La corrida de remiendos compuesta de tres ganaderías ha sido sosa hasta que llegó Frenoso (5º3/20 Victoriano del Río) al ruedo.
A Fernando Adrián le tocó en suerte un toro codicioso, móvil y noble. Su planteamiento de faena no brilló por la originalidad: un pase cambiado de rodillas, poco acertado porque el toro le entrampilló; las bernardinas de remate. Pero todo lo demás: las tandas por ambas manos, las pausas medidas y la faena breve. Faena intensa. Ha creado una obra de la que se acordarán pasada la feria. Su primero, Yegüero (2º10/20 Puerto), se amorcilló antes de recibir la estocada.
José María Manzanares toreó guardando las distancias de seguridad como en los tiempos del COVID. Tampoco acertó con el estoque. El tándem de Manzanares, Fardero (1º4/21 Puerto de San Lorenzo) y Yegüero (4º4/21 La Ventana del Puerto) ha sido de una soberbia sosería.
Pablo Aguado, según sus actuaciones en La Ventas, tiene un deficiente conocimiento de la lidia.
O, quizá, utiliza los primeros tercios para desgastar a su contrario y se queda sin ninguna posibilidad de montar una faena decente. No pudimos apreciar las cualidades de Dulce (3º8/19 Victoriano del Río). Resistemucho (6º4/21 La Ventana del Puerto) tenía intención, es decir, codicia, apuntaba maneras, pero todo se quedó prendido de la vara de Salvador Núñez. El diestro se llevó una bronca. Mal manejo de espada.