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Desalojo en Hebrón

viernes 05 de diciembre de 2008, 01:36h
Durante el verano de 2005 el entonces primer ministro israelí Ariel Sharon ordenó desalojar a los colonos de sus asentamientos en Gaza. Entonces, la práctica totalidad de sus conciudadanos no pudo por menos que sentir una cierta simpatía por aquellos civiles que se resistían con todas sus fuerzas, negándose a abandonar su hogar. Aquellos asentamientos les habían sido adjudicados legalmente, y por ello no entendían -o quizá sí, y eso era lo pero- porqué debían irse. Gush Katif se convirtió en el símbolo de la resistencia y por todo Israel era frecuente ver a las gentes más dispares portando en su solapa un lazo naranja, el color de la revuelta de los colonos.

Esta semana hemos asistido a un desalojo en parte similar, en parte diferente. Similar, en tanto se trata de un asentamiento de colonos israelíes en Palestina. Pero diferente porque, en esta ocasión, el asentamiento era ilegal, y además estaba en Hebrón. O lo que es lo mismo, Cisjordania, feudo de los moderados de Mahmoud Abbas. Gaza es el bastión de Hamás, y es sabido el “explosivo” concepto de la política que tienen sus seguidores. En Cisjordania las cosas son distintas. Aquí al menos hay un atisbo de raciocinio. El equilibrio pacífico en Oriente Medio suele pender de un hilo, un hilo demasiado frágil. Ese hilo lo rompió conscientemente Ariel Sharon durante su paseo por la Explanada de las Mezquitas, provocando la segunda Intifada. Y lo rompen con demasiada frecuencia los terroristas de Hamas, lanzando cohetes desde suelo palestino contra objetivos civiles israelíes. Pero también tienen su cuota de responsabilidad algunos miembros de la extrema derecha israelí, opuestos a que se haga la más mínima concesión a los palestinos. Ellos y algunos exaltados ultraortodoxos han sido los que han protagonizado los incidentes de estos días. El propio ministro de defensa, Ehud Barak, ha fracasado en sus intentos por negociar con ellos un desalojo pacífico. Pero esta vez, la sociedad israelí ha reaccionado de modo bien distinto de cómo lo hizo en el verano de 2005. Están hartos de tanta tensión, y saben que también entre los suyos hay quien la provoca. Y no parecen dispuestos a tolerarlo.
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