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AL PASO

El llamamiento a Europa de Habermas

Juan José Solozábal
martes 15 de abril de 2025, 19:03h

Al lector de este Cuaderno no le sorprenderá el interés con que he leído recientemente en El País el Llamamiento a Europa de Jürgen Habermas. Admiro a Habermas como filósofo político, con contribuciones capitales al respecto, basta pensar en su idea de la democracia discursiva, basada en la participación reflexiva y dialógica, o en su patriotismo constitucional, o nacionalismo de los ciudadanos y no de la comunidad de sangre e historia, plenamente compatible con la aceptación del vínculo superior europeo. Pero Habermas también convence como intelectual, esto es, alguien que pretende desde la independencia y el rigor aclararse sobre los problemas de la comunidad en la que vive.

Según lo veo son tres los mensajes que en la hora actual de Europa, bien grave, Habermas presenta. Habermas, en primer lugar, se extraña de la sorpresa de algunos observadores ante el liderazgo victorioso de Trump. El éxito de Trump es la confirmación, sin duda, de desarrollos provenientes en el campo republicano, se trate de la propia experiencia de su primer mandato, el conservadurismo extremo del plan de la Heritage Foundation, o la infiltración en el propio Tribunal Supremo, ahora en manos de los conservadores. Según Habermas los demócratas ni en tiempos de Obama ni de Joe Biden opusieron una resistencia consistente, al renunciar al liderazgo de la política internacional de los derechos humanos, e incurrir en contradicciones como el uso de drones en la comisión de asesinatos selectivos, el mantenimiento de Guantánamo y francas vacilaciones en el ensanchamiento de medidas de intervención propias del Estado social. No es de extrañar entonces que aumentaran los partidarios del objetivo al que apunta Trump, esto es, el desmantelamiento radical de la administración estatal y una política libertaria de la mano de una tecnocracia gestionada digitalmente.

El segundo argumento de Habermas es más difícil de compartir. Habermas tiene una visión bastante crítica de la gestión europea de la guerra de Ucrania. La Unión Europea habría practicado un seguidismo excesivo de la política establecida por Zelenski de acuerdo con las directrices americanas, a través de la OTAN o directamente, ignorando la determinación rusa en la invasión e infravalorando el coste en términos personales y materiales de la duración del conflicto. Habermas viene a reprochar, en cambio, que no se intentasen inmediatamente después de la invasión conversaciones de paz con Putin, que hubiesen evitado tanto sufrimiento. Resultó incomprensible que los europeos se pusieron completamente en manos del gobierno ucraniano, apoyando incondicionalmente su estrategia.

Aunque resulte inútil volver sobre el cántaro derramado, la verdad es que es ingenuo pensar que la invasión tenía marcha atrás. La invasión de Ucrania tenía dos motivaciones fundamentales, que Habermas pasa por alto. Como ha explicado Anne Applebaum la autentica etiología del conflicto reside en el temor al efecto emulación que el asentamiento de un régimen democrático, y europeísta en Ucrania suponía para el propio sistema ruso, que no podría tolerar el riesgo del contagio en el seno de Rusia. La experiencia revolucionaria de Ucrania en 2014, expulsando a un presidente corrupto y autoritario, es exactamente el tipo de revolución que Putin teme. “Sabe que si Ucrania tuviera éxito en su impulso democrático y en su integración en la UE, los rusos podrían preguntarse ¿y por qué no nosotros también?”

No puede olvidarse asimismo que a la propia legitimación de la dictadura rusa le podría resultar ventajoso el recurso al imperialismo patrio tradicional, que enlazase la dictadura criminal actual con los precedentes expansionistas soviéticos o incluso zaristas. Pero a la larga ni el nacionalismo retrógrado ni la dictadura tienen mucho porvenir. El estilo de vida ruso no es atractivo. No tiene ningún encanto, y no puede competir con los elementos del modo de vida occidental. Como le dijo el filósofo alemán Peter Sloterdijk, a Berna González Harbour, en el Pais, hace ya casi tres años, “La Unión Europea sola tiene más de 400 millones de habitantes, es débil, es intensiva en consumo y no muy buena en combate, no tiene ningún esplendor militar, pero es reina en estilo de vida”.

Claramente la supervivencia en condiciones de mínima dignidad para Ucrania, en las circunstancias actuales, pasando al tercer argumento de Habermas, reside en la implicación mayor de la Unión Europea en las posibles conversaciones de paz, que no deberían depender de un acuerdo solo de Rusia y los Estados Unidos. Esa intermediación europea es impensable sin el refuerzo de la capacidad de acción internacional de la Unión Europea, que a su vez solo se posibilita por el robustecimiento de una fuerza militar disuasoria. Claro que el rearme únicamente es defendible bajo la reserva de abogar por mejorar considerablemente la integración europea. No se pueden encontrar adhesiones a este panorama, piensa Habermas, señalando especialmente a Alemania, donde el antimilitarismo tiene fundadas razones para afianzarse y donde el rearme no puede servir de pretexto para alimentar expectativas de resurgimiento del nacionalismo tradicional de infausto recuerdo, sin una integración política de nivel constitucional. “¿Qué sería , concluye Habermas su ensayo, de una Europa en cuyo centro el Estado más poblado y con mayor poder económico se convirtiera además en una potencia militar muy superior a todos sus vecinos, sin estar integrado de forma obligatoria por el derecho constitucional en una política exterior y de defensa europea común sujeta a decisiones mayoritarias?”.

Juan José Solozábal

Catedrático

Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.

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