The Economist
jueves 27 de noviembre de 2008, 22:15h
A algunos lo que nos ha sorprendido es la sorpresa por el Informe de The Economist sobre la situación política española. Se trata de una pieza de periodismo bien hecha, que aúna la información contrastada, el buen juicio crítico y una irreprimible libertad de opinión. Todo lo que uno espera encontrar en un medio como el semanario en cuestión, que es, para lo bueno y lo malo, una referencia insustituible de la prensa inglesa.
Hay algo que resalta inmediatamente en el informe y es que lo autonómico constituye una dimensión inevitable de la realidad española, de manera que es imposible hablar ya sobre España sin reparar en la condición territorial de nuestra organización política. Así no se puede entender la acción pública sin advertir si se está ante una responsabilidad del Estado central o de alguna de las Comunidades Autónomas. Y por tanto carece de sentido inhibirse ante el comportamiento de las autoridades autonómicas y reservar la crítica exclusivamente para las conductas del Estado. Esta actitud del Informe ha podido sorprender a quienes piensan que los problemas de España, especialmente los relativos al funcionamiento de los servicios públicos , son achacables en exclusiva , todavía, al centralismo del Estado, pero parece lógica a quienes conocen el formidable alcance, en medios económicos y disposición de personal, de la descentralización autonómica.
Por lo demás, y en línea con una trayectoria hispanista, que se subraya, citando al princeps de los scholars hispanófilos Sir John Elliot, el autor del informe tiene una visión positiva, y aguda diría yo, del Estado autonómico. Acertadamente se señalan algunos efectos que la implantación generalizada del autogobierno ha tenido en España, con independencia de su justificación desde las demandas nacionalistas al principio. La autonomía, viene a señalarse, ha estimulado la competitividad entre las Comunidades Autónomas y ha contribuido a que en estos momentos el gap entre los diversos territorios de España, frente a lo que pueda ocurrir en otras experiencias descentralizadoras como Italia, haya disminuido considerablemente.
Cierto que no todo son luces en el Estado autonómico español. No se ha parado una dinámica que puede amenazar con la Confederación, como claro rebasamiento constitucional. Y no son tolerables seguramente algunas opulencias en los modos de los aparatos de gobierno autonómicos. Tampoco parece admirable el tratamiento lingüístico, para afirmar los rasgos de la propia cultura territorial. El peligro, que se denuncia sobre todo, es el de un aldeanismo centrífugo que cuestiona la credibilidad de la acción exterior del Estado español en un sistema internacional globalizado, en el que las oportunidades aparecen, como lo muestra la situación de crisis económica mundial, exclusivamente para las unidades políticas fuertes.
¿Qué pasa entonces? ¿Qué no se aplaude lo suficiente? ¿Qué no se agradecen ni reconocen como es debido los esfuerzos realizados?¿Que no nos entienden? Señor, qué tropa…
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Catedrático
Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.
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