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TRIBUNA

Manda huevos

Juan José Vijuesca
miércoles 26 de marzo de 2025, 18:36h

Los chinos milenarios creían que el primer hombre había nacido de un huevo caído del cielo. Pudiera ser, teniendo en cuenta que el origen del huevo estrellado, también conocido como huevo roto, lo impulsó el famoso Lucio en su emblemático restaurante sito en la Cava Baja, de Madrid. Claro que esta aseveración puede traer cola y crear una duda mayor: ¿qué fue antes, el ser humano o la gallina?

Si naciéramos del huevo, seríamos aovados por naturaleza celestial y de ahí puestos a disposición de la sociedad para consumirnos los unos a los otros; por cierto vieja y arraigada costumbre (sirva como pueril ejemplo cualquier reunión vecinal). Fue entonces cuando opté por rechazar la teoría china, aun en perjuicio de la versión formativa sobre el paraíso terrenal y todo lo demás, porque Adán y Eva, recordemos, cuando salieron del Edén de aquella manera, lo hicieron con lo puesto, es decir, un par de hojas de parra y gracias. De forma que, según mis investigaciones, ninguna gallina les acompañaba en su exilio. Las aves de corral llegaron más tarde cuando la serpiente y las manzanas del árbol prohibido mutaron, haciéndolo con mucha mala leche, por cierto, porque a partir de ahí no hemos levantado cabeza. A raíz de aquello fue cuando llegó lo del libre mercado, la cesta de la compra y lo de no llegar a final de mes. Lo único de verdad es el castigo divino impuesto para sufrir de por vida, cosa que venimos padeciendo por esa tentación de querer comer del árbol de los precios prohibidos.

Y vuelvo al huevo como ejemplo más gráfico. A día de hoy en EE.UU., el huevo cotiza a un euro la unidad y además la gente se pelea por conseguirlos. No los hay. A este fenómeno se le conoce por allí como “ovoflación”. La causa principal de esta crisis está en la gripe aviar, enfermedad que ha forzado al sacrificio masivo de 17 millones de gallinas ponedoras, eso tan solo durante noviembre y diciembre de 2024. Ante esta situación, ha llevado a los consumidores a buscar alternativas singulares.

Como en toda crisis, hay quien ha visto en este problema una oportunidad de negocio, léase contrabando o mercado negro, porque aquí quien no corre, vuela; aunque siempre queda la surrealista decisión de levantarse al amanecer e ir a formar parte de largas filas de consumidores esperando la apertura de las tiendas, con la vaga esperanza de llegar a tiempo de conseguir premio. Difícil empeño, pues en apenas diez minutos los estantes se quedan vacíos.

Ahora mismo en Estados Unidos el huevo es tal objeto de deseo que raro será no verlo expuesto en la famosísima joyería Tiffany’s, de Nueva York; sin embargo, y antes de caer en la ostentación más desmedida, resulta que algunas compañías han encontrado en el alquiler de gallinas una curiosa solución de mercado para los hogares. Este es el caso de una empresa de Pensilvania, que con toda su carga publicitaria lanza el siguiente mensaje: "Cuando la gente alquila una de nuestras gallinas, sabe a ciencia cierta que no tiene que preocuparse por el precio de los huevos, ni por la escasez, ni por si hay limitaciones de compra. Solo tienen que salir a su patio y recogerlos”.

Personalmente, me parece inmoral. Alquilar un cuerpo ajeno, aunque este sea el de una gallina, es convertir la crisis del huevo en una casa de lenocinio en versión avícola. Conviene no tocar las narices a una especie que está muy harta de los humanos. Que son muchos los años de consomés de ave, de pollos asados, de pechugas Villaroy, de alitas adobadas, de muslo o pechuga y de chicken tenders. Les recuerdo que son algo más de 16.000 millones de ejemplares en el mundo y, como se levanten en armas, nos quedamos sin huevos todos los mortales. Las gallinas son muy suyas, sobre todo cuando el gallo merodea alrededor del gallinero con su cresta engominada y luciendo músculo. Aquí se puede armar la gorda. Hay granjeros que las miman para evitar desgracias sectoriales y personales, tanto que junto a la buena alimentación proporcionan a estas aves música relajante e incluso terapias cognitivas que las impliquen en el conocimiento de la lógica. Es lo correcto.

Lo más irracional del asunto es que Donald Trump ha pedido ayuda de manera desesperada a países europeos en plena tensión comercial arancelaria. La respuesta de la industria del huevo ha sido tajante: “Verde las han segado”. Y me parece bien, porque a Trump le das un huevo y te pedirá la gallina.

Disculpen hoy por tanto cacareo.

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