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TRIBUNA

Izquierda política, naturaleza y cultura

jueves 27 de marzo de 2025, 20:18h

La izquierda en general o la socialdemocracia, que no existe en España, y la extrema izquierda en particular, que es la que gobierna aquí, tienen una contradicción ideológica muy llamativa, aparte de otras. Se trata de su aparente o explícita defensa de la naturaleza y su contradictorio desprecio de ella, según conveniencia. Por una parte, se dicen defensores acérrimos de la naturaleza: derechos de los animales, de los lobos, aunque se coman a las ovejas; ecologismo, veganismo, plan verde, cambio climático por culpa del hombre, medicina naturalista, pacifismo, “haz el amor y no la guerra” (¿la naturaleza es pacífica?). Pero ni una sóla manifestación contra las guerras de Ucrania y Oriente Medio, ni tampoco les he oído hablar mucho de los males que pueden sobrevenir al hombre por el abandono de la naturaleza desde que él existe, ni plantearse el problema de qué pasará si hubiera un conflicto trágico entre la evolución natural y la evolución cultural. Por otra parte, sin embargo, aman una naturaleza que, por el contrario, odian, siguiendo la premisa de Ortega, que dice que “el hombre no tiene naturaleza sino historia”. Premisa acorde con la del existencialismo, para el cual la existencia precede a la esencia, en contra de una idea muy asentada en la tradición filosófica, según la cual la existencia se conquista desde la esencia. Como a la fuerza el hombre que existe tiene una taleidad de hombre y no de gato, podría haber un compromiso entre las dos posiciones contrarias, poniendo la relación de este modo: esencia incompleta- existencia- esencia completa. La primera posición tiene más consecuencias graves de lo que parece, pues niega la naturaleza, lo biológico, que le permite precisamente al hombre hacerse un ser completo, existiendo por medio de la cultura o historia. Es algo tan simple que parece una discusión baladí, pero que ha tenido una repercusión muy negativa en el feminismo radical, para el cual la mujer no es un sujeto natural sino sólo cultural, partiendo de la célebre frase de Simon de Beauvoir, “la mujer no nace, sino que se hace”, que seguramente no tenía la intención que suponen las feministas radicales, y que se escandalizaría de los ríos de tinta sandios que su frase ha propiciado. Contra esta absurda situación reacciona el Manifiesto de las 100 (10-1-2018) así: “es propio del puritanismo utilizar argumentos de protección y emancipación de la mujer para uncirlas mejor al estatuto de víctimas perpetuas codiciadas por diablos falócratas”. Como bien dice Gabriel Albiac en un artículo del ABC (11-1-2018): “el nuevo manifiesto subraya que la criminalización del sexo masculino es la más regresiva de todas las hipótesis sociales posibles”. Como un ejemplo llamativo, entre otros, podíamos calificar de culturalismo extremo y feminismo esperpéntico el de Monique Wittig, tal es el cúmulo de absurdos que se hacinan en sus libros. Pero no porque la mujer no haya estado oprimida en muchos países y lo siga estando, sino porque ello no nos autoriza a decir toda clase de tonterías anticientíficas, lo que hace Wittig desde el comienzo (The Straight Mind).

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