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TRIBUNA

El perímetro de la nadería, 4: el peligro de la O

lunes 22 de septiembre de 2025, 20:01h

El ocio corrompe. Huye de la ociosidad. Es veneno. Éstas podrían ser máximas de pastoral antigua; muy al contrario, se desprenden de algunos versos que nos regaló el desahogado poeta Ovidio en su quinta póntica y en aquellos Remedia amoris, donde incluye avisos y consejos para combatir los pesares del desamor, después de habernos aconsejado cómo ligar en su Ars amandi, en la etapa más feliz de su vida, pues la última quedó marcada por su destierro en el Ponto, ya que el emperador Augusto juzgó de pésima influencia este último libro para sus empeños de reforma ética en la sociedad romana, y acaso porque el poeta vio o estuvo involucrado en algo precisamente poco moral de la familia palatina. «Carmen et error» (un poema y un error), así justificaba el propio Ovidio en sus Tristia, un tanto crípticamente, los motivos del castigo. Pero si el ocio es veneno, el negocio ‒que etimológicamente significa negarlo: el no-ocio‒ ¿es más saludable? Si la palabra ocio se inventó antes que la de negocio, casi una reminiscencia de la mítica por cómoda Edad Dorada, ¿en realidad es tan perjudicial? Digamos que si seguimos enamorados de alguien que nos olvida, desde luego; pero si lo disfrutamos de manera menos insomne, es claro que no. Y es aquí adonde quiero llegar: Ocio o negocio, ¿qué es mejor? Según y depende, todos estaremos de acuerdo, lo mejor es ocio “y” negocio. ¿Se dan cuenta? Esa autoridad inapelable de la “o” es lo que nos limita. El peligro no está en la “o” de Ocio, ni siquiera en la de Ovidio, sino en esa conjunción que encierra en sí misma a su enemigo: la disyunción. Lo típico: «¿A quién quieres más?, ¿a papá o a mamá?». A papá “y” a mamá, responden los espabilados.

Siempre estoy dispuesto a desactivar la bomba disyuntiva que oculta la conjunción “o”, y no porque me disguste su grafía, pues considero que todo lo que nos es íntimo y cercano tiende a lo oval, salvo una cama: la bolsa intrauterina, el baile circular del beso, los platos y los vasos, cuya base es circular… En fin, y aunque nos sea lejano, pero de nuestros día a día: ¡el mismo Sol!, ¡la Tierra (achatada por los polos)!, ¡la Luna (a veces)! Hasta en la representación geométrica del secreto de la armonía que es el número de oro, qué escaso quedaría su rectángulo sin la esplendorosa espiral áurea que lo envuelve. Las curvas son importantes, no digamos las caderas, que ni mienten, como cantaba Shakira.

Así que no, no es por eso. Sólo que lo occidental se basa en lo racional y la economía, y puesto que lo racional es economía de pensamiento, invito a ser más despilfarradores en la variedad de opciones, y no encerrarnos en fórmulas y expresiones manidas que lo constriñen. Desconfíen, así, de uniones que separan, como esa “o”.

Sin duda, hay disyunciones o dilemas inapelables: «Sí o no». «La bolsa o la vida». «Truco o trato». De acuerdo con ello. Ahí, esa “o” no es discutible; pero cada vez más leo o escucho en los medios, falsas oposiciones que intentan conducirnos a una sola reacción, y nos las lanzan cual anzuelos; pondré un ejemplo que podría parecerse a ese tipo de incitaciones: el político de turno (coloque cada cual el que considere) «¿es un cretino o se está riendo de nosotros?». ¿Ven?, es eso a lo que me niego, pues el que se esté riendo de nosotros no tiene por qué borrar la sospecha de su cretinez.

Sí, recomiendo hacer un uso mesurado de la “o” disyuntiva, y considerar cambiarla por la “y” copulativa en los casos en que resulte más natural y enriquecedor, como el mismo calificativo induce. Me parece un ejemplo genial el título del, valga la redundancia, genial Billy Wilder en su película más famosa, esa que en España se tituló Con faldas y a lo loco, y en países hispanoamericanos, Una Eva y dos Adanes. Me refiero, obviamente, a la cumbre de la comedia para muchos que es, en original, Some Like It Hot (1959), con unos impagables Marilyn Monroe, Jack Lemmon y Tony Curtis. La traducción literal de A algunos les gusta caliente, entiendo que debió de echar bastante para atrás a los censores, pero a mí se me antoja una combinación perfecta de economía textual con espiral de interpretaciones; a saber: 1) «A algunos les gusta caliente» (el eufemismo de café caliente cuando se pedía whisky en los garitos clandestinos en la época de la ley seca, tal como sucede en la película); 2) «A algunos puede gustarles el Hot» (así se conoce el jazz original, que se interpreta en la cinta), y 3) también «a algunos ‒o más que a algunos‒ les gusta lo caliente», sin tapujos, representado por esa diosa de la sensualidad que fue, y sigue siendo, Marilyn. Por tanto, la polisemia de Hot multiplicaría el significado del título sin obligación de que sus derivadas sean excluyentes, sino gozosamente complementarias, pues a esos «algunos» pueden encantarles las tres variantes a la vez; así que (y + y + y3 [al cubo, tratándose de Marilyn]).

De modo que cuidado, cuidado con el fácil recurso de la “o”. Pienso que Ramón Gómez de la Serna podría haber escrito que el peligro de la “o” es que se te caiga alguna buena idea por su agujero. Yo me contento con haber llenado unos minutos el ocio de ustedes, si es que lo he conseguido, y combatir el veneno del mío con algo de negocio.

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