Y con “u” de urgente”. De urgentísimo, para más señas y clamores de tono planetario. Me ha hecho gracia buscar por pura curiosidad el vocablo amansalocos, para hablar con fundamento, como jocoseria y pícara decía la extraordinaria e insuperable cupletista Olga Ramos parafraseando a su vez “al Arguiñano”, como alude en una de sus espléndidas presentaciones que la han dejado para feliz memoria. Revisé ávidamente el DLE y nada. Pero sí que recoge la palabreja el formidable Tesoro de Diccionarios de la Lengua Española, esa magnifica iniciativa de compilar voces catalogadas como arcaicas o en desuso.
Así, se cita en la entrada amansalocos: amansalocos, amansaloco. m. Argent. y Méj. Látigo, bastón u otra arma de tamaño exagerado. 1934 MUÑOZ-LEDO, M. Formas usadas en Querétaro: ~: Se da este nombre a cualquier bastón grueso. 1942 SANTAMARÍA: ~: Festivamente, en Méjico, cualquier bastón grueso, o zurriago o látigo groseros. [También en Dicc. Mejicanismos 1959.] 1961 VILLAFUERTE, C. Voces Catamarca I 48: Amansaloco: [...] Se dice también del látigo o talero de tamaño exagerado y de cualquier arma de efectos innegables.2. Argent. Bramadero o poste al que se atan los animales.1961 VILLAFUERTE, C. Voces Catamarca I 48.
Ahora que…no tenía yo en mente algo tan impulsivo y arrebatado, tan iracundo y agresivo como un “latigo grosero”. No, aunque he salivado un poco al leer la definición visualizando al receptor. Total, para los toros del Jaral, los caballos de allá mismo. Mas, somos gente pacífica, después de todo. Que en alguien quepa la cordura. Pero, acaso, sí busquemos una suerte de calmante, de un “estate quieto” para más señas. Vamos, un amansalocos, pensando así no tanto en el remedio, sino en el visceral, ridículo, esperpéntico y estrambótico destinatario que hasta alucina con buscar un tercer periodo proponiendo para ello y poder así burlar la ley – a lo que está acostumbrado– al exconvicto de su vicepresidente y él colocarse en ese mismo cargo vacante y seguir haciendo fruslerías y tarugadas al por mayor y sin freno ni medida ni recato. Dios parece que sí nos ha abandonado o anda jugando hábilmente a las escondidillas poniéndonos en trance más que a prueba. Qué cruz.
Titulaba, también con fundamento, este su diario, El Imparcial, ayer mismo al anunciarse los nuevos aranceles para todos –eso de menos dirigidos a México y Canadá merece mención aparte, no apresurado optimismo alguno, ese sí, sin fundamento– y con estas palabras: "Trump hace estallar la guerra comercial contra el resto del mundo. `Es nuestra declaración de independencia económica´”. A usted se lo dije de otra manera en mi artículo del 23 de enero pasado: “20 de enero: fue una una declaración de guerra al mundo”, que puede revisar aquí:
Y en efecto, ya desató aquel una megaguerra comercial, una donde ni las sobrias y calculadas palabras de la Von der Leyen –supongo que lo son, pero nunca se sabe con ella y hay muestras decepcionantes de timoratez de cuando en cuando– ni celebrar como se ha celebrado en amplios círculos, que los incondicionales y tapeteros aplaudidores del sujeto, los mandatarios de El Salvador y Argentina, se salvaron del garrote de esa política que parecen endiosar hasta “perder el sentío”, y no han detenido a quien ha dado hasta un varapalo al aliado Netanyahu, ese acusado de criminal de guerra, que se tragará su 17 % de aranceles pese a ser aliado, cómo de que no. Ya se lo he dicho antes: es que cuando la perra es brava, hasta a los de casa muerde. Y Estados Unidos no tiene amigos, tiene intereses. Y ellos lo dicen.
Lo demás es la cascada de quejas resultante. Lo mismo la Merloni que el primer ministro australiano. Lo mismo se forja una alianza económica impensable apenas meses atrás entre China, Corea del Sur y Japón, para mitigar los efectos causados desde la vera del Potomac, que rechista con más firmeza, admirable y decidida en apariencia, el conspicuo premier canadiense Carney, tras el blandengue Trudeau.
El injustificado y más que infundado alborozo de algunos por no ver mencionados a México y Canadá en la alharaca en forma de perorata del 2 de abril, es eso: algo injustificado e infundado. Las groseras alusiones a Canadá, seguirle imponiendo aranceles, cuestionársele su francés de Quebec, han enrarecido la relación. Para México, igual que para el otro socio, porque lo de amigos sobra como siempre ha sobrado, clavarle los aranceles del 25 % al acero y al aluminio y la última, el específico a latas de cerveza –que en realidad es al agroalimento que más exporta México y que a los yanquis tanto les encanta– no son sino muestras hostiles y tramposas de un proteccionismo vil a la decadente economía yanqui. No cabe esperar otra cosa, no cabe suponer otra cosa. No habla nada todo eso de buenas relaciones. Y Trump ya dijo que no le gusta ni siquiera el T-Mec, por querer, dicho por nos, todo el pastel para su país. Que alienado nos resulta el tipo.
Quizá, la nota correcta es la llamada sostenida entre la Sheinbaum y Carney comprometiéndose a mantener el T-Mec pase lo que pase. Eso calla la boca al bobalicón premier de Ontario, quien pedía sacar a México de tal tratado. Cuando las empresas canadienses en México han incrementado notoriamente su presencia y, por lo visto, no les va mal. Para quienes me leen habrán notado la proliferación de la cadena Tim Hortons. Pues eso. Que no se haga el tonto a sí mismo el premier ontariense y evite sus calentones de boca que no impresionan a nadie ni nos dejan boquiabiertos.
Y usted, agárrese, que vienen curvas. El mundo ya se cansó del Trompetas, como lo apodan en México y es el mote que puedo reproducir, porque puede haber niños leyendo esto. Y uno tiene su pudor. Las cancelaciones de turistas desde Canadá, sobre todo y ya desde México a visitar EE.UU. es solo una respuesta a su xenofobia que no distingue a legales de ilegales. Nadie necesita sus desplantes. Y los ciudadanos yanquis, como se lo anticipé semanas atrás, sí están ya siendo agredidos en el extranjero. Ya ve los ataques muy merecidos rechazando Tesla a Europa. Uno se pregunta a qué hora ese deschavetado sudafricano disfrazado de yanqui fue incorporado al Salón Oval del que se rumora que ya lo van a echar. Su solo rostro anticipa el de alguien que no es precisamente, una persona cuerda.
Así que del amansalocos buscado en estanterías y anaqueles desconozco si lo vendan en tabletas o en pastillitas de colores o si ha de tomarse tres veces al día, pero de que urge suministrarlo a la voz de ¡ya!, no le quepa a usted la menor duda.
Pues es lo que hay. Si usted localiza el amansalocos, favor de enviarlo al 1600 Pennsylvania Ave. NW, Washington D.C., 20500, USA, que es la dirección de la Casa Blanca. Para más inri, para más burla, mándelo por Temu. Ya ve que ha pedido el destinatario que la gente deje de usar la empresa china. Solo por eso, la usaré al doble. Ya parece que un botarate me va a decir a mí lo que debo o no de hacer. Ese es el primer error que comete el mundo: darle la importancia de la que sí carece.
Yo rezaré mucho por el sujeto tan desencaminado y para que encuentre prontito el amansalocos que requiere. Pero no se fije: ha llamado violadores a los mexicanos. Tanto amor es correspondido como amerita. Faltaba más. Es cuánto.