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TRIBUNA

Polémica Pérez Reverte - M.A. Cajigal

Jesús Carasa Moreno
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carasajesusgmailcom/11/11/17
https://www.jcarasa.com/
martes 19 de agosto de 2025, 20:00h

El historiador de Arte Miguel Ángel Cajigal ha afirmado: “El Guernica“ de Picasso “es el cuadro más relevante de la pintura española”.

En respuesta, Pérez Reverte ha sentenciado que es “El duelo a garrotazos”, de Goya. Dice: “Y, bueno. Relevante no sé, oigan. Doctores tiene el Arte. Pero, en mi opinión, este es el más representativo. Picasso nos pintó “El Guernica”, pero Goya nos pintó el alma”.

Amigos, bonito debate, Se me van los pies a intervenir en él.

Quizá Cajigal tiene razón y “El Guernica” sea el cuadro más famoso de la pintura española, por su carga propagandística. Fue concebido para ello. El objetivo era atraer la atención hacia la causa republicana, en plena Guerra Civil. Le fue encargado por el Gobierno de la Segunda República para El Pabellón Español de la Exposición Internacional de París de 1937.

Picasso lo pintó a desgana, arrastrado por su alto precio y por su ideario. Estaba afiliado al Partido Comunista. Pintó un cartelón de dimensiones desusadas, para su costumbre y en un tiempo muy escaso. Desbordado por estas circunstancias, se buscó facilidades. Usó solo dos colores y concibió la composición como si fueran varios cuadros en uno. Y hasta se ha insinuado que empleó bocetos que tenía preparados para otros proyectos.

Pero las circunstancias políticas han logrado que El Guernica sea un símbolo de la izquierda y de gran parte de la juventud.

En cuanto a su valía artística… El mismo Picasso dudaba de ella y permitió que fuera el cuadro más maltratado de la historia de la pintura. Treinta y siete traslados, plegado como el toldo de un camión.

Las Meninas, tan célebre como El Guernica, debe su inmensa fama a su valor artístico. Velázquez pintó, como nadie, un espacio atacado por varios focos de luz que modulan la tiniebla del recinto. Un problema pictórico de primera magnitud resuelto con tal maestría que cuando le preguntaron a Dalí por lo que salvaría del Museo del Prado, en caso de incendio, contestó, sin vacilar: “El aire de Las Meninas”. Veis la mitad superior del cuadro, vacía de personajes. Allí está “el aire”.

Y en la mitad inferior veis, entre otras cosas, una dura crítica a la sociedad de su tiempo, en la que nadie estaba en su sitio, como en el cuadro. Y menos el mismo Rey, postergado, en imagen, a un ridículo rincón.

Para mí, “Lucha a garrotazos” puede representar a cualquiera de los pueblos europeos, no solo al español, que han dedicado milenios a la lucha por el mismo territorio. Pero Pérez Reverte, como buen representante de nuestra intelectualidad “analogiconostalgicoderrotista”, entra en tromba a descalificar al pueblo español. Nunca desprecia la oportunidad de hacerlo.

Pero, amigo Arturo, un intelectual está obligado a escarbar más hondo. Él no entra en polémica de calidad, se declara incompetente. Quizá, algún día, cuando avance en la lectura de su ebúrnea biblioteca y llegue a Goya, descubra que los motivos que le llevaron a pintar “Duelo a garrotazos”, las series de grabados y “Las pinturas Negras”, en que la sociedad española sale tan mal parada, fueron otros que los que él supone.

La tiránica vocación, que consintió a Goya más de media vida de pintor aburguesado, le esperaba en la emboscada de una cruel enfermedad que le dejó totalmente sordo, a los cuarenta y siete años. Y le hizo pensar, que tenía cosas más importantes que decirnos.

Pinta algunos cuadros “en que he logrado hacer observaciones a que, regularmente, no dan lugar las obras encargadas” y retoma su trabajo, de inmenso grabador, donde da rienda suelta, ya con 53 años, a esa desenfrenada inventiva y cruel crítica social, de Los Caprichos, Los Desastres de la Guerra, Tauromaquia y Los Disparates.

Y amigos, ya con 73 años, cuando otros se limitan a copiarse, pinta, para su exclusivo deleite, las Pinturas Negras. Quizá vio, en las paredes de La Quinta del Sordo, el sitio donde dar, por fin, vida vergonzante a imágenes, ya anunciadas en sus grabados, que venían torturándole y a las que, su personalidad pacata, impedía dar manifestación pública.

Pero… En la restauración de Fernando VII se le señaló como liberal y afrancesado y hasta la Inquisición le anduvo merodeando.

Esta peligrosa situación aconsejó al pobre viejo a autoexiliarse en Burdeos, ya con setenta y siete años, hasta su muerte en 1828, a la edad de ochenta y dos. Amigos. Yo creo que Goya pintó “Duelo a garrotazos”, “Grabados” y “Pinturas negras” para denunciar lo que habían hecho con el pueblo español los que lo gobernaban. Y creo que al amigo Pérez Reverte quizá le pasa con el cuadro “Duelo a garrotazos” lo de la famosa anécdota. Que cuando alguien señala la luna, con el dedo, los hay que miran el dedo.

Yo sugiero al amigo Pérez Reverte que, si quiere ver “el alma del pueblo español”, se acuerde de lo que hizo en América, de espaldas a la corona, entretenida en despilfarrar el oro y las vidas en interminables guerras por la disputa de puñaditos de tierra.

O como cuando estuvo bien gobernado, pasó de la pobreza absoluta a ser la octava potencia económica del mundo.

O cómo edificó, desde la Dictadura, una Democracia que nos permitió homologarnos y entrar en el club europeo.

Ahí te quiero ver, amigo Pérez Reverte.

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