La reconocida narradora Cristina Fernández Cubas acaba de publicar un nuevo volumen de cuentos, Lo que no se ve, presentado en cubierta por una sugerente ilustración de Silja Goetz que, como todas con las que viene acompañando sus publicaciones en Tusquets, resulta muy sugerente, recordando en esta los espacios escénicos del pintor Giorgio de Chirico en que los silencios y sombras solitarias comparten el mismo espíritu de los cuentos. Aquí, desde una imagen en primer plano que sumerge inmediatamente en la primera de las narraciones.
Propone una estructura cíclica en que nada es, en realidad, lo que parece, y donde quedan veladas realidades; Cristina Fernández Cubas, como De Chirico o la ilustradora Goetz, pinta escenas, no las describe, no, las pinta hasta introducirnos en ellas; es en eso muy cinematográfica –con referencias cinéfilas constantes que llegan a protagonizar alguno de los cuentos– y pinta situaciones. ¿Acaso es eso posible? Léanla, y me contestan.
Voy a intentar explicar qué propone en sus narraciones, y lo hago con sus palabras en el último de este volumen (“Candela Viva”): «Un recuento. Porque eso era lo que había hecho. Analizar el pasado para entender el presente y poder así construir, en la medida de los posible, el futuro.» ¿Que no viene a cuento de lo que decimos? Fernández Cubas ordena pequeños hechos, pequeñas historias, y se las explica para que nosotros también las podamos entender. Por eso es tan importante la estructura cíclica. Porque la irrealidad que lo impregna todo es cambiante en el proceso, mientras quienes viven la situación que nos propone la sienten de una manera y nosotros la percibimos de otra; quizá la entendemos. Y sonreímos.
Son, las historias de Fernández Cubas, crueles, es decir, auténticas. De desmemorias, de falsas identidades, de identidades erróneas. Cambian de ámbito temporal, de entorno físico, pero siempre mantienen esas atmósferas de desasosiego que generan inquietud.
La transposición del cine a la vida en “Tu Joan, yo Bette” me ha encantado, porque me ha instalado en esa vida que viven y la he padecido con ellas. Las frases cortas, tantos puntos y seguidos, tantos conceptos sin más, «sólo fragmentos», dan mucha viveza a su escritura, que es limpia, clara y muy fluida.
“¿De qué se habla en las fiestas?” me ha parecido brutal, como las adolescencias. Porque hemos saltado de un par de viejas hermanas que llevan toda la vida juntas a dos adolescentes que no han compartido nada, en realidad. Pero no diré más. «La táctica frente a la estrategia: táctica es lo que se hace cuando hay algo que hacer; estrategia es lo que se hace cuando no hay nada que hacer.» Pero lo dicho: ahí me quedo. Me gusta ese no decir de Fernández Cubas.
“Momonio” salta a un grupo de estudiantes universitarios y su surgir a la vida, la real, la de fuera de las aulas. También en este me reconozco; yo también pasé por las aulas del instituto, yo también hice un primer grupo de amigos en la universidad...
“La hermana china” es brutal: paternidad, identidad, adopción, raíces, empoderamiento. Ahora se centra en la niñez. Es una «historia de celos y despecho». Una frase cíclica que abre y que cierra. Porque es lo que es. La historia. La interacción entre hermanas, los bloqueos, la superación. Y la claudicación. O no.
“Il Buco” es eso, una historia de un vacío, en esta ocasión en la edad adulta de un matrimonio, que, esta sí, acaba con final feliz. Desde el narrador en primera persona de lo que vive y cómo lo vive. Viajes, encuentros, reconocimientos, asunción de la realidad, y decisiones en las que la ilusión tiene un papel muy importante, todo a causa de «tortuosos senderos los del cerebro».
Y para el final, “Candela Viva”, en el que el sueño es protagonista. No es surreal, o quizá sí, porque está más allá de la realidad pero nos llena de certezas. «Una llama prendida en la ciudad. Una llama que se alimenta de sentimientos, recuerdos y emociones, ¿me entiende?».
Así que de ahí al recuento. Ese con el que empezábamos. «Analizar el pasado para entender el presente y poder así construir, en la medida de los posible, el futuro». Le deseamos un gran futuro a la gran cuentista que es Cristina Fernández Cubas.