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TRIBUNA

Escenas que adornan el verano (V)

lunes 18 de agosto de 2025, 08:33h

La procesión de San Cayetano en la plaza de Cascorro, con el séquito de chulapos y chulapas y jóvenes y los que lo siguen siendo de espíritu. La procesión de claveles blancos y claveles rojos en las manos de cada uno y los que no habían elegido la opción floral era porque ya estaban felizmente ocupados con los minis de cerveza, de tintos de verano, de otras aguas con misterios o con cartones de comida cuyo olor hacía enloquecer a los pequeños que pedían otra ración a sus padres, y desde los altavoces llegaban los afluentes del pop actual y las zarzuelas. Ser espectador por primera vez de esa procesión y encontrarte con amigos y conocidos y decírselo y que te miren como si acabaras de aterrizar de otro planeta. La puesta en duda de que no puedes ser de Madrid y no haber venido nunca a estas fiestas y el ponernos de acuerdo en que están bien, pero no son para tanto, para disculpar mi novedad en ese ambiente.

La misma procesión que ya había leído hace dos años en el excelente libro de poemas de Ignacio Vleming, La revolución exquisita, en el titulado “Voz”, donde el poeta y su amiga Carmen Jodra Davó apreciaban la belleza de un muchacho encaramado a la cintura de San Cayetano mientras lanzaba a la multitud esos claveles blancos y claveles rojos, y la pena del poeta que ya no cuenta con su amiga pero sigue abrazado a su amistad, en ese verano ‘que ha partido en dos/ el corazón de los poetas/ y de los chicos de veinte años todos,/ a los que amabas con amor de amante’. Y siguiendo las coincidencias que ponen en jaque al sentimentalismo, unas semanas más adelante, en el arcén de la carretera de salida y de entrada al pueblo, ver cómo han crecido algunas zarzas y las moras agraces se han ido abriendo paso también ‘como un derroche de luz que a los campos agosta y muerde el polvo’.

El calor que se ha vuelto una celebración de lo siniestro, alumbrada por los incendios en cualquier punto de la península. El dolor ulceroso de las pavesas y la impotencia. El silencio que se pone a todo ello por no saber reaccionar, por desconocer qué consecuencias traerá a largo plazo. Pensar ese silencio en el pasillo de casa, con la puerta cerrada y la luz del mediodía entrando por la cristalera que enamarillece los estantes con jarrones de botica y las cestas de flores secas y el arcón.

Acordarme de lo que Marguerite Yourcenar escribió en su Alexis o el tratado del inútil combate, que ‘esta casa de apariencia frágil, que parece haber sido hecha para resistir sólo un verano, durará infinitamente más que nosotros, y quizás más que toda nuestra familia. Puede que algún día vaya a parar a manos extrañas; le será indiferente, porque las casas tienen su vida particular que nosotros no entendemos y la nuestra les importa muy poco’.

Preguntar a los amigos qué tal están yendo sus veranos. Las canciones para antes o después, queriendo preguntarles de nuevo. Bent y Suspended, en las versiones grabadas en directo del álbum At The Point, de Matt Nathanson. Pero es recomendable, por si supiese a poco, el disco por entero.

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