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DESDE ULTRAMAR

Falleció el Papa Francisco

Marcos Marín Amezcua
lunes 21 de abril de 2025, 19:00h

Murió el papa Francisco. Cesan doce años de pontificado y nos deja estupefactos por varias razones. Su último mensaje, el que no pudo leer al completo delegándolo tal al ceremoniero ante una plaza de San Pedro abarrotada que aclamaba ayer su presencia y su paseo en el papamóvil, nos deja un vacío profundo, ya que defendemos una Iglesia abierta y consciente de su misión en la Tierra.

No me entretengo en decir lo bueno que era. No. Este papa fue tan diferente, tan dispuesto a no apegarse a ceremonias, al boato, que, ojalá, sea un camino seguido por sus sucesores. Así como San Pablo VI tuvo la valentía de renunciar a la ostentosa tiara. Esta entrega cierra una época abierta con este artículo.Y sí, no se hizo llamar Francisco I.

Deja tantos pendientes, ya que la sinodalidad clamaba en octubre pasado por abordar los temas más álgidos que mueven a la Iglesia dándole vueltas desde hace ya décadas. Sus frases quedan de la reciente asamblea de obispos: “Al Señor se le sigue por el camino, no se le sigue desde la cerrazón de nuestras comodidades, no se le sigue desde el laberinto de nuestras ideas, se le sigue por el camino. Y recordémoslo siempre: no caminar por nuestra propia cuenta o según los criterios del mundo, sino caminar por el camino, juntos, detrás de Él y caminar con Él”.

Y deja esta frase lapidaria: la guerra es el fracaso de la política y de la humanidad.

Su legado queda en las conclusiones de la asamblea general ordinaria de obispos ya referida que apuntó no sin reticencias y detractores, a modernizar sin desapegarse del dogma, que prometía inclusión y participación de todos. De todos. Decía que la mesa estaba puesta esperando la Gracia. Esperaba que fuera una Iglesia incluyente. ¿Qué pasará con ese legado? Decía que había que pasar de las palabras a los hechos.

Su condición jesuita era importante porque adelantaba cambios, revolución y la hubo. Claro, siempre se precisó que era él del ala jesuita conservadora. La liberal la representaba alguien tan emblemático y papable sin conseguir serlo, como fue el cardenal Carlo María Martini. Aún así, fue un ciclón que trajo vientos de cambio, esperanza de cambio y no se amedrentó ante los ataques.

Califican de breve su reinado. En realidad, es un promedio. Lo normal nunca fueron los pontificados prolongados. Dilatados como los de un Beato Pío IX o un San Juan Pablo II no es lo común en la historia del primado de Roma.

Hasta el final nos deja peculiaridades. Morir en pleno año jubilar, pero alcanzando a pasar Semana Santa y dar su bendición Urbi et Orbi me recordó el misticismo –sin compartirse entre ambos– de Juan Pablo II que pareció que igual no quería fallecer sin vivir la Semana Mayor. Y así fue. Fallecer un Lunes de Pascua no es frecuente y el mundo quedó impresionado, pues tan solo un día antes se le vio y fatal.

Habría que remontarse a la muerte de Inocencio XII el 27 de septiembre de 1700 para documentar la muerte de un papa en pleno Año Santo. Y la consiguiente elección de Clemente XI el inmediato 23 de noviembre. O la elección de Pío VI ya encaminado el Año Santo de 1775, un 15 de febrero. Su antecesor Clemente XIV murió antes de iniciar el año jubilar. O más cerca, la elección de Pío VII, el sucesor de Pío VI de un 14 de marzo de 1800, ya en pleno Año Santo. Ha muerto el 21 de abril, aniversario de la fundación de Roma en 753 A.C.. Otra curiosidad.

Quizá desde la muerte de Juan XXIII, quien dejara inconcluso el proceso del trascendental Concilio Vaticano II, nadie dejó pendiente trascendente. Francisco deja pendiente la consecución del Año Santo. Le tocará finiquitarlo al sucesor. Menuda coincidencia para tal al posicionarse en temas puntuales apenas estemos conociéndolo. Dicen los medios italianos, en voz del reconocido especialista Bernardo Barranco, que no cuidó su salud. Sabíamos a inicios del Año Santo que la agenda para Francisco estaría colmada y de dificultoso cumplimiento. De ello a fallecer, ha sido lo inesperado.

¿Eliminar de nuevo la misa en latín no gustó a Benedicto XVI? quienes clamamos por una misa entendible, no nos compensa llamarla mística por ser en latín. Y anular el secreto pontificio para denunciar abusos sexuales, se agradece. No es misión de la Iglesia y de sus ministros, cometerlos. No se toleren ni se encubran o minimicen. Un papa de gestos. Valiosos. Nos dio paz en la plaza de San Pedro, solo en plena pandemia. No sucumbió a la peste como Adriano VI, el flamenco confesor de Carlos V. A muchos nos reconfortó en esos aciagos días de 2020.

¿Habrá jaloneo de sotanas? ¿que hay del rumor de Trump queriendo meter mano al Cónclave? Las potencias quieren afines. Sin embargo, el antiamericanismo y el antitrumpismo le cierra el paso al cuasihereje Burke y a su compinche alemán Müller. Ambos cuestionando la autoridad papal. Me agradan Tagle, el filipino, y Parolin, el mesurado secretario de Estado. Claro que los italianos anhelan regresar al papado. El cardenal arzobispo de Bolonia es uno de los papables. Lo malo sería, dicho en tono jocoserio, que luego se quedan el trono de San Pedro por siglos, casi hasta creerse que era dogma de fe el serlo. Me gusta mucho más la idea de un papa de otras latitudes. Refrendaría la universalidad de la Iglesia. ¿Reacomodo o continuidad? Eso no lo sabemos. Jaloneo natural de sotanas, seguro que sí.

Estupefacto me quedé al enterarme de su muerte a primeras horas de la mañana en México. Pensé de entrada que era otra pésima broma de sus oponentes, Durante su prolongada hospitalización, que hoy podríamos decir que sí era en realidad que atestiguábamos su agonía no confesa, opositores y medios amarillistas se la pasaron publicando su deceso deseado. Ha habido una ola mundial de repudio por ese malsano y miserable deseo de qué falleciera. Nadie sabe la hora y el día y que esa enseñanza bíblica sea un mazazo en la cara de tanto petimetre. Y que Dios los ayude. Ya luego a ver si los perdonase.

Francisco, el argentino que jamás regresó a su país, decidió ser sepultado en Roma. En la basílica de Santa María La Mayor. Privilegió a Iberoamérica de muchas formas. Sabíamos que era “uno de los nuestros”, un iberoamericano en el solio pontificio. Nunca tantos mandatarios hispanoamericanos y españoles pasaron por el palacio apostólico a saludar al Sumo Pontífice. Y con ellos, a tantas personalidades iberoamericanas más. Primó nombrar cardenales de sitios donde nunca los hubo, reivindicó a los indígenas, a los migrantes, a las minorías o canonizaciones de iberoamericanos o extendió la Rosa de Oro a la Virgen Macarena. Fue nuestro papa. Gestos de cercanía. El Papa nos dejó una lastimosa imagen en su último Domingo de Resurrección. No sabíamos de su inmediato deceso, impresionante. Regresemos a su mensaje en la bendición Urbi et Orbi.

Fue un papa que solo habló español e italiano. Una carencia en el mundo globalizado. Está visto que sí facilitaba enviar mejores mensajes. Eso le dificultó expresar mejor sus ideas y de manera más espontánea. ¿Qué la Iglesia está en crisis? eso llevo oyéndolo hace décadas. Y las profecías de San Malaquías están ya muy superadas. Por otra parte, el único papa jesuita hasta hoy reivindicó a la Compañía, bloqueada por tantos. Las instituciones jesuitas en México exaltaron su figura.

A mi madre pregunté a los 7 años al llegar Juan Pablo II a México, cuánto duraba un papa en su cargo. “Hasta que muere” me dijo. Pues hoy a muerto Francisco.

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