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TRIBUNA

Apaga y vámonos

Juan José Vijuesca
miércoles 30 de abril de 2025, 20:22h

En cinco segundos, según Pedro Sánchez, se han perdido 15 gigavatios, que dicho sea, al menos para un servidor, se antoja algo fantástico, como del estilo Parque Jurásico, más o menos. Y se apaga España y también Portugal porque estas cosas de la luz son inexplicables, menos cuando hay que pagar la factura. Lo cierto es que esto del apagón nos hunde como especie tan dada a no valorar las cosas en su justa medida, pero ya sabemos que los humanos, en general, somos animales de costumbres. Nada nuevo.

Hoy, dos días después del apagón, por suerte seguimos en la franquicia de la vida a pesar de creernos seres eternos porque pulsamos un interruptor y tenemos luz o, a través del móvil, navegamos en compañía de una señorita virtual llamada Siri capaz de obedecer todas nuestras órdenes en tiempo real. Error manifiesto. Con ello, el ser humano es carnaza para los gestores que controlan nuestra vida, nuestra economía, nuestras pertenencias e incluso lo que conocemos por intimidad existencial. Y no lo digo por dar la espalda a un futuro tan vertiginoso como codicioso, que también lo es, sobre todo con ciertos colectivos expertos en vejez. De ahí lo vulnerable del ser humano por aquello de lo endógeno y lo exógeno que nos brinda la acción culposa de la mano del hombre o bien por la respuesta de la propia naturaleza cuando esta se enfurece. Cuestiones que nos ponen a prueba ante cualquier vaivén que nos sobrepase.

Don Pedro ha felicitado a la ciudadanía destacando la serenidad mostrada en todo momento. Hay que entender lo mucho que ha influido el buen tiempo primaveral donde el ocio a coste cero mitiga las calamidades. Quizás para quienes quedaron encerrados en ascensores, dentro de trenes o en otras situaciones más extremas no les resultara la experiencia tan solaz. Lo cierto es que la jornada se volvió festiva y el inesperado pasatiempo se apoderó de los bares y terrazas como si el apagón fuera un regalo del gobierno en vez de un castigo con tintes más que preocupantes.

Los españoles somos muy dados al ingenio y al chiste fácil, de manera que la indiferencia se fue apoderando, dando paso al jolgorio de buena mañana. Seis horas fueron las que necesitó don Pedro para comparecer ante los españoles mediante una exégesis basada en la obviedad más palmaria: “que el país estaba a oscuras, que se trabajaba para solucionar el problema a la vez que también se desconocían los motivos del apagón”. Mientras tanto, la ciudadanía, con su aseado talante, acudía a la repesca de ciertos elementos de supervivencia, rememorando el famoso kit de marras. Los transistores, las pilas, las linternas o el camping gas, por aquello de más vale tarde que nunca; y entretanto, un Mercadona, de puertas abiertas, se convertía en el paraíso de los seres errantes buscando allí el sosiego de la comida y la bebida en medio de un país tragicómico abandonado a su suerte.

Hasta aquí parece una de esas fábulas con final feliz; sin embargo, en mi nulo conocimiento sobre desfases fotovoltaicas, energías firmes, excesos de renovables, oscilaciones energéticas y todas esas ingenierías, me pregunto: ¿pero dónde diablos han ido a parar los 15 gigavatios que se han perdido? No es moco de pavo cuando ésta supuesta negligencia representa el 60 % de la demanda de consumo en nuestro país. Se me hace muy raro —repito, desde mi ignorancia— que nadie conozca el actual paradero de los 15 gigavatios. ¿Alguien ha mirado en la famosa nube? Tal vez un tercero andaba más necesitado que nosotros y se los llevaron a otra parte de la red eléctrica de Europa. Vayan ustedes a saber. Pero responsabilidad la hay y eso es de una gravedad indiscutible.

Puede que Pedro Sánchez no sea responsable directo del apagón, pero sí lo es políticamente hablando. En 2022 aseguró que España nunca sufriría “apagones de electricidad, ni racionamiento de bombonas de butano, ni ninguna de esas escenas apocalípticas evocadas por la bancada de la derecha y la ultraderecha”. Y no solo él, también Beatriz Corredor, presidenta de Red España y máxima autoridad eléctrica de nuestro país, calificó en 2021 que el sistema eléctrico español es de los más seguros y evolucionados. «Aquí un apagón es imposible, porque nuestra red es la mejor del mundo».

Si hubiera que descartar lo del ciberataque en el argumentario oficial, esto nos llevaría a valorar el escenario de un fallo de nuestro modelo energético. Es decir, la ideología frente a la eficiencia como hoja de ruta para ser un país serio y fiable, tanto para los que contribuimos pagando por la excelencia, como para ser competitivos y previsores. No lo digo yo, que en esto de electricidad de alta y baja tensión, carezco de interés por meter los dedos en un enchufe; pero es que este gobierno, en vez de hacer el ridículo informativo, tarde y mal, sería más respetado si atendiera la versión de contrastados profesionales especializados dentro del sector energético, quienes nos alertan de que esto puede volverse a repetir, porque la infraestructura española no está preparada para almacenar toda la energía que se produce. Hasta yo mismo puedo entenderlo, pero a mi manera, porque soy de letras; o sea, es «como cuando hay un pico de consumo en tu vivienda y saltan los plomos». Así cualquiera.

En fin, una vez más esto pinta raro. Son muchas las casualidades y aquí nadie tiene culpa de nada. Háganme caso, compren velas, una como rogativa mariana y otra para darle un toque romántico a nuestras vergüenzas frente al resto del mundo desarrollado. Poco es lo que nos pasa.

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