Suele decirse que «hasta San Antón, Pascuas son», pero yo las prolongo hasta que celebran la Navidad los armenios de Jerusalén. La antiquísima comunidad del primer reino en convertirse al cristianismo -año 301- celebra el Nacimiento del Salvador según el antiguo calendario juliano de modo que la fiesta del 6 de enero« juliano antiguo» suele celebrarse el 19 de enero gregoriano. Este lunes, pues, la Iglesia Apostólica Armenia bajo el Patriarcado de Jerusalén celebra la Fiesta de la Natividad y Teofanía y hay alegría en el Barrio Armenio de la ciudad tres veces santa así como en Belén, adonde los armenios peregrinan la víspera guiados por el Patriarca.
Puede que, de los cuatro barrios en que se divide la Ciudad Vieja, el armenio sea mi favorito. Me gusta su silencio y me gustan todavía más los coros de los monjes. Algo parecido me sucede con la sacristía armenia del Santo Sepulcro: la vista de la Anástasis desde lo alto es inolvidable. Los armenios han convivido con los romanos, los bizantinos, los árabes, los cruzados, los mamelucos, los otomanos, los británicos y los jordanos. Jamás han supuesto una amenaza para quien gobernase la ciudad. Minoría entre las minorías, su presencia testimonia no sólo la diversidad del Oriente Próximo, sino la historia viva de los cristianos en la ciudad.
Esa vida cristiana, que ni siquiera el Genocidio Armenio pudo truncar, hoy se encuentra amenazada por varias circunstancias inquietantes; por una parte, un litigio inmobiliario por un terreno - el llamado Jardín de las Vacas- que afecta a aproximadamente el 25% de la superficie del Barrio Armenio y lo fragmenta; por otra, una reclamación tributaria por parte del Ayuntamiento de la ciudad que supondría la quiebra de las finanzas del Patriarcado. A esto se suman episodios de hostigamiento por parte de extremistas judíos que escupen e insultan a los monjes. La controversia en torno al Jardín de las Vacas enfrenta a una empresa inmobiliaria israelí con el Patriarcado Armenio de Jerusalén a propósito de la validez o no de un contrato de arrendamiento suscrito en circunstancias dudosas y que podrían suponer su nulidad de pleno derecho. La reclamación tributaria versa acerca de los impuestos que se pretenden cobrar por inmuebles que pertenecen al Patriarcado, es decir, a la comunidad religiosa, pero cuyo uso no es estrictamente religioso. En el trasfondo de esta cuestión está el propio «status quo» de la Ciudad Vieja, que se remonta al tiempo de los otomanos y comprendía exenciones tributarias para distintas comunidades religiosas. El asunto del hostigamiento parece menor, pero es bastante grave: en el fondo, se trata nada menos que de una vulneración del derecho de libertad religiosa de una minoría.
Ya habrá tiempo para analizar estas circunstancias que enturbian el futuro del Barrio Armenio y, por ende, la vida cristiana armenia en Jerusalén. Hoy es un día de celebración que no ha de empañarse con la tristeza de esos peligros, sino con la esperanza que el Nacimiento representa. Son días de «khachkars», las estelas con cruces labradas en piedra que embellecen las iglesias y capillas armenias, como la de San Gregorio el Iluminador -llamada también de la Santa Cruz- en el Santo Sepulcro. Es tiempo de velas y aroma de incienso. Los armenios de Jerusalén, que lo han visto todo y lo recuerdan todo, celebran la Navidad y cantan «sharakans», himnos antiguos y estremecedores como «Khorhurd Khorin», que puede traducirse como «profundidad misteriosa» o «Gran misterio». Algunos de ellos los compuso Movses Khorenatsi (410-490), clérigo historiador que fue discípulo de Meshrob Mashtots (362-440) y escribió la «Historia de los armenios». En la gruta de Belén donde nació el Señor, los armenios de Jerusalén cantarán como hicieron los ángeles.
Feliz Navidad.