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ORIENT EXPRESS

La II Guerra Mundial en cómic

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 11 de mayo de 2025, 19:41h

El 80º aniversario del final de la II Guerra Mundial , me brinda la percha de actualidad para reseñar este magnífico libro que acaba de llegar a las librerías. Se trata de «La Segunda Guerra Mundial en cómic» (Norma Editorial). Con guion del escritor y dibujante belga Arnaud de la Croix (Etterbeek, 1959) y dibujo de Vicente Cifuentes (Albacete, 1979), se trata de una magnífica síntesis en 20 capítulos, prólogo, epílogo («En conclusión») y bibliografía.

Es destacable que el libro no comience -sin más- con el ascenso de los nazis al poder y el belicismo rampante de Alemania a partir de 1933, sino que dedica más de treinta páginas a la Europa de los años 20 -con particular interés por la Alemania de Weimar (no se pierdan el cómic «Weimar. tiempos inciertos», de Martín, Pedragosa y Morata, en la misma editorial)- y al auge del Imperio japonés en el Extremo Oriente (el incidente de Mukden, la invasión de Manchuria, la olvidada guerra entre la URSS y el Japón, la agresión a China, etc).

Esta es, tal vez, la virtud más sobresaliente del libro: la extraordinaria capacidad de síntesis que los autores han mostrado para que no falte nada relevante y, al mismo tiempo, la lectura se haga ágil y amena gracias al lenguaje del cómic. Planos cinematográficos como la vista de Berlín en 1921 que abre el relato, contrapicados que cuentan reuniones secretas que conducirán a la conferencia de Rapallo (1922), los retratos de Hitler, Stalin, Churchil... Hay una gran deuda con la fotografía de la época así como con el cine documental. Basta una viñeta para mostrar -hasta donde puede mostrarse el horror- la matanza de Babi Yar (1941) o las deportaciones a los campos de exterminio nazis en la Polonia ocupada.

Los autores alternan las voces de los protagonistas con las de los testigos como Stefan y Lotte Zweig, que se suicidaron en Petrópoliss (Brasil) en 1942 o perpetradores a los que a menudo se silencia; por ejemplo, Joseph Goebbels, cuyo discurso en el Palacio de Deportes de Berlín en 1943 popularizó la expresión «guerra total». Asistimos a la conferencia de Wannsee (1942) -a la que se dedica un capítulo- y escuchamos a Heydrich mientras vemos a los congregados con un audaz plano casi cenital.

Cada capítulo concluye con una nota histórica que contextualiza los acontecimientos narrados. No falta la atención al detalle ni cierta erudición como la observación certera acerca de la entrada de los Estados Unidos en la guerra: «Notemos la consumada habilidad de Roosevelt al presentar ante el Congreso americano el 8 de diciembre de 1941 la guerra como algo exclusivamente "defensivo", para luego esperar a que Alemania e Italia tomasen la iniciativa en las hostilidades contra Estados Unidos».

El libro no concluye con el fin de las hostilidades -el armisticio en Europa, la rendición del Japón- sino que se prolonga hasta el juicio de Núremberg. Los autores señalan temas espinosos en el discurso público; por ejemplo, «posibles crímenes de guerra cometidos por los Aliados» como el bombardeo de Dresde por las fuerzas aéreas británica y estadounidense o el uso de armas nucleares contra Hiroshima y Nagasaki. El caso de Katyn, que mencionan los autores, es singular porque se trata de la matanza de oficiales polacos -aliados desde 1939- por parte de efectivos soviéticos, que sólo devinieron aliados contra los nazis en 1941. Los autores aluden, por cierto, a la «complicidad de Rusia y Alemania en la planeada división de Polonia».

Se trata, en fin, de un cómic muy recomendable que enriquecerá la biblioteca de todo interesado por la historia de la guerra cuyo fin, hace 80 años, se conmemora en estos días.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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