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ORIENT EXPRESS

La Hispanidad africana

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 12 de octubre de 2025, 19:59h

Se habla mucho, y con justicia, de la Hispanidad en el contexto americano. El Imperio Español fue la mayor empresa civilizatoria de todos los tiempos y ahí está la América española para demostrarlo con sus ciudades, sus catedrales, sus universidades de fundación española. Sin embargo, no se habla tanto de la Hispanidad africana.

No me refiero tanto a las Canarias ni a las ciudades de Ceuta y Melilla, las Chafarinas, los peñones de Alhucemas y Vélez y el islote de Perejil, que todos ellos son parte de España, sino más bien a la presencia histórica que, desde las navegaciones del siglo XV, llevaron España al continente africano. Hubo exploradores como Pedro Páez (1564–1622), jesuita y misionero en Etiopía, prisionero de corsarios musulmanes, esclavo en el Yemen durante seis años y descubridor de las fuentes del Nilo Azul. Su vida pide a gritos una película pero dado lo que han hecho con personajes como El Cid y Cervantes en los últimos años, prefiero esperar un tiempo.

España amplió su presencia a partir de 1884 con la toma de posesión de la costa del Río de Oro y Cabo Blanco. Eran los años de la Conferencia de Berlín de 1884-1885 y del imperialismo del siglo XIX, cuyas realizaciones más notables fueron la colonización de Guinea Ecuatorial -que dimanaba de los tratados con Portugal (1777-1778) y se intensificó con la creación de la Guinea Española (1900) - y, ya a comienzos del siglo XX, el establecimiento del Protectorado en Marruecos (1912-1956).

En general, la presencia española en África se estudia poco a excepción del conflicto del Sáhara Occidental, que es quizás el tema más habitual en el marco de la descolonización española. Es menos conocida, por ejemplo, la importancia que la orden de los claretianos y los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María tuvieron en la evangelización y educación en Guinea Ecuatorial o la admirable labor del Padre Lerchundi (1836–1896), misionero franciscano, arabista y diplomático oficioso en Marruecos, que pasó más de treinta años en Marruecos, residiendo sobre todo en Tánger, Tetuán y Larache. Fue autor del «Manual de árabe vulgar o dialecto de Marruecos» (1872), primer gran diccionario y gramática del árabe magrebí, y del «Vocabulario español-arábigo y arábigo-español» (1892). En la mejor tradición de la labor cultural de los misioneros americanos, el Padre Lerchundi impulsó los estudios árabes y marroquíes y la impresión de libros en árabe dialectal.

En buena parte del siglo XIX y todo el siglo XX, Marruecos, Sidi Ifni, el Sáhara Occidental y Guinea Ecuatorial desempeñaron papeles cruciales en la historia de España. Se suele pensar en la Guerra Civil Española (1936-1939) y en el Ejército de África como espina dorsal del alzamiento, pero en general esos países sufren un triste olvido en la cultura de masas. Ni siquiera la presencia de numerosos inmigrantes marroquíes en España ha hecho que la presencia histórica de España en Marruecos haya adquirido relevancia. Obras como «La vida perra de Juanita Narboni» (1976), de Ángel Vázquez, que es una elegía al Tánger internacional, son casi para iniciados y nostálgicos. Algo parecido sucede con la literatura en torno a Guinea Ecuatorial. Libros como «Cuando los combés luchaban» (1953), de Leoncio Evita Enoy, o «Una lanza por el Boabí» (1962), de Daniel Jones Mathama, ni siquiera se mencionan en los libros de secundaria, donde Guinea está casi por completo ausente.

Quizás este Día de la Hispanidad -en que, por cierto, Guinea Ecuatorial devino independiente en 1968- sea una buena ocasión para volver la vista a la Hispanidad africana, su historia y su legado.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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