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TRIBUNA

Max Scheler

José María Méndez
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axiologiatelefonicanet/9/9/20
viernes 02 de mayo de 2025, 18:20h

Quizá se exagera cuando se ensalza a Max Scheler como el Padre Fundador de la Axiología. Es atribuirle más méritos de los que en realidad tiene. A finales del siglo XIX y principios del XX se publicaron muchos libros en Alemania hablando sobre los valores. Y concretamente, el concepto de valor material ya fue avanzado casi medio siglo antes que Scheler por Rudolf Lotze, a quien se atribuye la frase los valores no son, valen.

Hagamos un inciso para precisar que esta frase es absurda, si tomamos a la letra no son. No hay término medio entre el ser y la nada. Pero la frase cobra sentido, si por valen entendemos deben-ser. Deber-ser es distinto de ser a secas, o meramente existir. Corresponde a la definición que propongo: Valor es lo que debe ser, sea o no sea.

Max Scheler tuvo la rara suerte de que varios factores favorables coincidieran a su encumbramiento. Aparte de su magistral y contundente crítica al formalismo kantiano, que apareció en el año 1912, causó sobre todo sensación que alguien se atreviera a bajar de su pedestal al intocable ídolo de Kant. Esa crítica es sin duda es lo mejor de Scheler, aunque fuese una tarea meramente destructiva.

Pero además fue aupado por la ola de la llamada fenomenología, que se puso de moda entonces. Se le consideró, y fue de hecho, seguidor de Husserl. También tuvo la fortuna de que Nicolai Hartmann, el mejor filosofo alemán de la época, respaldase la tesis de una ética material de los valores. Y en España Ortega le tributó encendidos elogios. Por último, hay que mencionar su valiente conversión al catolicismo, que tanto impacto tuvo en la vida cultural alemana de aquel tiempo. En resumen, ocurrió algo infrecuente: diversas circunstancias se juntaron para poner por las nubes a Scheler.

Pero dejando aparte su brillante, objetiva y acertada crítica a Kant, en el aspecto positivo o constructivo la contribución de Scheler a la Axiología es más bien pobre en la primera parte de su libro “Der Formalismus...”, aunque en la segunda parte mejora su aportación a la doctrina sobre los valores, como veremos en otro artículo.

Propuso ciertamente el concepto de altura (die Höhe) de los valores, pero sus indicaciones al respecto son muy imprecisas y no bastan para elaborar una jerarquía creíble de los mismos. Y sobre todo mezcla constantemente la Psicología con la Etica, haciendo imposible que ésta pueda exponerse con nitidez y claridad.

El más célebre libro de Scheler es “Der Formalismus in der Ethik und die materiale Wertethik”. (Uso la edición Francke, Bern 1966). La meritoria traducción al español, que hizo en dos tomos Hilario Rodríguez Sanz en 1941 y 1942 para Revista de Occidente, ha sido reeditada en 2001 por Editorial Caparrós, con el título de “Etica”. Va precedida por una competente Introducción de Juan Miguel Palacios.

Como psicólogo, o estudioso de los complejos sentimientos, emociones, deseos y entresijos del alma humana, Scheler fue sin duda muy agudo y penetrante.

De entrada y sin reservas le reconocemos ese mérito. Sólo le reprochamos que mezclara la Psicología con la Etica en particular, y con la Axiología en general. El conocimiento que podemos tener del inextricable laberinto sentimental, como suele ser llamado, es muy incierto y aproximado. Si se quiere presentar la Axiología como un conocimiento racional, y en lo posible riguroso y científico, hay que separar lo más posible lo moral de lo psíquico.

Pero Scheler introduce sin cesar conceptos de tipo psíquico, siempre vagos y nunca delimitados con precisión, y los funde -o mejor confunde- con temas morales o estrictamente éticos.

Por ejemplo, estado de cosas (Sachverhalt) como algo distinto de estado de valor (Wertverhalt); el acto de querer (Wollenakt) como algo separable de lo querido (gewollt); la ejecución (Bewährung) como distinta de la acción (Handlung), etc. etc.

Todo eso no hace más que embrollar la exposición, hasta el punto de que el lector pierde el hilo de lo que se quiere afirmar en el libro. Palabras, que pueden usarse como sinónimas para reforzar lo que se expone, sin más son tomadas por Scheler como si fueran sendos conceptos diferentes. Y de la Psicología los traslada sin más a la Axiología.

Por todo ello el texto de Scheler se hace muy difícil de seguir y entender. Con frecuencia no se sabe de qué está hablando exactamente. El lector se siente como aquellos inmortales de que hablaba Jonathan Swift. Se hacían demasiado viejos, y su mente era tan débil que, al terminar de leer una línea, ya no se acordaban de cómo empezaba.

Ahora la culpa no es de la flaca memoria del lector, sino de la enorme longitud de muchas frases de Scheler, que bien pueden llegar a 10 y 15 lineas. Y en alemán el verbo clave para entender una frase puede estar al final de la línea 10 o 15.

De vez en cuando Scheler ofrece algún ejemplo. Sería el momento de aclarar de qué está hablando exactamente. Pero sus ejemplos se atienen también a la regla de hacer difícil lo fácil. La resistencia de una intención motora unitaria a los impulsos de movimiento es vivida como un “movimiento fallido” ya antes de experimentar la ejecución del movimiento. Así, por ejemplo, todo el que tira al blanco sabe si atinó en el centro o no, o por cuanto no atinó, ya antes de ver la diana -posteriormente al disparo- y antes de percibir el movimiento del dedo que oprime el gatillo (Pag.207, Nota16).

En vez del galimatías “resistencia de una intención motora unitaria a los impulsos de movimiento” bastaría decir sencillamente que, cuando alguien tira al blanco, pone toda su atención en la diana y no en el gatillo, que aprieta mecánicamente y sin necesidad de pensar en ello. Y por otra parte, nadie se pregunta si vio el error en la diana antes o después de percibir la sensación de haber movido el dedo para disparar.

La manera más drástica de evitar la letal confusión de Scheler entre lo psíquico y lo moral es admitir que no hay ciencia ética de los casos concretos. Saber exactamente hasta qué punto una persona fue culpable de su acción concreta, habida cuenta de su salud física y mental en ese momento, su estado de ánimo, los sentimientos de tristeza o alegría que pudieran influirle, sus más secretas intenciones y propósitos, etc, etc..... eso sólo Dios lo sabe. Aparte de que toda persona humana es

única en toda la historia universal. No hay otro yo en el mundo, dice D. Quijote. Los jueces respecto a los delincuentes, los padres respecto a sus hijos, y hasta los guardias de tráfico respecto a los automovilistas, tienen que decidir si una persona fue o no culpable de algo concreto. Eso es necesario para que la sociedad funcione. Pero lo hacen prácticamente a ciegas. Y por supuesto sus decisiones serán revisadas en el Juicio Final. Así pues, a efectos de ofrecer una ciencia ética que merezca este nombre, lo mejor es renunciar de entrada a examinar los casos concretos. Por ahí no se llega a ningún sitio. En ningún libro está escrito de antemano lo que yo debo hacer aquí y ahora.

La Axiología es en cambio factible, si intenta ofrecer principios generales, o valores en la terminología introducida por Lotze y popularizada por Scheler, dejando a la persona libre en sentido positivo la decisión en la situación concreta en que se encuentre. En rigor, cada caso concreto es para cada persona la primera vez que algo así ocurre en la historia universal. Precisamente por eso una decisión ética es tantas veces dramática, o incluso trágica.

Por otra parte, renunciar a pronunciarse sobre los casos concretos es lo mismo que respetar la libertad humana en sentido positivo, o sea, como creadora ex nihilo del bien o el mal de sus decisiones. En cambio, la mezcla de lo psíquico con lo ético esconde la pretensión de resolver de antemano lo que la persona debe hacer en su caso concreto. Lo que es tanto como menoscabar o disminuir su libertad en sentido positivo. La mayor gloria de la persona humana consiste precisamente en ser dueña de su destino eterno. Ella lo decide con su conducta, buena o mala que sea. La libertad positiva es el regalo supremo que Dios le ha hecho.

En conclusión, seguiremos concediendo a Scheler el honor del primer puesto en la Axiología o Filosofía de los Valores. El lanzó la idea, si no el primero en estricto rigor histórico, al menos en la coyuntura más favorable para ser bien acogida y tener éxito. Pero rechazaremos su tendencia a hacer difícil lo fácil, mezclando la Psicología con la Etica en las acciones concretas, con la falaz esperanza de hacer ciencia. No se hace más que embrollo.

La Axiología describe con suficiente claridad los principios generales de la moral, los valores éticos u obligatorios, y además su jerarquía u orden Es la persona libre en sentido positivo la que ha de aplicarlos a su situación concreta. Cuanto más Axiología conozca, tanto más probable será que acierte. Y cuanto más ignorante sea de los valores y su jerarquía, tanto más riesgo correrá de equivocarse.

Siempre se ha usado la palabra Prudencia, para describir lo que se espera de la libertad positiva en esas situaciones concretas y muy complicadas, que nunca faltan en la vida de cualquier persona. La prudencia puede ser vista como una virtud formal, cuya aplicación se extiende a todos los valores materiales o con contenido específico.

José María Méndez

Presidente de la Asociación Estudios de Axiología

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