Estudios de Axiología ha publicado recientemente el manuscrito de García Morente sobre lo que él llamó Hecho Extraordinario. Aunque su caligrafía era excelente, la gente ya ha perdido la costumbre de leer escritos a mano. Es una consecuencia más de la revolución en las costumbres, que está imponiendo la formalización de la Lógica, y con ella la posibilidad de tener a nuestro alcance ordenadores y móviles. Por eso, el texto manuscrito se ofrece también en letra impresa. Cada doble página del libro corresponde a una de las 68 cuartillas que redactó Morente. A la izquierda figura el manuscrito y a la derecha el mismo texto cómodamente legible.
Este manuscrito, que Morente entregó a Mons García Lahiguera poco antes de ordenarse sacerdote en 1940, se guarda en la sede de las Oblatas de Cristo Sacerdote, Congregación fundada por Lahiguera.
Cuando murió G. Morente, sus dos hijas descubrieron el borrador del Hecho Extraordinario, que él guardaba como copia. La nieta de G. Morente, Carmen Bonelli, me permitió cotejar ambos textos. En el libro ahora publicado hago constar las mínimas diferencias entre ambos manuscritos. Más bien sorprende la gran paciencia de G. Morente para redactar a mano dos veces el mismo y largo texto.
Considero relevante a G. Morente en Axiología sobre todo por su lapidaria frase El progreso es la realización del reino de los valores por el esfuerzo humano (Ensayos sobre el progreso, Ed. Encuentro 2001, Pag 57). Compartió la enorme admiración que Ortega tenía por Max Scheler. En realidad, en los años veinte del pasado siglo se levantó una ola de entusiasmo en toda Europa por la ética material de los valores, que inauguraba Scheler. Una vez ordenado sacerdote, Morente tenía la intención de conciliar a éste con la filosofía escolástica de Santo Tomás de Aquino. Pero su prematura muerte en 1942 le impidió iniciar siquiera este proyecto.
Pero sobre todo G. Morente nos enseñó con su vida ejemplar mucho más de lo que hubiera podido hacer escribiendo sendos libros sobre Filosofía de los valores, como se decía entonces. Y por muy buenos que éstos fueran. Los valores en vivo, que se aprecian leyendo el Hecho Extraordinario, y aún más su heroico silencio, enseñan mucho más de lo que el mejor Tratado de Axiología pudiera ofrecer. Este es el motivo mayor para recordar a Morente en la historia de la Axiología.
La primera noticia sobre el Hecho Extraordinario se tuvo en 1951 con el libro de Mauricio de Iriarte El Profesor Garcia Morente, sacerdote. (Espasa Calpe Madrid). Habían pasado catorce años desde que fue escrito en 1937. Cuando apareció este libro, todos entendieron las razones profundas de su llamativa conversión. Y quizá algunos se avergonzaron de sus injustas críticas.
Morente se confesaba todas las semanas con el Director espiritual del Seminario de Madrid, Lahiguera. Tras una de las confesiones le entregó su manuscrito pidiéndole que lo leyera. A la semana siguiente ni Lahiguera contestó
nada, ni Morente preguntó nada. Nunca después hablaron sobre el asunto. Sorprende tan asombroso e inverosímil silencio mutuo.
Siendo G. Lahiguera Arzobispo de Valencia tuve la ocasión de estar a su lado en una comida. Aproveché la ocasión para preguntarle. -¿Es cierto que Vd. nunca habló con Morente sobre su manuscrito? La respuesta fue: -Es cierto. Así se lo dije a Iriarte, y éste lo reprodujo con fidelidad.
Insistí: -Morente le hacía una consulta. Parece lógico que Vd. le diera una respuesta.
No recuerdo exactamente las palabras de Lahiguera, pero su sentido fue éste: -Cuando me dio el manuscrito, observé que se quedaba tranquilo, como si se quitase un peso de encima. Cuando vino la semana siguiente y no le dije nada, me pareció más tranquilo aún. Entendí que mi silencio era suficiente respuesta a sus dudas. Y luego nunca pude observar en él indicio alguno de impaciencia, ni siquiera de curiosidad, por saber más.
En efecto, si Lahiguera no le decía nada, estaba claro que en la extraordinaria experiencia de Morente no había sospecha alguna de auto-engaño, y mucho menos de sugestión diabólica. Se dice que entre personas inteligentes pocas palabras bastan. En este caso bastó la ausencia total de palabras.
Pero más admirable aún resulta el silencio de Morente ante los ataques que recibió tras su ordenación, tanto por la derecha como por la izquierda. Los falangistas le acusaron de chaquetero oportunista, que sólo buscaba medrar en el nuevo régimen político. Ortega y Gasset, y los viejos compañeros de la Institución Libre de Enseñanza, en la que Morente era el segundo en importancia después de Ortega, le retiraron el saludo. Y le tacharon de traidor. Sin embargo, Morente no se defendió en ningún momento ni de los unos ni de los otros.
Las 68 cuartillas de Morente, y aún más su heroico silencio hasta la muerte, me parecen mucho más elocuentes que los varios miles de páginas con las visiones de la monja Ana Catalina Emmerick, a las que hacía referencia Luis María Ansón en su articulo del pasado Viernes Santo en El Imparcial. Sin duda hay sorprendentes anticipaciones en esas visiones, que luego se confirmaron. Pero eso no asegura que el resto de las visiones no pudieran tener una componente de auto-engaño subjetivo.
En personas psíquicamente no del todo normales es muy difícil separar lo que pueda haber de auténtica revelación divina -que no lo niego- y lo que pueda haber de auto-sugestión o mera alucinación. En cambio, en el caso de Morente todo es diáfano y trasparente. En su relato queda claro el perfecto equilibrio psicológico de quien tiene sus sentimientos bajo el control de una inteligencia lúcida y una voluntad serena. Se queja con frecuencia de insomnio. Pero el insomnio no es una enfermedad de la mente, sino una molestia corporal.
El Hecho Extraordinario sorprende ante todo por la honrada introspección en búsqueda de la verdad objetiva. El mismo Morente, como buen filosofo que era, trató de ver cómo es posible el conocimiento de algo que no haya pasado previamente por los sentidos. Se trata de la más genuina vivencia que pueda ofrecerse para describir la intuición axiológica defendida teóricamente por Scheler.
En este sentido bien podemos decir que Morente fue el precursor viviente y experimentado en la práctica de la percepción de los valores, si es que otorgamos a
Scheler el mérito de precursor teórico de la Axiología. Morente intuyó directamente el Valor de los Valores -Valor Valorum-. Percibió la presencia de Jesucristo en persona. (Cfr. Rev. El Catoblepas, Num 167, Enero 2016)