Los resultados de las elecciones al Parlamento Europeo de junio de 2024 y la realidad de la orientación política predominante en los 27 Estados Miembros de la Unión, aun con todas sus variantes, permitían barruntarlo. Y, en efecto, se viene produciendo un lento pero paulatino giro de la Unión Europea hacia posiciones más de centro-derecha, más moderadas en planteamientos que venían llegando a ser de excesiva ruptura con lo positivo del pasado al servicio de objetivos asumidos con tono demasiado fundamentalista, más templadas también en cuanto al activismo centralizador europeo. Y se están propiciando medidas de simplificación importantes en la regulación y en los modos de actuación, para que la Unión trabe menos el despliegue de las libertades para cuya expansión razonable por encima de las antigua fronteras nacieron las Comunidades Europeas.
El tradicional bloque que, de una u otra manera, ha sido una constante dominante en todo el proceso de la integración europea, fue amasado entre lo que fueron los grandes partidos demócrata-cristianos, socialistas y liberales. Tal bloque dirigente ha continuado cuando, tras diversos avatares, los demócrata-cristianos se han ido transformando en populares, los socialistas han uncido a su carro a quienes prefieren llamarse, más a la americana, demócratas, y se han reagrupado los liberales, con sensibilidades distintas, incluidos los del Presidente francés Macron, en lo que se llama Renew. Viene descendiendo en peso desde hace tiempo, pero en las últimas elecciones de 2024, aunque el PPE subió diez escaños, los socialistas bajaron otros diez y los liberales veinticinco, de modo que cuenta ahora con una mayoría mucho menos cómoda que en el pasado (401 de los 719 escaños), incluso aun cuando tienda a unirse a ellos el grupo de los Verdes, cuyo retroceso en las últimas elecciones (pasaron de 73 a 53 escaños) le ha restado bastante relevancia. El conjunto de otros partidos situados, en el lenguaje usual, a la derecha de ese bloque, y alguno a la izquierda, se ha acercado sensiblemente a ocupar la mitad del hemiciclo, aunque, en dichas últimas elecciones, son los de la derecha los que han incrementado más marcadamente su presencia, al tiempo que se ha reducido la de “La Izquierda”. Los partidos de esa ahora amplia derecha (189 diputados) incluyen alguno que ya tuvo alguna importancia en el pasado como Partido Conservador, fundado principalmente por los tories británicos, pero que, con su nueva adjetivación, ya en la legislatura anterior (la 9ª), como Conservador y Reformista, ha encuadrado a formaciones políticas de sesgo crítico con respecto a lo que consideran excesos de centralización y de homogeneización ideológica europea, como actualmente el PiS (“Ley y Justicia) polaco -que estuvo integrado en el PPE- o los Hermanos de Italia de la Señora Meloni, y suma 80 escaños, tras la incorporación como independientes de dos de los españoles que ganaron sus escaños en la lista de “Se acabó la fiesta”. Pero engrosan, además, las bancadas de esa derecha otros dos grupos que han emergido en las últimas elecciones con un aún más marcado tono nacionalista y crítico –aunque principalmente por transformación de un grupo análogo de la legislatura precedente-, uno con especial fuerza (84 escaños), el de los Patriotas de Europa, en el que ha desembarcado Vox -que estuvo en la pasada Legislatura con los conservadores y reformistas-, y forman principalmente también los diputados franceses de “Reagrupación Nacional” (Le Pen), los de la “La Liga” de Salvini y los húngaros de Orban, y, por otro lado, con bastantes menos diputados (25), el de la Europa de Naciones Soberanas donde han recalado los de Alternativa para Alemania. Hay además 30 no inscritos.
Este cuadro se viene haciendo notar desde que la 10ª Legislatura comenzó a rodar, siendo determinante, desde luego, para la conformación de la actual Comisión europea, aunque el peso de los Gobiernos de los Estados haya acabado por ser, como siempre, el más determinante.
En el primer año de la Legislatura ya ha habido -cosa insólita hasta ahora- nada menos que tres distintas mociones de censura, que han sido rechazadas, sí, pero por la mínima en el primer caso, en julio -en el que la censura se dirigió principalmente contra la Presidenta y se rechazó por 360 votos, justo la mayoría absoluta-, y por solo algunas pocas decenas de votos más en los otros dos casos, en el pasado octubre: por 378, la que, planteada desde la derecha, contó con 179 votos a favor y 37 abstenciones, y por 383, la presentada, a su vez, por la izquierda, que llegó a sumar 133 votos a favor y 78 abstenciones.
No cabe hacer ahora aquí mayores análisis que podrían mostrar la influencia que va ejerciendo la nueva composición del Parlamento en sus resoluciones y posicionamientos, aunque siga predominando de ordinario lo que respalden de consuno la mayor parte de quienes están integrados en lo que hemos llamado el bloque tradicional directivo, aun con variantes a veces en razón de la pertenencia de los diputados a unos u otros Estados o incluso de sus preferencias personales, cuando la disciplina de los grupos lo admite.
Muy recientemente, sin embargo, se ha producido ya una votación bien significativa, en la que parece que, por primera vez, la mayoría que ha sacado adelante la Resolución correspondiente, tanto en la Comisión de Asuntos “Constitucionales” (en realidad “institucionales”) como en el Pleno del Parlamento -los días 11 y 27 del pasado noviembre, respectivamente- se ha conformado con los votos muy principalmente del centro-derecha y la derecha, con 17 votos a favor y 13 en contra en la Comisión, y con 337 a favor, 245 en contra y 12 abstenciones, en el Pleno. Votaron a favor en el Pleno todos los presentes del PPE, menos 1 que votó en contra y 3 que se abstuvieron, los conservadores y reformistas, los Patriotas y los de ESN, más 5 socialistas, 4 de Renew, 1 de los Verdes y 20 no inscritos, posicionándose en contra la gran mayoría del centro-izquierda y la izquierda, agrupados en Renew, S&R (2 se abstuvieron), los Verdes y La Izquierda (2 se abstuvieron), más 2 no inscritos y 1 que ya hemos dicho del PPE. Se trataba de la Resolución sobre la aplicación de las disposiciones del Tratado relativas a los principios de subsidiariedad y proporcionalidad, y la función de los Parlamentos nacionales en el proceso legislativo de la Unión, por la que el Parlamento ha instado, en efecto, que se incremente el papel de estos Parlamentos de los Estados Miembros de distintas formas en la adopción de las más importantes normas de la Unión.
La realidad de que el actual Parlamento suma 350 escaños entre los 188 del PPE, los 84 de Patriotas y los 80 de Conservadores y Reformistas, a los que aún pueden sumarse los 25 de ESN, llegando a superar con creces la mayoría absoluta con 377 votos, puede seguir dando lugar a novedades, cuando resulta que Socialistas y Demócratas son 136, Renew 77, Los Verdes/ALE, 53, La Izquierda 46 y los no inscritos -de muy heterogéneas tendencias- 30. Aun sin olvidar que quien sobre todo manda en la Unión es el conjunto de los Gobiernos de los Estados miembros a través del Consejo Europeo y del Consejo, y, tras ellos, los Parlamentos nacionales, precisamente. Un conjunto, por cierto, en el que las tendencias dominantes se asemejan, aun con modulaciones, a las que resultan del reparto actual de escaños en el Parlamento Europeo.