (AfD), que recibió en junio un 15,9 % del voto y ahora ha pasado –con ser muchos más el total de los votantes- al 20,48 %, y una modesta recuperación también de los socialistas del SPD, que de un 13,9 % –enorme batacazo- han pasado a un 16,41 %, aunque eso siga representando mucho menos, como enseguida comentaremos, de lo que obtuvieron en 2021 en las elecciones al Bundestag. Los Verdes se han mantenido cerca del 12 %, aun bajando casi 3 décimas, y los otros partidos más relevantes situados más a la izquierda del SPD han experimentado amplios cambios expresivos de un reposicionamiento de su electorado: La extrema izquierda del BSW ha pasado de un 6,20 % a un 4,97 –no llega a tener representación parlamentaria por no llegar al 5%-, pero su retroceso lo compensa Die Linke (La Izquierda), que sube de un 2,70% a un 8,77 %, logrando incrementar su presencia en el Parlamento, tal vez recogiendo también algo del voto perdido por el SPD desde las elecciones de 2021. Muy llamativo ha sido el hundimiento de los liberales del FDP, que si ya obtuvieron un resultado bajo en junio (un 5,2 %) ahora se han quedado por debajo del 5% (4,33%) y se quedan sin representación parlamentaria.

Más importantes es la comparación con los resultados de las elecciones de la misma naturaleza de 2021, que requiere tener, ante todo, en cuenta que el número de escaños del Bundestag ha sufrido una importante reducción, pasando de 736 a 630. Y ya hemos dicho que la participación en 2025 ha evidenciado un incremento de unos 6 puntos porcentuales con respecto a la de 2021.

El SPD fue en 2021 el partido más votado y obtuvo un 27,98 % de los escaños, aunque seguido bastante de cerca por la CDU y CSU, que sumaron un 26,76 % de los escaños. El cambio producido el 23 de febrero de 2025, la auténtica inversión evidenciada, es muy notable: CDU/CSU pasan a ocupar un 33,01% de los escaños, reduciéndose el SPD a solo el 19,04%. En 2021 los socialistas, con 206 escaños, aventajaban a los demócrata-cristianos en 9 escaños (de una Cámara, de como hemos recordado, de 736 escaños), mientras que ahora estos, con sus 208, tienen 88 escaños más que los socialistas en una Cámara de 630. El vuelco no puede ser más evidente.

Han bajado también los Verdes, de un 16,03% de los escaños de 2021, al 13,49 % que tendrán ahora: tenían 118 escaños y se han quedado en 85.

AfD, que solo tuvo en 2021 un 11,27% de los escaños en 2021 (83 escaños), ha logrado ahora un porcentaje superior al doble: un 24,12% (152). Ha pasado a ser la segunda fuerza política en el Bundestag, por delante del grupo socialista, que se ha quedado en 120.

También sube La Izquierda (Die Linke), y casi doblando asimismo el porcentaje que obtuvo en 2021, aunque solo era del 5,29% de los escaños (39). Han pasado ahora al 10,15% de la Cámara, con sus 64 escaños.

Ya hemos dicho que los liberales del FDP, que tenían un 12,5 % del Bundestag de 2021-2024 (92 escaños), se han convertido en un partido extraparlamentario en 2025.

Y permanece el escaño del partido SSW, de los daneses del Schleswig-Holstein, que, significaba un 0,13 % del total del Bundestag, y ahora representa un 0,15%.

Pocas dudas ofrece el panorama: entre los dos grandes partidos de la derecha -aun dentro de la simplificación habitual que estos términos políticos comportan- suman ampliamente mayoría absoluta: 360 de los 630 de la Cámara: un 57,14% del total de sus actuales escaños. Y están respaldados por el 49% del electorado. En la legislatura precedente, la coalición gobernante reunía los entonces 206 escaños del SPD, más los 118 de los Verdes y los 92, de los liberales del FDP: 416 del Bundestag de 736 escaños: algo más del 56 % de la Cámara. Han sido las tres fuerzas que han sufrido en las elecciones de 2025 el notable retroceso que queda expresado.

Podrá comprenderse que, con todo el ambiente dominante en los medios intelectuales, mediáticos y políticos sobre el significado de AfD (Alternativa por Alemania), CDU/CSU traten de recrear la coalición con el SPD tantas veces practicada en Alemania en los últimos sesenta años, que contaría con el respaldo, en principio, de 328 escaños, esto es, un ajustado 52 % del Bundestag. Los líderes de CDU/CSU habrán de hacer una adecuada valoración de la voluntad de sus votantes y del mejor modo de sacar adelante su programa en servicio de lo que hayan estimado más necesario para Alemania. No deberían dejar de apreciar si este coincide más o menos amplia y esencialmente con el de los socialistas o con el de Alternativa para Alemania. Ni deberían dejar de valorar si la coalición con el SPD va a poder evitar un aún mayor ascenso de esta Alternativa, y si una coalición con ella no podría, en cambio, comprometerla en el gobierno y limar sus peores aristas. ¿Tiene, en verdad, algo seriamente en común esa Alternativa con las pretensiones totalitarias y no solo nacionalistas del Nacional-Socialismo? ¿No viene estando su éxito más bien en sus pretensiones de sumisión a la legalidad de la emigración y de la población islámica, y de reducción de lo que ven como excesos ecologistas en diversos ámbitos de la política energética, agrícola, etc.? ¿Hay en sus programas o en sus actuaciones algo que tienda a demoler el sistema constitucional democrático?

Puede que el panorama no sea muy distinto del que se presenta en la mayor parte de los países europeos, aunque ciertamente las nuevas formaciones a la derecha de los tradicionales partidos de centro-derecha presentan variaciones en los distintos países. Piénsese en la propia España donde, sin embargo, aún es muy superior el apoyo al PP que a Vox, y, por el contrario, están en el Gobierno, o le hacen posible, fuerzas declaradamente contrarias a aspectos esenciales del orden constitucional vigente.

Para afrontar la situación, hará falta ciertamente serenidad, rigor, diálogo efectivo -no mero cruce de palabrería- y coherencia democrática, por encima de prejuicios e intereses, y con estricta adhesión a los ordenamientos constitucionales correspondientes y a lo más esencial de las libertades y derechos humanos.

José Luis Martínez López-Muñiz

Catedrático de Derecho Administrativo y profesor emérito de la Universidad de Valladolid

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