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DESDE ULTRAMAR

De las novedades en el DLE 2025

Marcos Marín Amezcua
jueves 18 de diciembre de 2025, 19:01h
Como ya es feliz costumbre, se han publicado las modificaciones al Diccionario de la Lengua Española (DLE). Como suele suceder, algunas resultan novedosas, otras rebatibles (lo normal), otras tantas ya existentes y apenas se incorporan a su corpus siendo por fin recabadas o admitidas; y todas implican un ampliar el idioma que confecciona la gente y en cada vocablo va una herramienta de expresión. Sea tan grato de consultar la lista, aquí y la relación estructurada en esta entrega es enunciativa, salvo si cabe alguna precisión. Del resto lo invito a consultarlas en la liga presentada, ya que aseguro que usted encontrará puntos asaz interesantes y llamativos.
Como cada año, la RAE nos recuerda que lo presentado es con el aval de la ASALE, es decir, una suerte de excusa, un "si caigo yo, caemos todos". La verdad es que eso no quita dos cosas que saltan a la luz, mientras no se diga lo contrario: siguen prevaleciendo palabras peninsulares sin registro localista que debiera haberlo –“desescalada” en años pasados con connotación política o Dana, como ejemplos de verdaderos localismos– antes que las voces hispanoamericanas. De todas formas, los medios de comunicación globales ya se encargarán de difundir unas y otras como en gran medida ya vienen haciéndolo de consuno. Ahora, por caso, apareció “marcianada” que no he oído en contextos hispanohablantes y, supongo, dejándolo en eso, que es peninsular. A ver si me equivoco.
La publicación nada advierte de un año complejo en la materia. La vergonzante persecución desde la dictadura nicaragüense a la Academia Nicaragüense de la Lengua, el choque ya inocultable entre la RAE y el Cervantes –recuerde que esta columna se ha pronunciado por la interrupción de los importantes servicios de los Foros del IC– o la suspensión del español en los canales oficiales yanquis, ensombran el mantra de ser 600 millones de hablantes. Hay luces y sombras y no se oculten ambas. Al menos, la necesaria compilación de vocablos que ha ido en aumento en admisión y revisión del DLE detuvo, tal parece y por fortuna, la pésima idea de eliminar vocablos arguyendo desuso. Debe sumar, no restar, conste o no, estén vigentes o no. Son idioma sin importar su grado de utilización.
Repasando el listado ofrecido en esta ocasión, bien podemos agrupar las aportaciones según su origen, como añadimiento, recopilación –dotándolas de mayor visibilidad– cambio o ampliación de acepciones y modalidades. Lo habitual.
Así entonces, ya circulaban antes de inscribirse en el DLE el chaco, la mexicana chamaco, el gentilicio macedonio, matrioska y matriuska, la mexicanísima morro –muchacho, niño y añadiría morrillo, por extensión– pero no lo que alude el DLE sobre haber en ello una cacarañada. Eso lo desconozco en el contexto mexicano.
También se alude a besar –darse un besito, decimos en México– remitiendo a un choque leve entre vehículos, buitre –persona sin escrúpulos que va a costa de otra– y se registra caña (como aguardiente), cava (como armario de vinos), centrocampista, chirriar en el sentido de dar una impresión negativa, contraria, sobre algo o alguien (me chirria). Se enuncia destornillador (bebida) y se añade una acepción a directo como “(en) directo” referida a una transmisión de una señal al momento y va junto con acepciones relacionadas como lo es actuar o grabar en directo. Se incorpora otro giro a “etiqueta” ligado a un hastag cuando precinta o cataloga un concepto; y uno más a formato (el cómo se presentan las cosas) y que antes de sumarlo, ya existía. Se fijan autoconsumo, inmunidad de grupo, de rebaño y comunitaria –que, en efecto, médicamente son tres etapas diferentes– y se añaden enmiendas a cineasta, empresario, exvoto, gripe, hidratar y se incluyen las antes existentes teletransporte, teletransportación y texturizar.
Entre las acepciones de viejo cuño que ahora se incorporan al Diccionario, aparecen “ajo y agua”, alfombra mágica o roja, crème (de la crème), menta como poleo y una nueva definición para huésped significando un ser vivo que aloja a otro sin perjuicio para sí; y se registra una enmienda de poca monta para infeccioso e inmune. Se crece rol (papel, actoral), simbiosis (apoyo entre personas o entidades) y se adiciona un giro a “repudiar”, trátese de personas, situaciones, bienes, cónyuges (a ello remito desde la época romana). Asimismo, pierna o pulmón suman describiendo el esfuerzo que conlleva su uso (no tengo ‘pierna’, ‘pulmón’ para…) además que pulmón se admite como sinónimo de zona verde o dadora de oxígeno al planeta, verbigracia decir: Chapultepec es el pulmón de la Ciudad de México. El vocablo “social” entra como cierta actividad que se produce preponderantemente en convivencia (ser bebedor, fumador…).
Algún error a mi juicio, peccata minuta, fruslería, se comete al definir con la misma palabra que se intenta precisar a un vocablo como “directo, ta. …”: ‖ 4. [Enmienda de acepción]. f. Marcha de un vehículo que acopla directamente el eje motor al eje de la transmisión. Considero que emplear así de directa/directamente suena, por decir lo menos, cacofónico.
En el repertorio de palabras que se incorporan distingo antibiosis, alelopatía, autopregunta, biobanco, bioterrorismo, bocachancla, cubetera, comensalismo, crudivorismo (?), crudívoro, desratizador, disruptor, engelamiento, engelamente, etilómetro por alcohilimetro, eurofobia (ante todo hacia la UE), exoesqueleto, fotonoticia, mantícora, microteatro, milenial –ya no con ll, como algunos medios equívocamente han expresado apresurados– o narcolepsia, neolengua, como nuevo lenguaje cifrado para entendidos en determinada materia o área, ovulatorio, pagadiós (y simpa), pluscuamperfecto –lo excelso, inmejorable–, pregusto, prémium, preproducción, prerrogativa como priorizar, por jerarquizar prioridades, precedencias, pendientes; privilegio, así como ramésida (de Ramsés, los faraones), resignificación, rímel, rodenticida, ruedín (las rueditas de la bici de toda la vida), serraje, seléucida. Más vale tarde que nunca. Cierro con teleportar, truficultor y turismofobia.
Este año nos deja propuestas para denominar lo alusivo a los siglos, donde estamos cortos de expresiones ya que no solemos calificar a las centurias pasadas, en demasía. Ya había dieciochesco y decimonónico y nada más. Ahora, se apuesta por el “doscientos” para los 1200 y el mismo caso con novecentista y ochoscentista, si bien había el categórico y cadencioso decimonónico ya referido. Agregue cincuencentista relativo al siglo XVI y trecentista a los 1300, seicentista al 1600, setecentista al 1700. El siglo XXI parece que se queda sin apelativo por el momento.
Los tropiezos afloran al no castellanizar ciertas palabras y admitirlas como vienen, por mucho que se las califique de extranjerismos crudos o que “okey” esté muy compenetrado, afirma la RAE. Así, tenemos crowdfunding, drugstore, fixing (el tipo de cambio entre divisas), gif, hall, login (/loguin/), loguearse, mailing, outlet, piercing. Así sea una simple alusión a su etimología como smarthaphone, su penetración en el idioma no debiera ser óbice para seguir buscando castellanizaciones, lo que es probable que suceda en un 50/50, como bien sabemos.
Concluyo. Como cada año lo señalo, la nueva lista de incorporaciones al DLE me queda a deber “feminazi” y pareidolia. De la primera no se entienden las palabras de Elena Zamora, responsable del Instituto de Lexicografía (RAE), al decir que no se guardaron nada y que afrontan todo al llevarlo al Diccionario. Pues, ya le digo que no. Y la palabreja circula hace años y la usan propios y extraños, a favor y en contra. Así que no hay excusas para omitirla. Ya viene la nueva edición. Veremos.
Como colofón la Fundéu en su vigésimo aniversario nos indica que su palabra del año es “arancel”, reconociendo de mi parte que, en efecto, en manos equivocadas tal terminajo ha puesto al planeta entero de cabeza y lo que falta.
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