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ESCRITO AL RASO

Mundo revuelto y maleducado

David Felipe Arranz
lunes 23 de junio de 2025, 20:00h

La crispación está en el aire, el personal contesta mal, las gentes de bien han perdido los nervios. Y sería fácil indagar en los motivos de este desequilibrio que puede llegar incluso al insulto. Pensábamos que con la pospandemia habíamos aprendido unas cuantas lecciones de convivencia, pero no. Este estado emocional de carácter colectivo de sube y baja se ha cronificado y lo portentoso es cómo se ha ido incorporando a nuestra personalidad, siendo el espíritu malherido la nota predominante en todas las esferas de la vida pública y la privada. Los políticos en la procesión del telediario o el magacín vespertino suscitan lances de muerte y la paz social va desapareciendo poco a poco, dejando paso al conflicto.

En la brevedad del enfrentamiento está la escala de todas las posibilidades vitales de la actualidad: a las puertas, dicen de la III Guerra Mundial y con el Ejecutivo acorralado por la justicia, los discursos y los pensamientos se enredan en la bocamanga del enfrentamiento, siempre ahí, a punto de estallar, de incendiarlo todo… Es curioso cómo el símbolo del recuerdo transicional es una pequeña tienda, un libro abierto en una librería de viejo, un paseo calmante con un amigo de otro tiempo, un programa sosegado de la antigua TVE, una visita al Museo del Prado o al Teatro Real. Todo ellos sirve para reconciliarse con un presente incendiado deliberadamente por los pirómanos de la tranquilidad. Siempre le dimos importancia a esa clase política, que era como la corte de la España sin resolver, que se orientaba hacia caminos democráticos más amplios y largos, mientras que ahora solo se piensa en un cortoplacismo, en un pacto, en una transacción de oportunidades, rebajas y ofertas, al margen del ciudadano.

Algunos, que siempre hemos tenido la querencia de lo vital y lo estético, procuramos estos días ponernos a cubierto de la inclemente “actualidad”. Porque, ¿qué es lo actual? ¿Lo que deciden los editores de los noticieros, en busca de audiencia? ¿Los dosieres y grabaciones que llegan a las redacciones de los digitales, en busca del clickbait? En el recuento de la vida, es en las pequeñas cosas y en los remansos del peregrinar callejero y el curiosear por el gran mundo junto a los grandes amores, donde encontramos la memoria vívida e inmortal de eso que bien pudiera considerarse la felicidad. Momentos, sí, que tan solo contienen un somero mirar… pero qué mirar. No es difícil retener esas vivencias para detener por un momento un orbe deslizante, pedestre y vocinglero, incómodo para su habitabilidad, qué duda cabe. El mundo de ayer, sonriente, transcurre como una película ante nuestros ojos y hace que se piensen mejor las cosas. Llámenme nostálgico, anacrónico, desfasado e incluso antigualla, pero en el recuerdo nos encontramos a nosotros mismos. Y esa desviación que ha constituido el avance y el desarrollo social, tal vez no sea sino un espejismo, una manipulación, una maniobra de los goebbels de turno para apartarnos del viviente alerta que una vez fuimos, para que no constatemos la decadencia absoluta que ha venido después.

Veamos cómo, después de todo, en lo que ha consistido la vida es, para muchos, haberla aprovechado en beneficio de su propio lucro. El resto, como espectadores pasivos de esta gran comedia bufa y negra que es la España actual, nos sorprenderemos una vez más de que los miremos como si mirásemos un programa del colorín, uno de esos realities que parecen superarse a sí mismos en vulgaridad y mala educación. Tengan cuidado, que todo se contagia.

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