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DESDE ULTRAMAR

1325-2025: 700 años de la fundación de Tenochtitlan

Marcos Marín Amezcua
jueves 13 de marzo de 2025, 18:21h
Este 13 de marzo de 2025 se cumplen 700 años de la fundación de Tenochtitlan, la afamada otrora capital del poderoso Imperio mexica, que conlleva tópicos profundos alusivos a México, a lo mexicano y a la mexicanidad amalgamada en un mito fundacional similar al que cada país puede tener. La fecha la retoma, por ejemplo, el Códice Mexicanus, año 2 calli, año 2 casa (1325). Es relevante este significativo séptimo centenario que no sucede todos los días.
La historia del suceso abreviase recordando que un pueblo oriundo de la mítica e imprecisa Aztlán, abandonó su terruño para, guiados por su dios Huitzilopochtli, buscar una tierra prometida. Deambularon dos centurias y tras de establecerse en Culhuacan y salir de pleito con el titular de aquel señorío, descubrieron en medio de su zozobra aquellas señales de ser el sitio místico que profetizaron sus ancestros Hay estudiosos que señalan que la fecha real fue 1324 y otros apuntan que en la siguiente edificaron su templo principal. El episodio atestiguó encontrar un águila sobre una nopalera implicando la conjunción de lo terreno y lo divino, de la tierra y el aire, la dualidad de la vida y la muerte, dualidad que ha marcado después a México o que, desde ese punto de partida, el centro mismo del universo, los cimientos del Cielo para la cosmogonía mexica, el nombre de México se consolidara. Su etimología más recurrente, que no única –46 posibles significados de México documentó Gutierre Tibón– supuso abonar elementos que definieron al escudo nacional cual hierofanía.
Quienes señalan que la ciudad llamose solo Tenochtitlan, advierten que habitada por los mexicas, por extensión denominose México. Apunta la profesora Cruz Cortés en un artículo publicado en la Gaceta de la UNAM que los mexicas se situaban entonces "bajo la égida mitico-religiosa de la Luna. En efecto, el tenochtli, nacido del corazón sacrificado de Cópil, es selénico por definición. Este hecho justificaría el gentilicio mexica, el cual remite al astro nocturno, cualquiera que sea la filiación etimológica de la palabra (mextli, luna, o metel/maguey (pita)” y para ella la serpiente es posterior, posiblemente de añadidura postcortesiana. El Códice Mendoza o Mendocino evoca muy bien la fundación con el águila al centro sin serpiente alguna y los cuadrantes que marcan los barrios originales. El Códice Durán ilustra el mítico momento con un águila con serpiente en el pico rodeada de nobles.
Enrique Juan Palacios señala que la Lámina de Sigüenza es el documento más antiguo que consigna el nombre de la ciudad (Tenochtitlan) “expresado conforme a la escritura fonético-figurativa y donde se mira un nopal enraizado en una piedra, es decir, tenochttli (tetl, piedra y nocltlli, nopal o tuna, cactus puntia); cerca del jeroglífico reconócese al jefe Tenoch” –acompañado por seis individuos– “(y) ninguno lleva signo determinativo con elementos de la palabra México […] la metrópoli se denomina Tenochtitlan /lugar de Tenoch o, conforme a un mayor análisis: "donde el tunal en la piedra", "asiento del tunal en la piedra"; bien que tenochtli, y este es el parecer de don Fernando Ramírez, es el nombre propio del cacto, lo que arroja la legitima lectura "en el lugar del cacto”.
Aún así, el nombre México /Meshico-Méjico/ se consolidó y lo mexicano como gentilicio, también; y conforme ocurrió la expansión mexica, sobrevivió a la conquista y denominándose a la provincia de esa ciudad, el nombre pasó al país. Reino de México se lee en mapas españoles. Su largueza llegó a denominar un Nuevo México, a un poblado México en Filipinas conquistada por contingentes mexicas y tlaxcaltecas comandados por los españoles, o el municipio Mejicanos en El Salvador, muestra de su presencia y alcance imperial. Por extensión, el golfo, ya consignado en 1540, aunque Trump pretenda usurpar el nombre.
A esta ciudad que hoy cumple 700 años, dígase en justicia que Cortés intentó preservarla en su fisonomía y distribución, que le resultaron admirables y útiles, pero sus escombros tras conquistarla y el afán de borrar un pasado indígena, lo impidieron. Su casco antiguo conserva vestigios debajo de los palacios e iglesias de carácter español, que hoy definen a la Ciudad de México y que pueden admirarse en espacios abiertos de cuando en cuando. En ese proceso, el náhuatl, que aporta vocablos como México y otros tantos como chocolate, tomate o aguacate, se diseminó y hoy es una lengua hablada por casi 2 millones de personas, que no es poco.
Agradezco las valiosas palabras del Mtro. Abraham Daniel Flores Cepeda, abogado y ya en su octavo semestre estudiando arqueología en la destacada Escuela Nacional de Antropología e Historia. Así, expresa denominando a la Cuenca de México acertadamente como "el escenario de la sorprendente y paradójica fundación de México" que la fundación de México-Tenochtitlan –que llegó a albergar 300 mil habitantes fue presentada a Europa en el “Mapa de Núremberg”, enviado por el propio Hernán Cortés al emperador Carlos V.
"(La fundación) es un parteaguas para el desarrollo de la historia de nuestro país; el portento milagroso de Huitzilopochtli, la tan anhelada señal dada por el ‘Marte Americano’ a su pueblo, es un emblema nacional que aparece como escudo en nuestro lábaro patrio. La conmemoración de la fundación de Tenochtitlan es una oportunidad para reflexionar sobre su importancia para el país, pues fue el centro neurálgico de la vida social, cultural, económica y política de la sociedad mexica. Tenían la creencia de que su dios de la guerra, Huitzilopochtli, les guiaría hasta un lugar en donde alcanzarían mucha gloria, poder y riquezas; y así dejarían de ser un pueblo nómada y errante. La profecía decía que hallarían ese lugar cuando encontrasen a un águila posada sobre un nopal, mientras tenía a una serpiente en el pico. Aunque esto último es muy debatido, pues hay otros estudiosos que dicen que no era una serpiente lo que tenía el águila en el pico, sino el glifo nahua de “atlachinolli”; un difrasismo que, textualmente, significa “agua quemada” y el cual hace alusión a la guerra.” Y pormenoriza “(representa) la unión de principios opuestos y mutuamente complementarios. Se trata, pues, de una locución nahoa que se subdivide en dos partículas: “atl”, que significa “agua”, y “tlachinolli”, que significa “cosa incendiada” o “quemada”. Este concepto ha sido representado gráficamente en esculturas, códices y otros objetos análogos, como por ejemplo, en el Teocalli de la guerra sagrada; un cuerpo lítico que es una de las representaciones más antiguas de este glifo); y el cual representa la dualidad (opuesta y complementaria) como el eje rector de la cosmovisión mexica y representa la posibilidad de creación del ser humano, así como la posibilidad de comunión de los opuestos complementarios y, por último, hace alusión a un llamado del dios Huitzilopochtli a una guerra total, violenta y triunfal de su pueblo, al cual le jura el otorgamiento de una tierra prometida desde la cual conquistará y someterá a diversos pueblos. Sin embargo, fue el caso que este glifo no fue del todo entendido por los conquistadores españoles, quienes lo confundieron erróneamente con una serpiente.
Nótese también que (en otras representaciones) la nopalera sale de un cráneo humano; según la tradición, la nopalera creció del corazón de Copil, el sobrino de Huitzilopochtli, cosa que lo convierte simultáneamente en ancestro y enemigo del pueblo mexica. Ello atendiendo al pasaje mítico que nos dice que Huitzilopochtli abandonó a su hermana Malinalxochitl en Malinalco, siendo que este personaje femenino se había casado con el gobernante de dicho señorío; para cuando tal hecho ocurrió, ella ya estaba embarazada de Copil. Una vez que este varón crece y se convierte en adulto, se entera del abandono de su madre por parte de su tío; a lo cual pretende vengarse de él. Tras haber tenido lugar tal enfrentamiento, Huitzilopochtli derrota a su sobrino, lo decapita, toma su corazón y lo arroja a las aguas del Lago de Texcoco. De su corazón es que crece la nopalera sobre la cual se posa el águila.”
Concluyo. Bernal Díaz del Castillo describió este portento de ciudad al llegar en 1519, en su Historia Verdadera: “por delante parecía, que por una parte en tierra había grandes ciudades, y en la laguna otras muchas, y veíamoslo todo lleno de canoas, y en la calzada muchas puentes de trecho a trecho, y por delante estaba la gran ciudad de México”.
Ahora que este 13 de marzo tendremos la Luna de Sangre, que son de esos empalmes, de esas coincidencias que siendo la Luna la protagonista y dotando de su nombre a México, no puede uno sustraerse de pensar que de nuevo se manifiesta un misticismo que une a la capital mexicana con el universo. Cosas de la vida, misterios que se entretejen. Y dice el rpoverbio: mientras el mundo exista no morirá la fama y la gloria de Mexico-Tenochtitlan.
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