El 6 de diciembre de 2004, hace 21 años, publiqué en el diario La Razón, en mi sección Canela fina, el artículo que reproduzco a continuación, en el que hablé por primera vez de Rafael Nadal. Lo hago ahora que el inconmensurable tenista se ha convertido en el más destacado deportista español de todos los tiempos y en ídolo de la muy entendida afición francesa de Roland Garros, que le ha dedicado un grandioso homenaje. Será difícil que volvamos a asistir a un acto tan extraordinario como el que se produjo el domingo en la pista central de Rolad Garros, la Philippe Chatrier. A continuación, el lector de El Imparcial encontrará, sin alterar una coma, lo que escribí hace un cuarto de siglo en La Razón.
“En los años cincuenta, los aficionados al tenis en Madrid no pasábamos de dos centenares. Nos conocíamos todos. Eran los tiempos de Olózaga, Fleitchner, los Couder, Maqua, Gallardo, Emilio de la Torriente, Trapiella, Ayuso, Lizarriturri, Antonio Sánchez Prieto, Pilar Barril, Rosina Alarcón, Nori Argüelles, Carmen Hernández Coronado, Ana María Estalella… Y llegó Santana. Le vi recoger bolas en el Tenis Velázquez, ya desaparecido. Le vi también esgrimir su primera raqueta, entrenarse como un tigre en el frontón de aquel club. He hecho de juez de silla en algunos de los partidos iniciales que le condujeron al estrellato en España. Antes de Santana, nuestro tenis –Alonso, Gomar, Lily Álvarez, Massip, Bartrolí- no pasaba internacionalmente de discreto. Con el jugador madrileño llegó a la cumbre: Wimbledon, el abierto de Estados Unidos (antes Forest Hills), dos veces Roland Garros, dos veces finalista en la Davis. Como ha dicho el periodista que más sabe de este deporte en nuestro país, Manuel Adrio, Santana es el tenis en España. Él lo popularizó, él abrió el camino para los que vinieron después.
Que son muchos: Gimeno, que ganó Roland Garros; Orantes, Forest Hills; Bruguera, dos veces Roland Garros; Corretja, vencedor en el Masters y en la Copa Davis; Moyá, Roland Garros y número uno ATP; Ferrero, Roland Garros, Copa Davis y número uno ATP; y tantos otros, sin olvidar a la fiera de mi niña, Arancha Sánchez Vicario, abierto de Estados Unidos, tres veces Roland Garros, Premio Príncipe de Asturias del Deporte; y Conchita Martínez que venció en Wimbledon, toisón de oro de los concursos tenísticos y una de las pruebas deportivas más difíciles del mundo.
Entre tantos y tantos tenistas españoles, ciertamente extraordinarios, quiero decir que solo he visto a uno comparable a Santana. Se llama Rafael Nadal y acaba de ganar la Copa Davis, junto a Ferrero, Robredo y un gran Moyá. No sé si mantendrá ese juego fulgurante y conseguirá vencer en los torneos del Gran Slam. Santana jugaba de otra manera, con menos potencia y más versatilidad, pero Nadal no le va a la zaga en calidad de juego, en instinto matador, en genio de campeón. Puede ser solo una estrella fugaz. Pero es una estrella y ojalá se consolide en el firmamento de este deporte galáctico que es el tenis”.
Hasta aquí, lo que escribí hace 21 años deslumbrado por el juego de aquel adolescente que empezaba. El tiempo le ha convertido en el más destacado deportista español de todos los tiempos.